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«Royal tomb», CC0

Para sorpresa del Alquimista marino, ningún enemigo se cruzó en el camino y llegaron fácilmente a su destino gracias a la llave de la aldea.

—No tengo autorización para traer a nadie a este lugar. Necesitaré que te ocultes en la Concha marina —mientras decía esto, con un rápido movimiento y sin darle tiempo a reaccionar, el Alquimista marino atrapó a su hijo en su piedra filosofal, dejándolo como mero espectador desde ese momento en adelante.

—¡Maldición, viejo! ¡Eso no se hace! —protestó un resignado Alquimista del mar, que se sentó en lo que parecía la cabina de un submarino con pantallas hacia el exterior—. Supongo que me dedicaré a explorar el interior de la piedra del viejo.

Mientras que el interior de la Perla Negra era solo una gran habitación, el de la Concha marina era como una especie de búnker con muchas habitaciones donde el Alqumista marino guardaba no solamente ánima, sino también espectros, sed de sangre y otros artefactos recolectados de toda una vida de estudio sobre la alquimia y el vudú. Pero lo que más le sorprendió fue ver las sofisticadas instalaciones médicas y de entrenamiento. En ese momento, el Alquimista del mar comprendió la diferencia de poder entre su padre y él, y supo que necesitaría muchísimo entrenamiento para construir una piedra filosofal igual de compleja.

***

El Alquimista del mar podía ver todo lo que pasaba en el exterior pese a que la Concha marina estaba en el bolsillo del pantalón de su padre. Cuando el Alquimista marino se adentró en la aldea, se empezaron a escuchar llantos en cada casa. Se oían saludos y reverencias, pero todas acompañadas con un llanto desgarrador. Finalmente, se acercó hasta el palacio y el rey le dio la bienvenida.

—Es una gran alegría y una gran desdicha verte, viejo amigo de mi padre —dijo el rey de la Aldea de los exiliados, esforzándose por no romper en llanto también—. Vienes a cobrar tu favor, ¿verdad?

El Alquimista marino asintió con la cabeza.

—¿Qué favor vas a pedir a la realeza?

—Quiero que me fabriquen un sarcófago de los reyes —respondió el alquimista.

—Sí, lo imaginé —dijo el rey mientas rompía en llanto—. Mi padre nunca debió contarte sobre eso. Por eso estábamos exiliados en primer lugar, para que nadie nos obligara de nuevo a darle de los tesoros de uso exclusivo de la familia real.

—Pero tu padre lo prometió —dijo el Alquimista marino mientras mostraba la llave de la aldea—. ¡Así que no es una obligación, sino el cumplimiento de una promesa real!

—Lo sé. No tienes la culpa, nadie te dio más información que el poder curativo del sarcófago, es natural que lo pidas —dijo el rey, llorando de una forma más resignada—. ¡Que se hagan los preparativos!

Los sirvientes del rey desvistieron al Alquimista marino y lo pusieron a dormir en los aposentos reales. Le dieron los mismos cuidados que se le darían al rey. El Alquimista del mar observaba todo desde dentro de la Concha marina, sin poder interactuar de forma alguna, pero solo lograba ver a su padre durmiendo.

***

Al terminar los preparativos, el Alquimista marino y todas sus pertenencias fueron trasladados al interior de un cuarto ceremonial. Desde allí, su hijo pudo ver el ritual que su padre ignoraba al seguir durmiendo. El sacerdote, llorando, empezó a traer a un grupo de mujeres de diferentes edades y con los ojos vendados. La mayor de ellas era la primera hija del rey, las otras eran las primeras hijas de cada uno de los príncipes. Las más pequeñas formaron un círculo alrededor del Alquimista marino, la mayor se sentó sobre su cuerpo y empezó a llorar mientras recitaba un conjuro de mahou. Cuando terminó, las niñas que formaban el círculo empezaron a llorar y a repetir, una por una, el mismo conjuro.

