Posts etiquetados ‘ciencia ficción’

Cierto grupo de seres interdimensionales tiene, como parte de su agenda, la misión de impedir o retrasar la evolución de las razas inteligentes de las dimensiones a su cargo. Muchas veces utilizan tentaciones físicas para que las criaturas caigan en la autocomplacencia y dejen de aspirar a un estado superior. Otras veces, azotan a las civilizaciones con cataclismos programados para impedir que alcancen una población muy numerosa. Pero, sea cual sea la estrategia que usen, siempre incluirán la maldición del agua.

El agua fue creada por ellos. No es coincidencia que la mayor parte de los seres de este y muchos planetas estén conformados, en su mayoría, por esta molécula. Este grupo, conocido como Los Limitantes, utiliza alarmas interdimensionales para detectar el lugar exacto donde empieza a surgir la vida. Entonces, mediante técnicas de manipulación evolutiva, logran que la estructura bioquímica de los seres vivos incluya a la molécula de agua. De esta forma, estos seres se vuelven dependientes del agua para su supervivencia.

La molécula de agua oculta un terrible secreto. Es un agente tóxico de otra dimensión, y fue diseñada para atarnos al plano terrenal por la eternidad. Ningún ser vivo cuyo cuerpo contenga agua podrá realizar viajes muy largos en el espacio. Aun si lo lograran y estuvieran en la capacidad tecnológica de crear colonias espaciales, estarían obligados a buscar ambientes abundantes en agua o a desarrollar una tecnología de síntesis de la misma.

La dependencia al agua retrasa significativamente la conquista del espacio por parte de las razas afectadas. Sin poder llegar lejos en el espacio, difícilmente alcanzarán a comprender los secretos del universo que pudieran permitirles una aceleración de su evolución, ni se diga liberarse de la esclavitud y opresión de las que ni siquiera se percatan.

La sed, o síndrome de abstinencia de agua, es el efecto deseado por Los Limitantes. Ellos se alimentan del pequeño sufrimiento que provoca la sed, de la angustia por buscar agua. Los Limitantes mantienen oprimidas a las razas bajo su dominio para tener acceso a poderes cuya magnitud es directamente proporcional a la suma del retraso evolutivo provocado.


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adicto

Imagen por: Blacksmith Dragonheart

En el siglo XXIII ya empezaba a ser notorio el problema. Las redes ilegales conocidas como RDA empezaron a popularizarse. Nadie le prestó la debida atención al asunto. Era común saber de jóvenes que conseguían  dinero y lo reunían entre ellos, para pagar una membresía que compartirían a diario. Quince días de conexión costaban casi un salario mensual básico.

Los conocedores de neuroinformática podían armar fácilmente una red de dopamina artificial, siguiendo una receta con pasos sencillos y bien definidos que, por su cantidad, tomaba años completar. El producto final era una red que cobraba por el acceso e interconectaba a los usuarios. Aquel que se conectaba a una RDA, debía hacerlo mediante un cable especial que iba directo a la vena que eligiera. El cable funcionaba de forma parecida a una impresora 3D: mediante las instrucciones recibidas desde el servidor, dibujaba moléculas parecidas a las de la dopamina natural, usando como lienzo las células sanguíneas residuales que entraban en contacto con el instrumento cuando el usuario lo insertaba en sus venas.

Las personas adictas a las RDA no mostraban síntomas físicos, salvo los evidentes pinchazos. Tampoco se podía demostrar el consumo de dopamina artificial, puesto que la molécula era muy parecida a la de la dopamina real y no dejaba metabolitos luego de su absorción por el cuerpo. Luego de muchos años, se descubrió que la dopamina artificial dañaba leve y reversiblemente los receptores D3 y D5 del cerebro. También se logró demostrar que producía una fuerte dependencia psicológica, por lo que se la declaró un problema de salud pública en muchos países.

El consumo de dopamina artificial continuó por muchos años. Llegaron a desmantelarse muchos servidores para RDA. Se impusieron consecuencias legales fuertes, tanto para proveedores como para consumidores. Sin embargo, los traficantes pasaron a la defensiva para proteger su lucrativo negocio. Aprendieron a violar los monitoreos de las autoridades y aumentaron los precios de su servicio con la excusa de la escasez. Eso provocó un enorme desmejoramiento de la calidad de vida de los adictos, que recurrieron a drogas convencionales para reemplazar su hábito de conectarse a las RDA.

Las autoridades llegaron a notar que la lucha contra las drogas en general, sobre todo la criminalización del consumo, incitaba a la gente a consumir reemplazos cada vez más dañinos para su salud. Entonces se empezó a hablar de una legalización. Los gobiernos vieron en esto una increíble oportunidad de negocio. Con la excusa de que la dopamina artificial no dañaba de forma notoria el organismo de los adictos, el gobierno legalizó por completo las RDA. Los consumidores celebraron.

Luego de muchos procesos legales y sociales, los gobiernos se hicieron con el derecho de ser los únicos proveedores de RDA. Contradiciendo su postura anterior, decidieron castigar y criminalizar el consumo y venta de todas las drogas convencionales, incluidos el alcohol y el tabaco. Esta situación orilló a muchos consumidores de otras drogas a hundirse en una espiral de destrucción que saturó el sistema penitenciario. Otros consumidores decidieron utilizar los sistemas estatales de rehabilitación, cuya meta era hacer que los adictos a drogas convencionales reemplacen su uso por el de la dopamina artificial que les proveía el mismo gobierno con un llamativo subsidio.

Así fue como los gobiernos se quedaron con el lucrativo negocio de las RDA, a costa de la salud y libertad de muchos consumidores de otras sustancias.


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