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Ojos compartidos

Publicado: 11/11/2019 en Blog Salto al reverso, Relatos sueltos
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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Ojo cascada de la cuidad sombra», por Mystic Art Desing (CC BY)

Mientras vagaba en las tierras de la locura, sentí una presencia extraña dentro de mi cuerpo. Me costó años averiguar de qué o quién se trataba, pero su presencia no era nada agradable.

Aquella esencia, con la forma de un niño como de unos cinco o seis años, era una parte de mi ser. Una parte que, debido a la represión extrema a la que fue sometida,  tuvo que manifestarse en forma visible para captar mi atención.

Viendo esto, le pregunté:

—¿Qué necesitas? ¿Por qué intentas invadir mi ser con tus ganas de llorar?

Al darse cuenta de que al fin lo había notado, el niño contestó:

—Justo eso necesito. ¡Tus ojos para poder llorar!

Al notar su convicción, me preocupé y me intrigué al mismo tiempo. No aguanté la curiosidad y le dije:

—¿Por qué no usas tus propios ojos para llorar?

El niño, moviendo la cabeza en señal de desaprobación, me dijo que yo no entendía nada.

—Tus ojos son los únicos que tienen acceso a la salida.

Sin entender, volví a preguntar:

—¿Acceso a la salida?

El niño, evidentemente molesto porque yo no entendía, me dijo:

—Si lloro con mis ojos, moriré ahogado dentro de la burbuja en la que me confinaste. Pero si uso los tuyos, el agua se irá por la salida.

Yo, habiendo comprendido sus palabras, le dije apenado:

—No puedo darte mis ojos.

El niño, dando la vuelta para marcharse y convertirse de nuevo en una incómoda esencia incorpórea dentro de mi cuerpo, reclamó:

—¡No me quieres dar tus ojos! ¡Son mis ojos también!

Convencido de mi respuesta, le dije:

—¡No! Pero puedo prestártelos.

El niño, sorprendido por la respuesta, se volvió hacia mí:

—¿Cómo podrías hacer eso?

Le respondí:

—Yo, en momentos convenientes, te prestaré mi acceso a la salida y dejaré que elimines el exceso de agua para que ya no te ahogues.

El niño, con un rostro de notorio agradecimiento, empezó a convertirse en una niebla plateada y salió de mi cuerpo. La niebla dijo:

—Te tomaré la palabra, esperaré mi momento para que cumplas tu promesa.

Era la voz del niño, que ya no habitaba en mi cuerpo entero. Tan solo en mis ojos, esperando su turno para usarlos.

Con eso desaparecieron las manifestaciones molestas de aquella esencia. Gracias al pacto de utilización de ojos que firmamos con aquella conversación.

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Mechanical brain», por Aytuguluturk (CC0)

Cierto día del siglo XXIII, la pareja de científicas conocida como Las Hermanas Alastor logró construir con éxito una máquina que incorporaba los últimos descubrimientos en computación cuántica y neurología. Con esta máquina lograron deconstruir la estructura cerebral de un ratón, que previamente fue preparado para memorizar ciertos patrones de colores, para luego reconstruirla en el cerebro de otro.

El ratón modificado, para objetos del estudio, mostraba una conducta y recuerdos estadísticamente idénticos a los del ratón deconstruido. Luego de muchos estudios confirmatorios por parte de la comunidad científica, se demostró que se trataba de una genuina transferencia de conciencia. Se había logrado copiar la mente de un ser vivo para luego colocarla en el cuerpo de otro. Los logros de Las Hermanas Alastor fueron publicados en muchas revistas importantes de ciencia y, eventualmente, se hicieron acreedoras al Premio Nobel en Medicina y Física por su hazaña.

***

Décadas después del logro de Las Hermanas Alastor, un lobby de inversionistas mostró mucho interés en el invento y dedicó grandes inversiones en investigación y desarrollo para perfeccionar la máquina al grado de que su aplicación fuera segura en seres humanos. Cuando la máquina estuvo lista, el lobby inició una campaña para recuperar su inversión. La campaña consistía en proveer a los gobiernos con muchas de las que se llegaron a conocer como Máquinas de Alastor. 

