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Editorial SALTO AL REVERSO

En Editorial Salto al reverso hemos estado trabajando en la edición del libro «Cómo enseñar a leer a tu bebé» de las autoras Carla Paola Reyes y Mayté Guzmán.

Este nuevo lanzamiento es un libro interactivo en el cual las autoras ponen a su disposición un sencillo método para enseñar a leer a los más pequeños de forma lúdica y amena.

El libro estará disponible a la venta en versión de tapa dura (hardcover), tapa blanda (paperback) y Kindle a través de Amazon.

Los invitamos a la presentación del libro vía Facebook Live este sábado 25 de septiembre de 2021, con la participación de Donovan Rocester, coeditor de Salto al reverso, como moderador.


Presentación oficial

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Editorial Salto al reverso
facebook.com/saltoalreverso

12:00 PM – Ciudad de México
7:00 PM – Madrid

2021-09-25T12:00:00

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Presentación de «Cómo enseñar a leer a…

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Originalmente publicado: Blog de Salto al reverso

«Unborn baby cave» por Daveysudan (CC0)

En La isla de Orión existía un soldado de las Tropas de la muerte que gustaba mucho de una sirvienta. Luego de cierto suceso, en el que la protegió del ataque de un par de soldados que pretendía abusar de ella, el soldado logró captar la atención de la mujer y enamorarla. Con el tiempo, la sirvienta quedó embarazada del soldado. Ningún miembro de las tropas tenía permitido ejercer la paternidad, solo los hombres del campo. Lo único que pudo hacer por la sirvienta, antes de abandonarla, fue usar un poderoso ritual sobre ella. El ritual provocaba que su útero saliera de su cuerpo para quedar oculto en una pequeña cueva. El útero quedaba conectado a ella por un ingenioso mecanismo de mahou, donde el intercambio sanguíneo entre madre e hijo ocurría con normalidad; como si la sangre fluyera a distancia a través de hilos invisibles.

Haciendo eso, logró parir a su primer hijo, al que puso por nombre Dimitri. Inmediatamente la sirvienta, usando mahou, dirigió al niño al centro de crianza más cercano. Allí fue educado hasta los trece años y se le obligó a construir su talismán de la muerte. Luego de la creación de su talismán, Dimitri quedó en coma durante unos meses. En cuanto despertó, de inmediato se lo reincorporó al programa de crianza para la etapa final. Allí le realizaron pruebas que definieron su destino dentro de la Isla de Orión. Fue considerado apto para participar en el entrenamiento inicial de las Tropas de la muerte.

***

Luego de años de entrenamiento en lucha cuerpo a cuerpo, habilidades vudú y mahou, Dimitri logró pasar las pruebas finales que lo calificaban como un miembro oficial de las Tropas de la muerte. Se le asignó una cantimplora prisión y un Ave del terror. Ejerció sus labores como soldado durante años con total normalidad, hasta que tuvo un extraño sueño. Un sueño recurrente.

—Dimitri, no me conoces —decía una voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

Dimitri se despertaba sudando frío cada vez que tenía esa pesadilla. Sin embargo, un día decidió realizar un ritual de vudú que le permitía acceder a sus sueños. Todo esto con el objetivo de confrontar la voz que lo atormentaba.

—Dimitri, no me conoces —decía la misma voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

—¿Cómo puedo ayudarte, mujer? —respondió Dimitri, dentro de su propio sueño.

—¿Puedes oírme? —la mujer dejó de llorar debido a la sorpresa, luego sonrió.

—¿De verdad eres mi madre? —preguntó un escéptico Dimitri.

—Llevo años intentando hallarte con un ritual de ubicación, hasta que logré contactarte en tus sueños —dijo una preocupada mujer—. Te explicaré todo con detalle.

La mujer envió una serie de visiones que le explicaron a Dimitri que, como sirvienta que era, no podía salir de la base central de las Tropas de la muerte y que necesitaba su ayuda. Le mostró la localización de la cueva que contenía su útero y le pidió que sacara a su medio hermana de allí.

—Dimitri, como varón que eres, podrías trabajar en los campos o ser soldado —dijo su madre—. Pero ella, siendo hembra, solo puede ser sirvienta o concubina.

—¿Y qué puedo hacer por ella? —respondió Dimitri, intentando brindar un genuino favor a su recién conocida madre.

—¡Sálvala del abuso! ¡Ocúltala, por favor! —gritó en ruego la atribulada madre—. Estoy muy vieja para parir. Luego del parto, de seguro moriré. ¡Ayúdame, hijo!

