El precio del deseo

Publicado: 22/08/2015 en Azahar literario, Relatos sueltos
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Originalmente publicado en: AZAhAR literario

Donovan relato lesbos

Imagen por: Blacksmith Dragonheart

Génesis lleva tiempo mirándome mucho. Debo admitir que al inicio me incomodaba, pero ahora le he agarrado el gusto a esas miradas provocativas. Hay algo detrás de esos lentes que me intriga, pero no logro definirlo con exactitud. He intentado acercarme varias veces, luego de las clases de Administración de operaciones, pero siempre se va cinco minutos antes. La he seguido, y su rutina siempre es la misma: sale de clases, va al baño, se arregla un poco, sale de la facultad y se sube a un carro lujoso.

Quiero saber más, pero el aura de misterio que la cubre es casi tan grande como la inocencia pícara que proyecta. No sé si investigarla a profundidad o quedarme tranquila y buscar un entretenimiento más sano.

***

Simplemente no puedo dejar de pensar en ella. Me intriga, me enciende el solo hecho de verla coquetearme con los ojos y los labios. Tan solo verla caminar es un espectáculo, es tan hermosa. ¡Oh! Faltan diez minutos para que termine la clase. Saldré antes que ella y esperaré en el parqueadero de la facultad. Quiero saber quién la recoge todos los días, ¿estará casada?

Allí está el auto. Es una mujer y acaban de besarse. ¡Tiene novia! No me importa que la tenga. Siempre me ha gustado meterme con lo de otro, competir, ver con quien se queda una persona luego de que yo aparezca en su vida.

***

Lo he decidido, ¡quiero tenerla! ¡La quiero para mí! No descansaré hasta verla en mi cama y saciarme de ella. Hoy me siento a su lado en clase, la noto nerviosa. Se le cayó un bolígrafo, ¡es mi oportunidad!

—Toma, se te cayó —le digo mientras me inclino a recoger su bolígrafo y le miro las piernas.

—Gracias —me responde tímida.

—Me llamo Vanessa. Mucho gusto.

—Te conozco. Siempre te veo. También sé que me has seguido —me dice con su carita amable de siempre—. Pero no deberías acercarte a mí, Marcela es muy celosa.

—Marcela es tu novia, ¿verdad?

—Sí. Y ya es hora de irme —me dice apurada—. Cuídate, Vanessa.

Me parece extraña su actitud. Sus palabras me alejan, pero sus gestos me invitan a seguirla. No la entiendo para nada. Y el hecho de no entenderla me llama más hacia ella. ¿Cómo será la tal Marcela?

***

Cada vez somos más cercanas, pero solo dentro del salón de clases. Fuera de él no tenemos contacto, ni por teléfono. De hecho, Génesis ni siquiera tiene redes sociales. Ella me ha contado muchas cosas de su vida, como que lleva tres años con Marcela. También me ha contado que su novia ha sido muy buena con ella, que le paga la carrera, que la mantiene, que la apoyó en momentos críticos de su vida. La verdad veo muy difícil competir con eso. Pero Génesis tiene hambre de emociones, lo veo en sus ojos. Es muy tímida e inexperta comparada con otras chicas de su edad. Sé que le gusto, se le nota. Voy a aprovecharme de eso y de lo difícil que le está resultando la materia.

Hoy, por primera vez, he logrado separarla un poco de Marcela. He conseguido que le mienta para que salgamos juntas a mi casa y así poder estudiar para el examen final de Administración de operaciones. Al fin hoy podré verla fuera de clases. Estoy ansiosa por más contacto que el de tomarla de las manos y acariciarle las piernas.

***

—Se me hace muy difícil esto del PERT/CPM —me dice Génesis muy agobiada.

—Relájate. Ya vas a ver cómo entiendes luego de que descanses un poco —le digo mientras me paro detrás de ella—. Luego de un masaje todo estará bien.

—No me ofendo si me das uno —me dice mientras coloca su cabello hacia adelante, dejándome ver sus tersos hombros.

Sus hombros se sienten tan bien. No sé qué tiene esta mujer. El solo hecho de sentirla disfrutar del masaje me produce un calor extraño en el cuerpo, es la primera vez que me erizo sin que me toquen.

—Vanessa —me dice ella casi gimiendo.

— ¿Sí? —le digo sin bajar el ritmo del masaje

—Mi celular está vibrando.

—No contestes.

—Tú sabes que debo.

Génesis le está dando la dirección a Marcela para que venga a recogerla. No entiendo nada. Se supone que mintió para estar aquí.