Cuando la última de las niñas recitó el conjuro, todas empezaron a desmayarse y a desintegrarse. La materia y vida de cada uno de los sacrificios humanos empezó a formar una bruma gris que envolvió al Alquimista marino y se materializó con la forma de un sarcófago alrededor de su cuerpo. El Alquimista del mar estaba muy perturbado por lo que acababa de presenciar. Finalmente, el sumo sacerdote, que era el mismo rey, lloró amargamente sobre el sarcófago que hasta hace unos instantes eran su hija y sus nietas. Las lágrimas genuinas del sacerdote eran el último ingrediente para activar el sarcófago, que empezó a brillar como si estuviera al rojo vivo y emanaba un humo rojo con olor a sangre, indicando que el proceso de renovación del cuerpo del Alquimista marino estaba ocurriendo en ese preciso instante.

Cuando el proceso terminó, el sarcófago se empezó a cuartear y el Alquimista marino salió de la misma forma que un polluelo rompe el huevo al nacer. El Alquimista del mar, aún no podía procesar todo lo que acababa de ver. El Alquimista Marino, por su parte, dio las gracias y se despidió del rey que lloraba desconsoladamente sobre los restos del sarcófago.

***

Al salir de la Aldea de los exiliados, el Alquimista marino liberó a su hijo del interior de la Concha marina. En cuanto salió, el Alquimista del mar le propinó un puñetazo al rostro de su padre mientras lo miraba con asco.

—¿Por qué tanta furia, muchacho? —respondió un frío e inmutable Alquimista Marino.

—¿¡Acaso no sabías lo que iba a costar el favor que pediste!? —gritó el Alquimista del mar.

—Nunca pregunté los detalles, Thomas —dijo su padre, mientras se limpiaba la sangre del labio roto que le dejó el golpe—. Prefiero no saber.

—¿Prefieres no saber? —el Alquimista del mar se llenó de indignación e intentó golpear de nuevo a su padre, que se defendió con una sola mano y mandó a volar a su hijo contra un árbol que se agrietó por el impacto.

—No necesito saber detalles innecesarios que puedan contaminarme —replicó el Alquimista marino—. ¡Como alquimista deberías conocer el valor de mantener la pureza del alma!

—¿A eso le llamas pureza? ¡Asesinaron niñas para restaurar tu cuerpo! —gritó el golpeado alquimista, con sangre y lágrimas en el rostro—. ¿¡Acaso crees que tu pureza o tu vida valen más que la de esas niñas!?

—No lo entenderías, Thomas. La visión que tienes en tu collar es más amplia de lo que crees, y yo debo cumplir un rol en ella —respondió el Alquimista marino, ocultando el dolor que sentía al enterarse del asunto de las niñas sacrificadas.

—¡A la mierda la maldita visión! —gritó un enfurecido Thomas, mientras se incorporaba para intentar darle otro golpe a su padre.

Dimitri me dijo que yo ayudaría a evitar la invasión —dijo el Alquimista marino—. ¡Mi vida vale más que la de esas niñas porque sino cumplo mi misión, morirán millones!

—No has cambiado nada, viejo —el Alquimista del mar intentó darle otro golpe a su padre, que volvió a defenderse con una sola mano; impactándolo contra el mismo árbol, que terminó por romperse.

El Alquimista marino no dijo palabra alguna.

—¡Me das asco, viejo! Me agradabas más cuando estabas lisiado —gritó el Alquimista del mar, mientras miraba con repulsión a su padre, que estaba completamente sano y se veía incluso más joven que él.

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Thomas era el hijo ilegítimo de un sargento primero de la Marina, por lo que tuvo muy poco contacto con su padre. Pese a ello, cuando cumplió quince años, su padre decidió llevarlo de viaje a una playa muy lejana. Le dijo que admitía no haber sido una figura paterna para él, pero que lo único que podía darle como legado era enseñarle las artes de la alquimia que fueron el motivo de sus constantes viajes durante casi dos décadas. Thomas, por supuesto, se rehusó. Pero su madre lo obligó a obedecerlo como si de ella se tratara, incluso si pensaba que sus peticiones eran de lo más insólitas.

