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Originalmente publicado en: AZAhAR literario

Donovan relato lesbos

Imagen por: Blacksmith Dragonheart

Génesis lleva tiempo mirándome mucho. Debo admitir que al inicio me incomodaba, pero ahora le he agarrado el gusto a esas miradas provocativas. Hay algo detrás de esos lentes que me intriga, pero no logro definirlo con exactitud. He intentado acercarme varias veces, luego de las clases de Administración de operaciones, pero siempre se va cinco minutos antes. La he seguido, y su rutina siempre es la misma: sale de clases, va al baño, se arregla un poco, sale de la facultad y se sube a un carro lujoso.

Quiero saber más, pero el aura de misterio que la cubre es casi tan grande como la inocencia pícara que proyecta. No sé si investigarla a profundidad o quedarme tranquila y buscar un entretenimiento más sano.
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Originalmente publicado en: AZAhAR literario

Imaginario borgeano

Imagen por: Blacksmith Dragonheart

El Maestro y yo llevábamos meses estudiando la exploración de mi subconsciente, intentado recuperar ciertos recuerdos bloqueados de mi infancia.

—La mente tiene muchas puertas, con destinos muy diferentes —dijo Duncan, el shamán, en el tono ceremonioso que acostumbraba usar—. Es cuestión de saber buscar, de atreverse a pasarlas.

— ¿Y cómo sabré a qué destino me llevará tal o cual puerta? —dije, sediento como siempre de los aprendizajes psiconáuticos que me ofrecía mi Maestro.

El Maestro me dijo que era muy posible que aquellas memorias que yo buscaba, para mi propia protección, estuvieran almacenadas detrás de una de las incontables Puertas de la Mente. Me explicó mucho sobre aquellas puertas y cómo acceder a ellas, pero no lo entendí muy bien.

 

***

Luego de muchos rituales de purificación, el shamán me consideró digno y preparado para beber la poción sagrada que me permitiría acceder a una especie de estado astral dentro de mi propia mente. Estaba emocionado y nervioso, pero la bebí.

Era un líquido amargo y turbio, difícil de beber. De entre los tantos ingredientes que mencionó solo uno llamó realmente mi atención. El Maestro me explicó que la liana, conocida como la soga del muerto, era clave para acceder al estado de conciencia necesario para mi exploración. No tuve objeciones. Todas las enseñanzas, todas las pociones, todos los rituales, todo llegó a tener sentido para mí. Había poder en los actos del Maestro, un poder innegable.

 

***

—¿Dónde estoy? —dije yo, luego de despertar y verme rodeado por un paisaje de arena infinita, un desierto.

—Estás dentro del desierto del conocimiento, dentro de tu mente —me respondió telepáticamente el Shamán, que me guiaba en forma de voz en mi cabeza.

—¿Qué debo hacer? ¿Busco la pirámide de las inscripciones que me mostró, Maestro?

—Efectivamente, Daniel. El ojo de Horus es la señal.

Busqué por mucho tiempo. Vagué por ese desierto lo que se sintió como días. No había nada. Mi apariencia física se sentía igual, aunque mi vestimenta era una armadura de lo más extraña, con una capa y unas extrañas estrellas que flotaban sobre mi cabeza. El Maestro dijo que aquellas estrellas eran reflejo de mi alma. Una era blanca y representaba mi bondad. Otra era negra y representaba mi maldad. La del medio era mitad blanca y mitad negra y representaba el mal dentro de mi bondad y el bien dentro de mi maldad.

Luego de lo que sentí como semanas, hallé una extraña pirámide en medio de la nada. El Maestro cada vez hablaba menos conmigo, pero supe enseguida que era la que estaba buscando. Era una pirámide invertida, girando como trompo. Arriba de ella estaba el ojo de Horus, protegiéndola con una esfera de viento que giraba más rápido que cualquier tornado que haya visto. Era una imagen imponente, intimidante.

—Al fin la hallas, Daniel —dijo el Maestro Duncan, dentro de mi mente.

—Sí, Maestro. ¿Qué es? ¿Qué debo hacer? —dije realmente confundido.

—Es la pirámide del conocimiento. Todo lo que has sabido, sabes y sabrás, está contenido dentro de aquel lugar —me respondió, con un tono que me transmitía calma, como si realmente supiera con certeza todo lo que decía.

—¿Dentro? ¿Debo entrar?

—Así es. Allí dentro está lo que buscas… y más.

—¿Cómo desactivo el tornado que la protege? —era evidente que aquel tornado me espantaba al punto de no querer siquiera dar un paso hacia adelante.

—¿Temes, Daniel? Si temes al conocimiento, el conocimiento nunca será tuyo. Debes perder el temor a entrar.

