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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Luego de mucho entrenamiento, cierto joven alquimista logró crear una piedra filosofal incompleta. Usó sus conocimientos de alquimia para replicar la estructura espacial de un alma humana y depositarla dentro de una piedra creada mediante la condensación de ánima. Tanto la piedra como la réplica del alma fueron elaboradas de forma muy rudimentaria, por lo que su apariencia y capacidades no eran, ni de cerca, comparables a las de una piedra filosofal completa.

Entre las principales diferencias estaban la textura y el color. La piedra incompleta era áspera, de un color rosa pálido y opaco. La piedra completa debía ser suave, de un color rojo y brillante. Pero la diferencia fundamental radicaba en su naturaleza. La piedra incompleta no era un objeto viviente. La funcionalidad del objeto incompleto era también muy inferior. El intento de piedra filosofal tan solo servía para contener una porción de espacio muy superior a la de sus dimensiones físicas.

El joven alquimista, muy contento por su logro, decidió usar la piedra para asegurarse una vida tranquila que dedicaría a su investigación acerca del núcleo del alma humana. Apenas había descubierto que el alma es, en sí misma, un lugar. Aquel conocimiento fue el que utilizó para crear su piedra incompleta. Copió una porción del espacio de su alma y lo colocó dentro de una piedra pequeña, obteniendo como resultado el espacio equivalente al de un casillero dentro de una piedra que cabía en la palma de su mano.

Con aquel objeto, visitaba las tiendas para robar alimentos, ropa o cualquier cosa que le permitiera mantenerse sin necesidad de trabajar. El resto del tiempo lo pasaba en las montañas o en los bosques, realizando la investigación necesaria para completar su proyecto más ambicioso: una piedra filosofal viviente.


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Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

tree-of-life

I

El árbol de la vida tiene sus raíces en el cielo

y sus frutos bajo la tierra.

Las plantas son las hijas más puras

del árbol de la vida.

 

El árbol de la vida tiene un ancla celestial

y un ancla terrenal.

Las plantas tienen la mitad de su ser anclada a la luz

y la otra mitad anclada a las sombras.

 

II

El árbol de la vida no tiene partes indignas,

el árbol de la vida sabe dar y recibir.

Las plantas aman recibir cortesías

y agradecen con lo mejor que pueden dar.

 

El árbol de la vida se encuentra en el interior

de cada habitante del planeta.

Dentro de cada uno, el árbol habla siempre

en el mismo idioma.


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