— ¿Va a venir Marcela? —le pregunto algo nerviosa.

La novia de Génesis me da miedo. Siempre tan masculina y mal encarada, cargando ese extraño crucifijo invertido.

—Sí, va a venir —me dice Génesis sonriendo—. Descuida, no va a pasar nada.

— ¿No se supone que le mentiste para venir acá? —le digo sin entender qué sucede.

—Yo nunca le miento a Marcela. Así funciona nuestra relación.

— ¿Entonces por qué me mentiste?

—Porque quiero que Marcela te conozca.

***

Marcela acaba de llegar. La dejo pasar y casi ni me presta atención. Va directo a sentarse y a hablar con Génesis.

— ¿Cuál es la emergencia? —le dice Marcela a Génesis, algo enojada.

—Ella es la emergencia —Génesis me señala.

—Entiendo. ¿Te gusta mucho ella? —responde Marcela, en un tono más comprensivo.

—Sí, mucho —Génesis me mira mientras habla con su novia, yo no entiendo nada.

Marcela se levanta y se acerca a mí.

—Mucho gusto, soy Marcela. ¿Tienes alguna habitación donde pueda conversar a solas con mi novia? —me dice muy educadamente, aunque su voz no deja de ser autoritaria.

—Pueden conversar tranquilas, iré a la cocina a preparar bebidas para ustedes —viendo la sonrisa de Génesis creo que empiezo a entender qué es lo que sucede. ¡Creo que se me hizo!

—Muchas gracias —me dicen Génesis y Marcela al unísono.

Mientras preparo tres Cosmopolitan trato de escuchar la conversación que ocurre en mi sala, pero hablan demasiado bajo. Estoy casi segura de que me propondrán un trío. Yo no tengo problema con eso, Marcela no está tan mal. Y, con tal de poder tocar a Génesis, ya nada me importa. Es increíble lo lejos que estaría dispuesta a llegar con tal de librarme de este deseo que me consume.

— ¿Se puede? —digo con el charol de las bebidas en mis manos.

—Claro, ven. Queremos conversar algo contigo —me dice Génesis, tan dulce como siempre.

—Vamos sin rodeos y al grano —me dice Marcela—. A ti te gusta mi novia, ¿verdad?

—No sé qué decirte —dije yo, fingiendo pudor.

—Sé sincera, yo ya le dije que me gustas —me dice Génesis, mordiéndose los labios.

Siento un poco de recelo por la presencia de Marcela. Ella infunde un aura de respeto, de rudeza. Pero estoy decidida.

—Sí, Génesis me encanta.

—Perfecto. Eso facilita las cosas —dice Marcela, complacida.

—No entiendo el rumbo de esta conversación —digo sincera.

—Verás, mi relación con Génesis se basa en un contrato muy estricto. Y, para no dar tantas vueltas en el asunto, ella puede acostarse con quien quiera, pero siempre bajo mi supervisión —Marcela parece repetir ese discurso casi de memoria. ¿Cuántas veces lo habrá dicho?

— ¿Nos observarás mientras lo hacemos? —digo yo, un poco sorprendida—. Esto es nuevo para mí.

—Sí —dice Génesis, con una gran sonrisa de satisfacción.

—También hay otra condición —dice Marcela, mientras me examina lujuriosamente con la mirada—. Antes de probar a mi novia, yo debo probarte a ti. Si aceptas, puedes cumplir tu fantasía con Génesis. Si no, no pasa nada. Esto aplicará para cada encuentro.

Pasan demasiadas cosas en mi cabeza. Esta situación es tan extraña, tan excitante. No sé bien qué responder. Pero si no lo hago ahora, siento que jamás tendré otra oportunidad con Génesis. Marcela no parece ser de las personas que preguntan dos veces.

—Acepto —digo, confundida y excitada.

—Empezaremos cuando ustedes decidan —dice Marcela.

***

Ha pasado mucho tiempo desde que acepté aquel trato infame. Estoy harta de que Marcela me toque. Me siento tan sucia luego de que ella me usa. Pero no me puedo quitar a Génesis de la cabeza. La quiero para mí, solo para mí. Y sé que no lo lograré. Si me salgo del trato, jamás volveré a sentirla. Y sé que no podré vivir sin eso.


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comentarios
  1. muy bueno parece que no le costo mucho pero tiene que tolerar algo que a ella no le gusta, la atracción a veces trae consecuencias, y cuando quieres entrar en el juego existen reglas que tienes que cumplir

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