Para: Rasputín y Lucía

Publicado: 06/03/2015 en Relatos de otra dimensión
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He detectado una señal poco usual de devoción idolátrica a un personaje muerto, de color naranja intenso. La cámara de éter captó con facilidad la escritura de la carta de un hombre hacia sus dos objetos de adoración: su fenecido maestro y su fenecido amor.

De: Alessandro
Para: Rasputín y Lucía

Gracias, Maestro.

Te agradezco haberme enseñado la magia y a amar el veneno como lo hiciste tú. Por esa historia te conocí: Rasputín, el amante de la reina rusa, el terror de aquellos que envenenaron tu vino y no te oyeron decir más que “me siento bien”.

Lo entendí perfectamente, ese apego y gusto sibarita hacia la muerte lenta. Es que morir lento es como llamar a la Santa Muerte y ofrecerte de a poquitos ante ella. Eso sirve y hace bien. Hace que pierdas miedos, te abre las puertas a placeres más allá del patético temor a no despertar.

Por ya no temer más a la muerte es que besé nuestro amor como nunca besé nada en este mundo. Besé tu epicentro con devoción, sin importar el antes, sin importarme mi vida o mi muerte, solo tu placer y tus caprichos. El veneno tenía olor a lavanda si venía de tus piernas, mi mamba negra albina, mi Lucía de pechos fantásticos, mi amor de domingos, el fosforito más bello de la caja.

Quiero decirte que puedo vivir sin ti, y sin venenos, pero prefiero no hacerlo. Porque una vez que la muerte cruza de a poquitos tu garganta ya no puedes beber lo mismo que los vivos. Tal vez el veneno de tu boca sí me mató, pero no me di cuenta porque de todas formas no hablo con los vivos.

Quiero tus labios de nuevo, Lucía, y tu boca también. Por un minuto más de tenerte como mi mejor corbata, me perdí a mi mismo.

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Y lo volvería a hacer, aunque sé que tú no.

Yo también sufrí, aunque lo merecía (porque yo era el que no debía estar contigo, en primer lugar).

Si te supiera moribunda, con las venas cortadas, te pediría que resistieras y me cortaría las mías con la misma navaja que tú. Para morir juntos. Para hacer el amor (y el odio) por siempre, en un gran charco de nuestras sangres mezcladas, mi color favorito, tu bebida preferida.

Ya no te amo, pero algo de mi aún tiene hambre y sed de ti, como cuando te pican las venas por una gota de heroína.

Ya no vuelvo a tu sur, los venenos no me gustan a distancia.

Adiós para siempre.

La carta nunca fue entregada a Lucía y terminó pudriéndose en un basurero (tal como el amor de Alessandro y Lucía).

¿Qué se sentirá idolatrar a alguien? ¿De dónde viene la pasión?

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Reportó para ustedes, el #21.


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