Debido a que las leyes internacionales prohibían el uso comercial de la tecnología de transferencia de conciencia, el lobby tuvo la idea de manipular a los gobiernos para conseguir una reforma en las leyes de derechos humanos y leyes de derecho penal, para así conseguir un cambio de sistema que permitiera el uso gubernamental de las Máquinas de Alastor. De esta forma lograron aplicar su plan piloto en los sistemas médicos y penitenciarios de diferentes países.

 

***

Con los años, la estructura ideada por el lobby llegó a popularizarse tanto que cientos de países copiaron el modelo e iniciaron sus propias reformas legales. Las reformas, casi siempre, consistían en cambiar las leyes para poder aplicar lo que ellos llamaban el Sistema de condena justa. 

El Sistema de condena justa logró popularizarse entre la población común.  Esto se logró mediante una maquinaria propagandística destinada a desviar la atención del público hacia una supuesta preocupación para con los enfermos terminales y otro tipo de personas con enfermedades degenerativas o trastornos que afectaban gravemente su estilo de vida.

El sistema consistía en un algoritmo que empataba a un enfermo con alguien de similares características elegidas por el programa. Una vez hallada una persona idónea, dentro de las bases de datos de las personas privadas de la libertad, se usaba una Máquina de Alastor para intercambiar las conciencias del enfermo y la persona privada de la libertad.

El sistema penitenciario, evidentemente, debió pasar por una reestructuración de fondo para convertirlo en una estructura eficiente que optimice la salud de los prisioneros para luego colocarlos en la base de datos del Sistema de condena justa. De esta forma, los prisioneros estaban listos para ceder sus cuerpos sanos a una persona enferma. Todo aprobado por las leyes correspondientes, que confiaban plenamente en el algoritmo que colocaba a los prisioneros en diferentes categorías de condena. Las categorías asignaban los cuerpos más dañados a los sentenciados por las faltas más graves. Dejando a los prisioneros condenados a sufrir los síntomas dentro de sus celdas, sin opción a recuperar su cuerpo original que pasaba a ser propiedad legal del enfermo beneficiario.

El lobby, luego de la implementación casi mundial de su Sistema de condena justa, utilizó la obsolescencia programada de ciertos componentes de las máquinas para poder venderlas con un lucrativo servicio de mantenimiento constante. También lograron imponer un sistema de reemplazo periódico de las máquinas, que muchas veces se declaraban en mal estado para poder realizar ajustes ilegales en el inventario. Todo esto con el objeto de que, tanto el lobby como los funcionarios gubernamentales corruptos,  ganaran enormes sumas de dinero.

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Originalmente publicado en: Revista Pluma Roja

En el siglo XXIII, luego de una explotación masiva e indiscriminada, el suelo fértil de la mayor parte del planeta se volvió estéril.  Los científicos, en su afán por dar una solución al problema, realizaron investigación tras investigación. Luego de un gran esfuerzo, lograron inventar un proceso revolucionario que permitía imprimir moléculas orgánicas a partir de moléculas inorgánicas, proceso que sirvió de base para el diseño de las primeras proteínas, carbohidratos y grasas de origen totalmente sintético.

Con el paso del tiempo, muchos alimentos fueron reemplazados por la comida sintética. La alimentación de prácticamente toda la población humana llegó a estar basada en las moléculas sintéticas, puesto que eran baratas y, hasta donde proclamaban los gobiernos, eran muy seguras para el ser humano. Las décadas pasaron y ya pocos recordaban comida alguna que hubiera sido cultivada o criada de forma natural.

 

***

«Sigue vigente la polémica surgida por la publicación de los estudios del doctor Dusell Meyer —dice una voz desde la televisión—. La comunidad científica ha negado categóricamente que los alimentos basados en moléculas orgánicas sintéticas impliquen algún riesgo para la salud humana. También critican la investigación del doctor Meyer, alegando que es una simple correlación malintencionada y que la reducción de la esperanza de vida en todo el mundo no tiene relación con las moléculas sintéticas».

—Mira, otra vez mencionan eso en las noticias.

—¿Lo del loco que dice que la comida sintética nos está matando?

