Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

Aquel alquimista ya había comprendido la miseria que existe en el mundo. Había aprendido el verdadero valor de las cosas, y a proteger aquellas que amaba: incluso pagando con su propia sangre.

En el proceso, el alquimista tuvo que replicar el núcleo de su alma, a costa de un sufrimiento inimaginable. Colocó la copia en el centro de una piedra y la alimentó con ánima. Sintió, al fin, la dicha de haber completado la gran obra. Pero algo no marchaba bien.

Piedra filosofal, piedra roja, ¿afectas la realidad? —preguntó el alquimista, llorando de decepción al ver que la piedra que construyó no reaccionaba.

—La respuesta es sí —dijo la piedra.

El alquimista sonrió. Lo había conseguido. ¡Había creado el más poderoso de los objetos vivientes!


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comentarios
  1. […] viajes astrales, estaba el de la fabricación de un amplificador alquímico conocido como la piedra filosofal. La construcción de dicho objeto requiere de un conocimiento amplio sobre el núcleo del alma […]

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