Dimitri quedó abrumado ante tal petición. Pero, sabiendo que a su madre le debió costar mucho tiempo y esfuerzo localizarlo para mantener esa única conversación telepática, aceptó ayudarla. Después de todo siempre tuvo el deseo de conocer a su madre y se sentía en deuda con ella por no haberse deshecho de él antes de nacer.

Llegó a la cueva donde estaba el útero de su madre y, tal como ella le indicó en las visiones, usó un cuchillo para sacar a la niña de allí y guardarla dentro de su cantimplora prisión para esconderla del sistema opresivo de la Constelación de Orión. También le dejó instrucciones para usar un ritual que convertiría los restos de su útero en una pequeña habitación dentro de la cantimplora, con el fin de ocultar la presencia de la niña y de protegerla de los efectos dañinos de la cantimplora prisión.

***

Dimitri tenía por costumbre robar a los demás soldados cualquier cosa que pudiera serle de utilidad, así fue como logró robar un reloj de inmenso valor. Cierto día, escuchó a unos soldados hablando sobre algo que enterraron en cierto lugar. Usando sus poderes de telepatía logró obtener información directamente de sus mentes, pudiendo llegar de manera muy sencilla a la ubicación de un supuesto tesoro.

Al llegar al punto en cuestión se dio cuenta de que los soldados no exageraban, efectivamente habían enterrado algo de mucho valor. Usando su poder de psicometría, llegó a la conclusión de que se trataba de un genuino amuleto alquímico que perteneció a algún desafortunado Caballero Rosacruz que intentó entrar a la Isla de Orión desde arriba. La barrera anuló el manto de aura que le permitía volar, provocando que su cuerpo se impactara contra el suelo y muriera. Como parte de su uniforme, los Caballeros rosacruces tenían un amuleto con el símbolo de su orden. Este amuleto especial contenía mucha información acumulada, a la que los alquimistas podían acceder para mejorar sus conocimientos tanto del mundo como de la alquimia.

Al ser un practicante de vudú y al tener su núcleo del alma separado de su cuerpo dentro de su talismán de la muerte, era imposible para Dimitri practicar la alquimia. Sin embargo, enseguida pensó que su hermana, al no haber sido obligada a crear un talismán de la muerte, podría aprender al menos las bases de la alquimia con los conocimientos teóricos que Dimitri adquirió en la milicia con respecto al núcleo del alma. Pero en lugar de entrenar a su hermana, Lucca, para separar el núcleo de su alma y encerrarlo en un objeto; este se centraría en ayudarla a descubrir por sí misma cómo sacar provecho de ese núcleo y generar, al menos, un mínimo de aura que permitiera activar el amuleto alquímico y así poder entrenar adecuadamente con la información contenida en él.

***

Eventualmente, Lucca consiguió usar las nociones que Dimitri le enseñó y, con mucho esfuerzo y dedicación, usó años de su encierro obligado para entrenar hasta el punto en que logró volverse consciente del núcleo de su alma. Como premio por sus logros, Dimitri tenía la costumbre de sacarla a pasear con mucha precaución muy cerca de la barrera. Siempre vigilando que ningún soldado la viera. Dado que, si era descubierta, sería abusada por las Tropas de la muerte y obligada a vivir como sirvienta o concubina sin que Dimitri pudiera hacer nada al respecto.

Luego de mucho entrenamiento, la brillante muchacha logró activar el amuleto usando un pulso de aura. Dimitri la llevó a celebrar cerca de la barrera y Lucca aprovechó para hablar con él.

—Hermano, ¿no quisieras dejar de ser soldado? —preguntó Lucca.

—Sabes que en esta maldita isla es imposible dejar la profesión que te asignan. Tú, que eres la más libre aquí, vives encerrada en una cantimplora —protestó Dimitri—. ¡Ya deja de soñar y termina de estirar las piernas!

—¿Sabes? Quisiera poder ver el sol más seguido —dijo Lucca mirando al cielo—. Y quiero que sonrías, que seamos libres y tengamos una larga vida.

—¡Tú solo dices disparates! —refunfuñó un amargado Dimitri.

—¡Escapemos! —sugirió Lucca.

Dimitri respiró y se armó de paciencia con su hermana. Recargó algo de sed de sangre en su mano y disparó una bola de energía oscura a la barrera. Esta anuló por completo el disparo y lo deshizo.

