Archivos de la categoría ‘Blog Salto al reverso’

Originalmente publicado: Blog Salto al reverso

A Serenella Rivera

Ni siquiera lloras con tu rostro.

Te piensas con los rostros de otros,

con gestos ajenos y de monstruos.

 

Solo quiero sentir ese abrazo

de tus brazos lejanos, sin tiempo,

que ahora son tan solo ceniza.

 

Lejos, allá en el mar,

flota alguno de tus átomos.

Dispersos, grises e infinitos.

 

Si el fuego te descompuso,

como alquimista teorizo

que el agua te reconstruirá.

 

Y si el agua no te da forma,

al menos abrazaré tu silueta,

o tu alma, usando la sal del mar.

Originalmente publicado: Blog Salto al reverso

«Mudanza», por Donovan Rocester

«Cuando la guerra termine,
¿qué será de los caballos lisiados,
de los carros rotos
y de los soldados muertos?».
Cleopatra, la alquimista

I

Suena en mi mente

la estrofa recurrente

de la misma canción.

 

«Hace frío

y estoy lejos de casa.

Hace tiempo

que estoy sentado…

 

…sobre esta piedra.

Yo me pregunto:

¿para qué sirven las guerras?».

 

II

Suena en mi mente

la pregunta recurrente

cuestionando qué soy.

 

Soy mis sueños.

Soy mis canciones.

Soy mis temores.

 

Soy mis marcas.

Soy mi tristeza.

Soy mi fortaleza.

 

III

Suena en mi mente

el eco recurrente

de mis inquietudes.

 

Soy mis caídas.

Soy mis heridas.

Soy mis partidas.

 

Soy lo que extraño.

Soy lo que llamo.

Soy lo que amo.

 

IV

Suena en mi mente

el llamado recurrente

de la vida en la maleta.

 

Soy mis flaquezas.

Soy mis rarezas.

Soy mi procedencia.

 

Soy lo que llevo.

Soy lo que dejo.

Soy lo que suelto.

.

.

.

La claridad de mi ser…

…es una noche fría…

…y el frío me da consuelo…

Originalmente publicado en: Salto al reverso

«Soldados desechables», por Blacksmith Dragonheart.

Cierto día, se decidió que los seres humanos no podrían ser obligados a pelear en una guerra. Esta ley, que se volvió prácticamente mundial, llevó a los gobernantes a replantear sus estrategias bélicas. Cada país empezó a crear laboratorios de cría selectiva utilizando úteros artificiales para producir suficientes ejemplares como para reemplazar a sus soldados humanos con soldados quimera. Un soldado quimera consistía en un ser que tenía, en parte, el mismo genoma humano. Sin embargo, para potenciar ciertas habilidades y sentidos, se utilizó ingeniería genética avanzada para retirar secuencias del ADN humano y cambiarlas por codificación genética de diferentes animales. Esto les otorgó habilidades únicas, dependiendo de la combinación de genes que se utilizara.

Los soldados quimera pelearon muchas guerras en lugar de los ejércitos humanos, que dedicaban cada vez más tiempo y recursos a seguir fabricando úteros artificiales e instalaciones de entrenamiento. Otra característica, muy deseable entre los soldados quimera, era que maduraban el doble de rápido que una persona promedio, por lo que crecían y envejecían más rápido. De esa manera sus entrenamientos demorarían menos, y siempre se tendría un lote preparado para cualquier enfrentamiento contra la milicia.

Los soldados quimera fueron creados para ser sumisos y obedecer a su figura de autoridad. Además, contaban con modificaciones robóticas en sus cuerpos para poder controlarlos de forma remota y matar a los soldados que no obedecieran las órdenes o presentaran cualquier manifestación de pensamiento individual. Llegado el momento, los soldados quimera pelearían la cuarta guerra mundial en lugar de los seres humanos no modificados. Para ese entonces, cada nación en guerra aceleró la producción de soldados quimera para mantener alto el conteo de combatientes y mejorar sus posibilidades de ganar el conflicto junto a sus aliados.