—¿Tú no crees en eso que dice el doctor Meyer?

—Yo no creo en esas cosas, me parecen patrañas.

—Yo sí creo que es verdad. Antes de que él anunciara algo, nadie se explicaba por qué cada año se reduce la tasa de nacimientos y la esperanza de vida.

—Es solo un vago que se dio cuenta porque ha pasado su vida entre números. No hay que hacerle caso.

—No sé, todo me parece raro. Muy convincente. Antes, nadie se había tomado la molestia de observar esos datos. Además, si fuera un loco, la comunidad científica no lo perseguiría tanto.

—Bueno, eso no te lo niego. Eso del atentado del año pasado sí que me llamó la atención. Esas cosas nunca son casualidades.

 

***

Las investigaciones y anuncios del doctor Meyer fueron ignorados. El argumento que utilizaba la comunidad científica  era que no existía un incremento significativo en cuanto a cáncer u otro tipo de enfermedades y que, por tanto, los alimentos sintéticos no dañaban la salud del ser humano como para culparlos de la reducción de la esperanza de vida. Los medios se quedaron contentos con la explicación y el doctor Meyer cayó en el descrédito científico mundial.

Pero aquel descrédito no fue el fin de la carrera de Dusell Meyer. El doctor dedicó su vida a una investigación muy importante, que lo hubiera hecho digno de un gran reconocimiento. Sin embargo, la política y la industria alimentaria no dejaron que tuviera su momento de gloria. Antes de completar su investigación, el doctor Meyer murió en condiciones muy sospechosas. La versión oficial fue la de un accidente de tránsito.

El doctor Meyer inició, sin darse cuenta, un movimiento que lo seguía. Con el paso de los años este grupo se fue tornando un tanto místico y casi sectario, hasta que desapareció del panorama público.

 

***

Otros años pasaron, y se volvió evidente que las declaraciones del doctor Meyer eran totalmente ciertas. Ni los medios ni la comunidad científica pudieron negar lo evidente: existía una relación entre la alimentación basada en moléculas sintéticas y el descenso de la fertilidad y de la esperanza de vida en la población humana.

La humanidad no podía explicarse aquel fenómeno, que ya mermaba diez años su promedio de vida, y temía por su futuro. Los científicos no lograron averiguar nada útil. Rediseñaban una y otra vez las moléculas sintéticas. Cambiaban la receta, añadían. Buscaban partes que tal vez hubieran pasado por alto, partes que los alimentos convencionales tenían pero que las moléculas sintéticas no.

Hallaron muchos componentes nuevos, los añadieron a la fórmula. Pero nada pasaba. Los alimentos que se suponían perfectamente funcionales, y que incluso acabaron con muchas enfermedades, estaban restándole vida a la humanidad.

 

***

—¿De verdad cree que venir a conocer a esta tribu de locos nos va a ayudar en algo, doctor?

—Claro que sí, estoy seguro de que estas personas son a las que se refieren los manuscritos del doctor Meyer.

—Usted lleva años estudiando esas antiguas teorías. ¿No cree que tal vez el problema de la esperanza de vida humana ya se solucionó? Ya van como cinco años que no se reportan disminuciones en ningún lugar del mundo.

—¿De verdad le crees a esos estudios?

—Es lo que tenemos, señor.

—No. Esto que investigamos es lo que tenemos. Ya lo verás. Todos lo verán.

—¿Y qué trata de aprender con esta gente primitiva, doctor?

—Ellos, en su cultura, tienen un ritual dedicado a una diosa conocida como Pachamama.

—¿La Madre Tierra?

—Sí, esa misma. Ellos afirman que existe algo que la Pachamama nos daba en los alimentos cultivados, algo que los humanos no podemos fabricar.

—Doctor, con todo respeto, ¿no cree que esas son locuras? Ya se demostró hasta el cansancio que los alimentos sintéticos tienen exactamente los mismos componentes que los cultivados y que…

—…incluso son mejores que los mismos alimentos naturales. Sí, yo estudié en la misma universidad que tú, me sé el discurso de memoria.

—Usted es un hombre de ciencia, ¿por qué creer en dioses y magia?