— ¿Ves? ¡Es imposible! —gritó Dimitri—. La barrera anula todo intento por impactarla . Y si la tocas, ¡mueres instantáneamente!

—¿Es que no lo ves? —respondió Lucca, con una seriedad que no era propia de ella—. Estoy aprendiendo alquimia.

— ¡Explícate! —exigió un intrigado Dimitri.

—En cuanto logré abrir el amuleto, vi que los alquimistas tienen muchas técnicas interesantes —dijo Lucca, con los ojos iluminados por una genuina pasión por el conocimiento—. La técnica de teletransportación podría ayudarnos a traspasar la barrera sin siquiera tocarla.

— ¿De qué demonios hablas? ¡Eso es imposible! —protestó Dimitri—. Pasar por una pared, sin siquiera tocarla, es algo absurdo.

—La alquimia es muy diferente al vudú, hermano. Funciona con principios totalmente diferentes —dijo Lucca mirando a su hermano fijamente—. Los alquimistas lo llaman física cuántica, quiero aprender todo sobre ella para que podamos escapar.

Dimitri jamás había visto unos ojos así, con un brillo azul intenso que lo convenció de que Lucca hablaba en serio y que realmente ella podría estar en lo correcto. Que tal vez sí existía la posibilidad de escapar de la Isla de Orión.

«Skull of the terror bird Paraphysornis brasiliensis», CC0.

La isla de Orión, donde residen los tres Señores de la guerra que sobrevivieron a la Noche de las piedras blancas, es un lugar anacrónico que recrea fielmente la opresión y abusos a los que estuvo sometido el mundo entero hasta que los Caballeros rosacruces casi erradicaron la práctica del vudú. Aquella isla quedó prácticamente separada del mundo debido a que muchos Señores de la guerra, que se oponían a La constelación de Orión, se inmolaron en un ritual suicida que colocaría una barrera perenne de mahou, que repelía violentamente tanto el aura como la sed de sangre, junto a una poderosa maldición que provocaba que nadie pudiera salir con vida de la isla. Irónicamente, la barrera también impidió que el ejército de alquimistas pudiera acabar con los practicantes de vudú que allí quedaban.

La constelación de orión, la organización que gobernaba la isla, estaba dividida en tres grados jerárquicos. Los brazos y piernas eran los cuatro generales que comandaban a las Tropas de la muerte. El cinturón de orión eran los tres guardias reales. Y los Tres reyes eran los últimos Señores de la guerra.

Los miembros de La constelación de Orión descubrieron una forma de mantener su juventud durante siglos utilizando rituales cuyos ingredientes eran los habitantes de la isla que estaban brutalmente sometidos por las Tropas de la muerte. Éstas recorren toda la isla montando espectros de batalla conocidos como las Aves del terror, que tienen un gran poder físico y escasa inteligencia. A causa de dichos espectros, creados por Los brazos y piernas, la población quedó a merced de la ley de los Tres reyes.

Los habitantes eran obligados a construir sus talismanes de la muerte a los trece años de edad, provocando deliberadamente que todos en la Isla de Orión practicaran el vudú. Los varones más fuertes eran obligados a unirse a las tropas y los demás eran enviados como esclavos a los campos agropecuarios. Las mujeres, en cambio, eran obligadas a trabajar como sirvientas o concubinas de los miembros de las Tropas de la muerte. Las concubinas eran obligadas a concebir para mantener el suministro constante y numeroso de sacrificios humanos requeridos para el ritual que mantenía la vida y juventud de La constelación de Orión. La población era oprimida por las tropas que saqueaban, violaban y asesinaban a su antojo y de forma impune. Esto era permitido por Los tres reyes en un intento por “limpiar con sangre” la isla para, eventualmente, tener alguna oportunidad de deshacer tanto la barrera como la maldición que los mantenía aislados del resto del mundo.

***

Dentro de la isla nació un niño de salud muy delicada que, al crecer, no fue considerado apto para servir en las tropas y fue enviado a los campos agropecuarios como esclavo. Un día, cuando iba al campo de trabajo, vio como un soldado usaba su Ave del terror para asesinar al padre que el sistema de crianza le había asignado. El muchacho, fortalecido con la sed de sangre otorgada por la ira, se subió a un árbol cercano y se escondió con un cuchillo. Cuando el soldado pasó debajo de él, le saltó encima y logró apuñalarlo en la nuca. El Ave del terror murió asfixiada por un rápido conjuro lanzado por el furioso muchacho, que remató a su enemigo y le robó lo que pudo. Para evitar represalias de las Tropas de la muerte, huyó y se escondió en una red de cuevas. Allí se dedicó a experimentar con el cadáver del soldado y el de su Ave del terror.