Los soldados quimera resultaron muy eficientes en sus labores y el conflicto terminó luego de muchas sangrientas batallas de las que los humanos sin modificar estaban muy orgullosos, argumentando que habían logrado “civilizar la guerra” para que ninguna persona sufriera por ella. Pese a eso, muchos movimientos sociales empezaron a cuestionar el trato que se le daba a los soldados quimera, que carecían de derechos humanos puesto que sus creadores argumentaban que su genética había sido tan modificada, que el producto terminado no podría considerarse humano, debido a su significativa diferencia de ADN.

Mientras las protestas por los derechos de los soldados quimera continuaban, el mundo postguerra sintió que tenía asuntos más importantes en los cuáles enfocarse. Por lo que decidieron negociar con los protestantes y se llegó al acuerdo de que no se realizaría, como se tenía planeado, la eutanasia de los soldados quimera luego de la cuarta guerra mundial. En su lugar, los soldados serían liberados y adquirirían derechos humanos bajo la definición de que su capacidad de razonar y su conciencia de sí mismos los volvía humanos pese a su diferencia genética.

Pasaron los años y algunos de los soldados quimera lograron establecerse en comunidades humanas y se convirtieron en entes funcionales de la sociedad. Algunos hasta consiguieron pareja y tuvieron hijos. Esto provocó que la humanidad, al mezclar sus genes con los de los soldados quimera, diera origen a una nueva generación de humanos con habilidades únicas, resistencia mejorada y una inteligencia promedio superior. Sin embargo, tomaría años de selección artificial y de campañas de modificación genética prenatal, para eliminar la característica de envejecer aceleradamente. Esto cambió el genoma humano mundial de forma irreversible debido a que, con el paso del tiempo, murieron todos los ejemplares humanos sin modificar.

Pasaron décadas de terapia de refinamiento genético. Cada gobierno del mundo tenía su propio programa para modificar la genética de la población para volverla resistente a ciertas enfermedades y potenciar al máximo las características que ellos consideraban deseables como inteligencia, apariencia y rendimiento físico, etc. Eventualmente la genética mundial llegó a ser prácticamente igual, salvo pequeñas modificaciones locales que cada gobierno realizaba a sus habitantes con el fin de adaptarlos de forma perfecta al medio ambiente en el que se desenvolverían.

Esta modificación masiva del ADN mundial logró darle un mejor estilo de vida a la población y terminó por convertir a la raza humana en algo que ya no podía considerarse como homo sapiens, sino como homo sapiens superior. Sin embargo, la eugenesia y la poca variedad genética hicieron vulnerable a la humanidad ante la reaparición de antiguos agentes patógenos que eran relativamente manejables con el genoma humano anterior. La humanidad intentaba buscar una solución a las plagas, que empezaron a mermar rápidamente la población de muchos países. Pero era demasiado tarde, las enfermedades avanzaban más rápido que la capacidad del ser humano para modificar genéticamente a su población. Por lo que, luego de casi dos siglos de la creación de los soldados quimera, la humanidad se extinguió a causa de un virus gripal para el cual sus cuerpos no tenían defensas naturales.

Originalmente publicado en: Blog Salto al reverso

«Los polvos de Sariel», por Blacksmith Dragonheart

Cuenta la leyenda que Sariel era miembro del Ejército de los Siete Arcángeles. Sus labores eran sagradas y contaba con la gracia de Dios. Sin embargo, un día durante sus misiones, Sariel cometió su primer error. Al igual que otros ángeles, empezó a mirar al mundo humano y quedó deslumbrado por la belleza de las hijas de los hombres. Sin embargo, aún no había cometido pecado alguno.

Pese a ello, Sariel adquirió el hábito de observar el mundo humano cada vez que podía. Pero, a diferencia de sus congéneres, éste no se dedicó exclusivamente a observar a las hijas de los hombres. Pasó siglos humanos observando, poco a poco, los actos de los seres humanos. Contemplando sus avances, sus errores, sus amores, sus odios, sus pasiones, sus guerras, todas las facetas de todas las personas.

Fue entonces como, sin darse cuenta, Sariel empezó a contaminar su corazón hasta el punto en que dejó de ser digno del Ejército de los Siete Arcángeles. Se le impidió el acceso al ejército celestial e incluso llegó a ver la caída de los ángeles expulsados del cielo por mezclarse con las hijas de los hombres.