El entrenamiento duró alrededor de tres años y fue un curso intensivo de alquimia con un orden muy específico. Primero, debía recibir una preparación física y de supervivencia que le permitiera vivir de la naturaleza. Paralelo a eso, realizaban constantes ejercicios de meditación para sentir lo que su padre llamaba «la presencia del planeta». De hecho, lo llamaba de muchas formas: «el ánima del mundo», «la energía vital de La Tierra», «ánima mundi». Pero siempre se refería a lo mismo: una misteriosa sensación que, una vez identificada, puede ser sentida en todos los organismos vivientes.

Habían pasado casi tres meses y Thomas aún no entendía a qué se refería su padre. Llegó a pensar en el entrenamiento físico como un castigo de parte de su madre por su mala conducta. Además, la preparación física era incluso más estricta que una preparación militar. Para ese punto, se cuestionó el propósito de esa tortura no solo física sino emocional. Debido a que, aparte de las lecciones de meditación y rutinas de ejercicio intenso, él no establecía contacto alguno con él.

—¿Solo para esto me trajiste? ¿Para atormentarme con ejercicios y con discursos raros sobre presencias y energías? (más…)

Ojos compartidos

Publicado: 11/11/2019 en Blog Salto al reverso, Relatos sueltos
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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Ojo cascada de la cuidad sombra», por Mystic Art Desing (CC BY)

Mientras vagaba en las tierras de la locura, sentí una presencia extraña dentro de mi cuerpo. Me costó años averiguar de qué o quién se trataba, pero su presencia no era nada agradable.

Aquella esencia, con la forma de un niño como de unos cinco o seis años, era una parte de mi ser. Una parte que, debido a la represión extrema a la que fue sometida,  tuvo que manifestarse en forma visible para captar mi atención.

Viendo esto, le pregunté: (más…)

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Mechanical brain», por Aytuguluturk (CC0)

Cierto día del siglo XXIII, la pareja de científicas conocida como Las Hermanas Alastor logró construir con éxito una máquina que incorporaba los últimos descubrimientos en computación cuántica y neurología. Con esta máquina lograron deconstruir la estructura cerebral de un ratón, que previamente fue preparado para memorizar ciertos patrones de colores, para luego reconstruirla en el cerebro de otro.

El ratón modificado, para objetos del estudio, mostraba una conducta y recuerdos estadísticamente idénticos a los del ratón deconstruido. Luego de muchos estudios confirmatorios por parte de la comunidad científica, se demostró que se trataba de una genuina transferencia de conciencia. Se había logrado copiar la mente de un ser vivo para luego colocarla en el cuerpo de otro. Los logros de Las Hermanas Alastor fueron publicados en muchas revistas importantes de ciencia y, eventualmente, se hicieron acreedoras al Premio Nobel en Medicina y Física por su hazaña. (más…)

Originalmente publicado en: Revista Pluma Roja

En el siglo XXIII, luego de una explotación masiva e indiscriminada, el suelo fértil de la mayor parte del planeta se volvió estéril.  Los científicos, en su afán por dar una solución al problema, realizaron investigación tras investigación. Luego de un gran esfuerzo, lograron inventar un proceso revolucionario que permitía imprimir moléculas orgánicas a partir de moléculas inorgánicas, proceso que sirvió de base para el diseño de las primeras proteínas, carbohidratos y grasas de origen totalmente sintético.

Con el paso del tiempo, muchos alimentos fueron reemplazados por la comida sintética. La alimentación de prácticamente toda la población humana llegó a estar basada en las moléculas sintéticas, puesto que eran baratas y, hasta donde proclamaban los gobiernos, eran muy seguras para el ser humano. Las décadas pasaron y ya pocos recordaban comida alguna que hubiera sido cultivada o criada de forma natural. (más…)