Luego de mucho entrenamiento, logró la fuerza y habilidad para someter a sus víctimas sin matarlas. Gracias a esto logró hacer experimentos humanos que le permitieron aumentar aún más su poder y comprensión de las artes del vudú. Además, era muy cauteloso. Todos sus ataques estaban orquestados de forma sistemática, dejando pasar unos cuantos años entre ellos para no levantar sospechas. De esa forma, logró pasar desapercibido durante décadas en las que realizó innumerables experimentos con los cadáveres y los cuerpos con vida de los soldados que mantenía secuestrados. Gracias a sus estudios, desarrolló un ritual de vudú muy poderoso con el que modificó el interior de su cuerpo.

Usando este ritual, logró suicidarse y colocar varios de sus órganos en la red de tráfico de la isla. Esta actividad le permitía a las tropas tener cierto contacto con el mundo exterior y se lograba gracias a las reglas de la maldición que cercaba la isla. Dado que nadie vivo podía salir de la isla, los órganos eran colocados en contenedores que rodaban hacia afuera. Debido a que se trataba de simples contenedores, podían pasar a través de la maldición y la barrera sin recibir daño alguno. Además, dado que las restricciones de la maldición aplicaban solo para lo que sale de la isla, se podía ingresar todo tipo de contrabando. Los traficantes del exterior, como pago por los órganos que recibían, entregaban esclavos y drogas a Las tropas de la muerte.

***

El poderoso ritual le permitía a su ejecutor mantener su esencia dentro de sus órganos, para luego infestar con sus células el cuerpo de quien recibiera el trasplante hasta convertirlo en un clon suyo. Eventualmente, varios de sus órganos fueron trasplantados a otras personas. Los órganos modificados lograron invadir, dominar y alterar los cuerpos de sus víctimas. Hasta que, finalmente, llegaron a convertirse en una red de clones conectados telepáticamente. Haciendo esto, aquel practicante de vudú se convirtió en el primero en escapar de la Isla de Orión.

Repitiendo el proceso de suicidarse y traficar sus órganos, este practicante logró añadir una gran cantidad de clones a su red. Luego, los envió a recorrer el mundo para infiltrarse en las actividades de la mafia hasta que, eventualmente se apoderó de todas ellas. Así llegó a ser conocido como el Dueño del mundo, aquel que llegó a controlar los hilos de toda actividad delictiva en el planeta.

***

Con el tiempo, llegó a enterarse que su status como Dueño del mundo le permitía contactar con ciertas entidades para acceder a un antiguo ritual conocido como Sumisión por codicia. Este ritual consistía en la entrega voluntaria de todos los habitantes del planeta por parte del ser más influyente del mismo. Luego, se coloca un mecanismo dentro del alma de los afectados, lo que permite interconectarlos en una red que drena parte de la energía de sus núcleos y la redirige hacia un objeto de vital importancia para la raza de seres interdimensionales conocida como Los limitantes. Estos entregan al dueño de cada mundo que se somete, un conjunto de 666 semillas de la codicia. Para lograrlo, el Dueño del mundo implementó un sistema conocido como Los juegos de las semillas, donde las repartió al azar alrededor del mundo. Luego, organizó a los practicantes de vudú que aún quedaban y los colocó en puestos de alta importancia dentro de la mafia mundial.

Con el tiempo, organizó clanes conocidos como Familias. Que tenían la misión de entregarle jóvenes practicantes de vudú para participar en los juegos y matarse por las semillas, manchándolas de sangre en el proceso. El acto de manchar de sangre una semilla de la codicia es lo que le permite activar su poder amplificador del vudú. El plan del dueño del mundo es apoderarse de todas las semillas activadas para así alargar la vida y resistencia de cada uno de sus 666 cuerpos.

«Human skull and knife», CC0

Cierto día, un anciano practicante de vudú decidió que era tiempo de heredarle a su hijo el mahou que había pasado de generación en generación dentro de su familia. Esperaba lograr, como todas las Nobles familias oscuras, volver a su hijo lo suficientemente hábil en el arte del vudú como para superar Los juegos de las semillas y llegar a formar parte de las Diez plagas.