—Yo no creo en dioses ni en magia, yo creo en evidencias. Y las evidencias me dicen que aunque los científicos no han logrado descifrar qué es: existe algo que le falta a la comida sintética, y la falta de ese algo hará que la humanidad no llegue a vivir ni dos siglos más.

—¿Y qué puede ser?

—Eso mismo es lo que vamos a averiguar. Lo único que sé, es que la comunidad a la que vamos ha logrado aumentar su esperanza de vida en al menos diez años con respecto a la población promedio. Nadie está más cerca de la respuesta que ellos.

—Entiendo. Me intriga, la verdad.

—Ven, terminemos de comer y subamos el tramo de montaña que falta.

 

***

—Doctor, doctor, ¿está bien? ¿Qué le dieron? —preguntó el ayudante, asustado porque el doctor llevaba casi media hora inconsciente, luego de comer y beber lo que el líder del culto le dio.

—El doctor está bien. Solo descansa, está teniendo la visión —respondió el líder del culto.

—¿Lo drogaron? ¡Dígame!

—Señor, le sugiero que se calme y que espere otros treinta minutos. A veces el ánima demora en recorrer el cuerpo cuando éste no la ha recibido durante mucho tiempo.

—¿Ánima?

—Sí. Cuando el doctor despierte le dirá todo, luego dependerá de usted el creerle o no.

Pasados cuarenta y dos minutos de haber quedado inconsciente, el doctor despertó. Se incorporó y empezó a ver su alrededor, como extrañado de estar de vuelta.

—¿Se siente bien, doctor? —preguntó el desesperado ayudante.

—Cuéntenos qué vio —dijo el líder del culto.

—Usted tenía razón, hombre sabio. El doctor Meyer tenía razón. Eso que usted me dio de comer y beber estaba hecho con un alimento cultivado, ¿verdad?

—Sí —respondió el líder—, estaba hecho de solanum lycopersicum. Una de esas plantas  que se consideran extintas. Fue cultivada siguiendo el ritual del Anima Mundi.

—No entiendo nada de lo que hablan, doctor —dijo el ayudante—. ¿Me pueden explicar?

—Cuando comí el preparado, sentí como si algo en mi cuerpo por fin se saciara. Esa sensación desagradable a la que estamos tan acostumbrados, de la que normalmente ni nos fijamos, desapareció. Luego de eso me dio mucho sueño y me recosté a descansar. Sentía que eso que había comido me recorría todo el cuerpo. Tuve un sueño. Me vi a mi mismo vestido de armadura, con doce soles a mi alrededor. En cada sol se podía ver una de las etapas del crecimiento del tomate. Vi la semilla germinar, la vi crecer, la vi florecer y fructificar, vi el fruto caerse y pudrirse, vi a las nuevas semillas repetir el proceso.

—¿Y todo eso lo vio solamente por haber comido tomates?

—No, no fueron solo los tomates. Era el alma de La Tierra. Con los alimentos sintéticos no existe transferencia de ánima de La Tierra a nosotros. Es como si estuviéramos desconectados de la fuente de la vida. Es necesario volver a comer cosas que nos den vida, de otra forma toda la humanidad simplemente desaparecerá, porque se alejó del ciclo.

—No entiendo nada de lo que dice, doctor. ¿Está usted bien? —preguntó el ayudante, bastante preocupado.

—Nunca me he sentido mejor. Si el líder me lo permite, puedo darte a probar una comida de verdad, para que entiendas lo que realmente nos hace falta en esta vida.

El líder trajo otra ración de puré y sopa de tomate y se la sirvió al incrédulo ayudante.

—Está bien, probaré.

El ayudante comió, tuvo la visión y despertó. Entonces sonrió, sus ojos brillaron y se sintió saciado por primera vez. Miró al doctor y le hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Al fin lo había comprendido todo.