A Sariel no fue necesario expulsarlo del cielo, él decidió exiliarse en la luna para observar a los seres humanos con más detalle. Al estar más cerca, empezó a ser capaz de leer sus pensamientos, sentimientos y emociones. Allí fue donde Sariel entendió la maldad inherente del ser humano y su corazón se volvió completamente el de un demonio.

El demonio Sariel empezó a odiar a la humanidad por todas aquellas atrocidades que llegó a contemplar. Lo que más trastornaba su mente, que ya no era perfecta, era el hecho de poder leer los pensamientos de las personas mientras cometían los crímenes más execrables. Sariel vio engaños, mentiras, chantajes, sobornos, corrupción, abusos, vejaciones, violaciones, torturas, secuestros, asesinatos, genocidios y una larga lista de etcéteras.

Sariel vio más de lo que pudo soportar. Un día, en su impotencia y desesperación, decidió arrancarse sus hermosos ojos y pulverizarlos. Concentró en aquel polvo todo su dolor y la poca bondad que le quedaba. Soltó el polvo hacia el mundo humano, con la esperanza de que los remanentes de su anterior estado de divinidad ayudaran a la humanidad a corregir su camino. Pero esto no ocurrió, la humanidad había llegado a un punto en que los polvos de Sariel ya no podían surtir efecto alguno.

Para este punto, el demonio exiliado en la luna ya no podía ver los eventos del mundo humano, pero podía seguir oyendo los pensamientos macabros de la humanidad. Retumbaban en su mente los lamentos de una mujer violada, de un niño devastado por la muerte de sus padres en la guerra, las súplicas de secuestrados y prisioneros, los llantos de una madre que pierde a su hijo en un asalto. Esos sonidos lo alteraban, pero aún podía soportarlos.

Aun así, la curiosidad del ciego Sariel no tenía límites y siguió buscando, ahora de forma deliberada, seguir ahondando más en la miseria humana. Agudizó el sentido de oír los pensamientos humanos y se adentró en la maldad profunda que ocurre entre las sombras y que solo es conocida por sus perpetradores y sus víctimas. Fue demasiado para su mente el conocer los crímenes de guerra, los asesinatos y violaciones en vivo expuestos en la Deep Web, el tráfico de órganos y demás aberraciones humanas clandestinas de las que muchos, por suerte, no conocen.

Sariel no tuvo esa suerte, pasó años vigilando aquello, llorando sangre por las cuencas vacías de sus ojos. Hasta que, en un acto completamente premeditado para acabar con su sufrimiento, Sariel cometió un pecado imperdonable tanto para un ángel como para un demonio. Utilizó parte de las plumas de sus alas, que él mismo se arrancó al perder su condición divina, y empezó a construir una daga con ellas. Al ser un demonio, Sariel podía ser dañado por aquella arma. El exiliado, ciego y trastornado Sariel forjaba su arma mientras lloraba sangre sobre ella. La sangre brillaba como fuego hasta que, cuando ya no pudo soportar el sufrimiento que le causaba la vigilancia del mundo humano, se apuñaló a sí mismo en el corazón. Siendo este el único caso registrado del suicidio de un ser divino.

Originalmente publicado en: Blog Salto al reverso

«Flowerpot in the snow», por Haffous (CC0)

“El que intenta entrar
en la rosaleda de los filósofos,
sin la llave,
es como el hombre
que quiere caminar sin pies”.
Epigrama XXVII De Secretis Natura

I
Es un llamado a actuar
contrario a la naturaleza
de mi elemento.

Pero hoy no, hoy no quiero.
Me rehúso a «arreglarlo todo»
mediante la desintegración.

II
Tomaré los tesoros,
pedazos del ayer,
y los sacaré de la tierra.

Cuidaré sus raíces
y los pondré en macetas,
para rescatarlos del invierno.

III
No quiero verlos morir,
solo los quiero mudar
al terreno del ayer.

Salvar lo que se amó,
del fuego que consume,
plantarlo en la ro-sa-le-da.

(siempre tendrás la llave)