Las Diez plagas constituían el grupo de operaciones especiales del Dueño del mundo, un practicante de vudú que había sobrevivido a la Guerra de las lanzas y las lancetas, y que terminó por dominar y reorganizar todas las mafias que aún quedaban en el mundo. El Dueño del mundo, para esconder la presencia de sus múltiples cuerpos, dividía la información sobre su ubicación en diez fragmentos que debían ser introducidos en el talismán de la muerte de los practicantes de vudú más hábiles y jóvenes que pudiera encontrar. Si el practicante sobrevivía al ritual de iniciación, recibía dicho fragmento con cierta porción de la sed de sangre del Dueño del mundo. Este, a cambio, recibía la capacidad de no poder ser localizado mediante vudú o alquimia.

El hijo del anciano practicante de vudú, conocido como el Quebrantahuesos, decidió huir de su casa una vez que se enteró de lo que su padre planeaba hacer con él. Usó sus conocimientos de vudú para dejar un objeto impregnado con su sed de sangre y así engañar a su padre, haciéndole creer que aún estaba en casa mientras escapaba. Este hábil movimiento por parte del muchacho logró despistar al Quebrantahuesos y le permitió llegar a Ciudad capital para esconderse y vivir lejos de las obligaciones y torturas propias de las Nobles familias oscuras.

Pasaron muchos años desde su huida y el hijo del Quebrantahuesos dejó de esconderse dentro de la ciudad y decidió empezar una nueva vida. Durante el tiempo que estuvo oculto, se dedicó al desarrollo e implementación de un ritual para deshacer su talismán de la muerte y devolver el núcleo de su alma de nuevo al interior de su cuerpo, renunciando así a la práctica del vudú. Posteriormente conoció a una joven mujer de la que se enamoró y con la que llegó a establecer un hogar. Los años siguieron pasando y no había rastros del Quebrantahuesos. La joven pareja, confiada por el paso de los años, decidió tener un hijo.

***

El niño creció feliz y saludable dentro de la ciudad. Era su cumpleaños número cinco y sus padres lo celebraban con mucha alegría. Sin embargo, la búsqueda del Quebrantahuesos por un sucesor no había terminado. Y, en contra de todo pronóstico, el Quebrantahuesos traspasó todas las medidas de seguridad de Ciudad capital con el objetivo de visitar a su hijo una vez más.

Cuando llegó a casa de su hijo, decidió observarlo por un rato. Asqueado, se dio cuenta que él había decidido llevar la vida de una persona normal y que ya no se podía percibir sed de sangre por parte de él. Rápidamente, el Quebrantahuesos concluyó que su hijo había deshecho su talismán de la muerte y que esa era la razón por la que le costó tanto tiempo y trabajo encontrarlo.

Furioso ante aquella afrenta contra el honor de su familia, el anciano Quebrantahuesos decidió entrar a la casa. A diferencia de muchos practicantes de vudú, que manejan un repertorio considerable de técnicas, el Quebrantahuesos solo conocía el mahou familiar, que consistía en un conjuro que usaba la sed de sangre para otorgarle habilidades telequinéticas avanzadas a aquel que lo dominara. Sin embargo, dicha telequinesis estaba limitada exclusivamente a huesos u objetos construidos con dicho material.

El Quebrantahuesos había adquirido un dominio absoluto de su técnica. Se paró frente a la puerta y recitó rápidamente su conjuro de forma casi inaudible. Cuando completó el conjuro, se quitó sus prendas de vestir superiores. Usando un cuchillo se hizo un largo corte en su costado izquierdo, metió su mano dentro de la herida y se arrancó una costilla sin ninguna muestra aparente de dolor. Luego, sostuvo la costilla con sus manos, la hizo levitar frente a él y la quebró en decenas de pedazos puntiagudos de hueso. Finalmente, usó su telequinesis para disparar esos proyectiles contra el seguro de la puerta, haciendo que esta se abriera.

—Hijo, ¡cuánto tiempo sin vernos! —dijo el Quebrantahuesos, sonriendo de forma macabra.

El hijo del Quebrantahuesos no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Sabía que su padre no estaría muerto pese a su edad, pero nunca pensó que este pudiera encontrarlo luego de deshacer su talismán de la muerte. Asustado, decidió hacer frente a su padre con el objetivo de ganar tiempo para que su esposa e hijo tuvieran oportunidad de huir.

—¡Viejo! ¿Qué… qué haces… aquí? —dijo el muchacho, tartamudeando del miedo.

—¡Tonto! ¿Te crees indetectable por no tener un talismán de la muerte? —respondió su padre—. Cuando recuperaste el núcleo de tu alma, como cualquier otro ser viviente, empezaste a dejar un rastro involuntario de ánima.