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“El hombre es una especie narcisista por naturaleza, hemos colonizado hasta el último rincón de nuestro planeta, no somos la cúspide de la llamada evolución. Ese honor le corresponde a la cucaracha, capaz de vivir durante meses sin alimento y durante semanas si le arrancas la cabeza. Resiste la radiación. Si dios se ha creado a si mismo a su imagen y semejanza, entonces yo declaro que Dios es una cucaracha.” Mohinder Suresh

La estructura social y hábitos de las cucarachas son muy diferentes de lo que conocemos. La verdadera naturaleza de las cucarachas no la conoce nadie, salvo yo, que las observo desde el principio de los tiempos. Las cucarachas, gracias a su maravilloso cuerpo, han logrado evolucionar a pasos agigantados. Hace ya millones de años que desarrollaron su conciencia y su inteligencia. Han coexistido silenciosamente con la raza humana, llegando incluso a aprender su lenguaje escrito en cientos de idiomas. Sin embargo, no han logrado desarrollar su tecnología a un nivel comparable al de ellos, debido, más que nada, a su tamaño.

Sin embargo, usted que me lee, se preguntará: ¿cómo es posible que eso sea verdad, si las cucarachas parecen ser seres torpes y relativamente indefensos ante nosotros? Pues bien, resulta que las cucarachas que deambulan en la superficie son las exiliadas de la sociedad de las cucarachas.

Las cucarachas viven organizadas debajo de la tierra. Tienen una sociedad compleja y desarrollada. Las cucarachas que cometen crímenes atroces, o aquellas reincidentes de crímenes menores, son condenadas a una degradación genética que atrofia sus capacidades mentales y las de sus descendientes. Luego son enviadas a la superficie, a la penosa condena de convivir con los humanos y comer de sus desechos.

Las cucarachas de debajo de la tierra llegaron a percatarse del daño que la raza humana causa al planeta. Las sociedad de las cucarachas pasó mucho tiempo pensando y planeando que hacer ante tal amenaza. Sus líderes convocaron a sus mentes más brillantes para buscar una solución. Sin embargo, debido al retraso tecnológico de su sociedad, era poco lo que podían hacer. Fue entonces que se organizó una búsqueda incesante de conocimiento por parte de las cucarachas. Enviaron infinidad de soldados a infiltrarse en bibliotecas humanas para robar libros que pudieran darles una pista de cómo cambiar el destino del planeta.

Eventualmente aprendieron a controlar las mentes de las cucarachas exiliadas. De esta forma aceleraron su trabajo de recolección de datos. 

Leyeron y leyeron. Pensaron y pensaron. Debatieron y debatieron. Hasta que llegaron a una conclusión: la única manera de salvar al planeta de los seres humanos, es deshaciéndose de ellos.

El plan de las cucarachas consiste básicamente en una intoxicación programada, sistemática y rápida de todos los humanos. Tienen planeado asaltar poco a poco los cuarteles militares que posean ojivas nucleares, usando la mano de obra de las cucarachas exiliadas controladas mentalmente. Luego de reunir cierta cantidad de material radiactivo, planean procesarlo y convertirlo en un potente veneno. El veneno será almacenado en los cuerpos de las exiliadas, para luego enviar a una cucaracha por cada ser humano existente, más refuerzos (la población mundial de cucarachas da para eso y más). Las cucarachas tienen previsto que será casi imposible sincronizar el ataque para que todos los humanos mueran al mismo tiempo, o que puedan realmente inocular el veneno con éxito a todos. Así que planean dividir la intoxicación masiva en etapas: primero los médicos, para que su ausencia impida el tratamiento del resto de la población; luego militares y policía, para que su ausencia provoque caos y los humanos empiecen a destruirse a sí mismos. Finalmente, con la población general vulnerable, podrán eliminar fácilmente a aquellos que no pudieron ser inoculados, dispersando el veneno por el aire.

Los líderes de la sociedad de las cucarachas consideran que ese es el mejor plan de acción, puesto que si liberaran el veneno por el aire sin antes eliminar a los médicos, militares y policía, los humanos tal vez podrían organizar un contraataque o protegerse. Tampoco desean hacer explotar las ojivas nucleares, puesto que su objetivo secundario es apoderarse de lo que consideran lo único notable de la humanidad: su tecnología.

Así las cucarachas planean, organizan y ejecutan su plan poco a poco, esperando el momento oportuno para deshacerse de los seres humanos.


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