—¡P… pero la ci… ciudad! —el muchacho estaba aterrado de ver que su plan de escape había fallado—. ¡La ciudad tiene una cubierta que impide la salida de energía y la recicla!

—Definitivamente debí entrenarte mejor —dijo el Quebrantahuesos, haciendo un gesto de decepción—. Basta un conjuro de rastreo, y estar lo suficientemente cerca, como para detectarte. Pero no, no lo hice, tengo un método más sencillo.

El Quebrantahuesos se sacó algo del bolsillo y lo mostró a su hijo. Era un trozo de hueso que había extraído de su hijo cuando este era muy pequeño.

—Este pequeño hueso tuyo te delató, funciona como brújula, siempre apuntará a tu dirección —el Quebrantahuesos sonreía de una forma oscura—. Bastó buscarte de pueblo en pueblo hasta que, eventualmente, estuve cerca de ciudad capital y el hueso delató tu ubicación.

El muchacho sabía que no tenía oportunidad si luchaba contra su padre; y menos ahora que ya no contaba con sus habilidades vudú. Así que, creyendo haber despistado al anciano, decidió sacrificarse para que su esposa e hijo tuvieran aún más tiempo para alejarse del lugar.

—¿Vienes para que ocupe tu lugar entre las Diez plagas? —dijo el muchacho, esperando que su padre simplemente se lo llevara de allí.

—¡Idiota! —gritó furioso el Quebrantahuesos mientras levantaba una mano y hacía el gesto de atraer algo.

—¡No puede ser! ¡Basta ya, por favor!—el muchacho gritó desesperado.

Su esposa e hijo levitaban en medio de la sala. No podían mover ni brazos ni piernas, tampoco hablar. Parecía que la fuerza de cadenas invisibles restringía sus movimientos. El Quebrantahuesos había aplicado su mahou en ellos desde el principio, ejerciendo presión para que los brazos, piernas y mandíbulas se atrajeran entre sí impidiendo la movilidad de las víctimas.

—¿Estás listo, muchacho? —dijo el anciano, mientras con una mano sostenía a sus víctimas en el aire y con la otra sacaba su cuchillo.

—Sí, padre. Iré contigo— dijo el resignado muchacho.

—¡No te hablaba a ti, inútil! —dijo el Quebrantahuesos, mientras se hacía otro corte en el costado y se sacaba otra costilla.

El muchacho no entendía, pero tampoco tuvo tiempo de pensarlo mucho. El anciano, sin necesidad de gesto alguno, rompió ambas piernas a su hijo que cayó al suelo y empezó gritar agónicamente.

—Le hablo a mi nieto, creo que contigo cometí muchos errores —dijo el Quebrantahuesos terminando de extraer su costilla—. ¡Tal vez con él sea diferente! Después de todo tenemos la misma sangre.

—¡B… basta! ¡Te dije que iría c… contigo, déjalo en p… paz! —gritó el muchacho mientras se arrastraba con los brazos hasta llegar a los pies de su padre.

El Quebrantahuesos se enfureció ante la supuesta insolencia de su hijo, por lo que decidió romperle los brazos también. Luego usó su telequinesis para colocar al niño contra el techo y dejarlo como espectador de lo que iba a hacer.

—¡Estoy harto de tu insolencia, te haré pagar el precio por renunciar al vudú!

Dicho esto, el anciano levantó ambos brazos y, con su telequinesis, tomó de la garganta tanto a su hijo como a su esposa y los empujó contra una pared para ahorcarlos. El niño lloraba e intentaba gritar al ver lo que pasaba, pero su mandíbula seguía bajo el efecto del mahou. Finalmente, el anciano cerró los puños y, con ese gesto, las costillas de sus víctimas se incrustaron en sus cuerpos perforando varios órganos, provocando una terrible tortura a la pareja mientras el niño lloraba desesperado y sin poder gritar o moverse.

—¿No quieres que sufran, niño?—dijo el quebrantahuesos dirigiendo una mirada fría hacia su nieto.

El niño intentó hacer un gesto de negación con la cabeza.

—Está bien, niño. ¡Cumpliré tu deseo! —dijo el Quebrantahuesos, mientras remataba a la pareja atravesando sus cuerpos con los proyectiles hechos de la segunda costilla que se extrajo.

El anciano bajó al niño del techo y se lo llevó para entrenarlo en lugar de su padre. Luego, desapareció del lugar sin dejar rastro.

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