—Siento, en lo más profundo de mi ser, que si entro: el tornado me matará —dije con toda la sinceridad del caso.

—Esa es tu lección. Decide: o te quedas y la superas, o regresas sin nada —el Maestro fue severo en sus palabras.

—¡No regresaré! Llevo mucho tiempo intentando hallarme a mí mismo como para retroceder.

—Aquí estaré, llámame si decides renunciar.

 

***

Sentí que tenía todo el tiempo del mundo. Y lo usé. Pasaron meses, medité en aquel lugar durante todo ese tiempo. Debía perder el miedo a la muerte si quería cruzar aquel tornado. Pensé y pensé, hasta que mi miedo se desvaneció. Decidido, me acerqué al tornado. El ruido era ensordecedor y el viento me hacía cortes en la piel, más profundos mientras más me acercaba. No me dolían.

Cuando estuve frente a frente con el tornado, medité mucho. El ojo de Horus me habló:

—Si te acercas más, perderás tu alma.

Tomé esas palabras como una medida de seguridad, diseñadas para alejar por completo a quien haya llegado tan lejos. Debo confesar que esa voz retumbaba en mi alma y me generaba un terror profundo.

—Lánzate. Supera el miedo —me dijo el shamán.

Me lancé, decidido. Y el viento destrozó mi cuerpo.

 

***

—¿Dónde estoy? —pregunté. Me hallaba en un lugar muy oscuro, con una puerta que brillaba levemente en el fondo del lugar.

—Estás en el jarrón —me dijo una pequeña bola de luz blanca, de brillo tenue.

— ¿Cuál jarrón? ¿Qué rayos es todo esto? —pregunté, muy asustado al darme cuenta de que ya no tenía cuerpo y que yo también era una bola de luz tenue.

Eres la víctima número veintiuno del alquimista de las almas.

—No entiendo nada —dije asustado.

—El que considerabas tu maestro, te engañó. Al igual que a todos nosotros —dijo aquella alma, señalando a otras bolas que murmuraban cosas raras—. La pirámide del conocimiento no existe. Lo que viste era la Puerta del Alma. Tu alma salió de tu cuerpo y, por medio de los poderes del alquimista, terminó dentro de este jarrón.

—¿Pero este jarrón qué es? ¿Por qué nadie sale por la puerta?

—El jarrón es la fuente de los poderes del alquimista. Se alimenta de nosotros, de la cordura de las almas encerradas en este lugar —había un tono de resignación en su voz—. No toco la puerta porque aquel que lo hace enloquece en el acto, como los demás que ves aquí.

—¡Yo no me pienso quedar aquí por mucho! —grité y me desplacé hacia la puerta.

—Daniel, ¡espera!

Toqué la puerta sin pensarlo mucho. Ya me había deshecho de mi miedo cruzando la falsa pirámide del conocimiento.

 

***

—¡Daniel, Daniel! —oí una voz, no supe bien de donde venía.

—¿Quién eres? —pregunté. Me percaté de que estaba de nuevo en el cuarto del falso shamán.

—Soy el alma que habló contigo en el jarrón. Estoy a tu derecha.

A mi derecha estaba no solo el jarrón, sino también mi cuerpo casi inerte. Al fin lo entendía todo. Al traspasar la puerta y superar la locura de la que estaba impregnada, me terminé apoderando del cuerpo del shamán.

—Ya puedes romper el jarrón, Daniel. ¡Y todo volverá a la normalidad!

Toda mi vida había sido engañado, incluso esta vez. Estaba harto de los engaños, así que le respondí a la voz que venía del jarrón:

—¡Yo no quiero que nada vuelva a la normalidad! Ahora yo soy el alquimista y me quedaré con su conocimiento y su poder.

—Pero, Daniel, si dejas pasar mucho tiempo, no volverás a tu cuerpo.

—Pagué con mi vida este poder.  Tengo derecho a quedármelo.

—Daniel, ¡no!

Acallé la voz del jarrón tapándolo con un libro y grité:

—¡Gracias al Caos por la vida!


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Originalmente publicado en: Azahar literario

Roberto se había quedado sin conexión a internet por falta de pago. Su hermano estaba de visita y le insistió en que debía usar la computadora para un trabajo y que probaría suerte, esperando que regresara la conexión. El hermano se creyó afortunado cuando google.com cargó. Sin embargo, cada vez que realizaba una búsqueda, los resultados dirigían solamente a Wikipedia. Además, los artículos eran muy extraños, así que el hermano de Roberto dejó de usar la computadora y le aconsejó buscar un buen antivirus.

Cuando su hermano se marchó, Roberto quedó intrigado de por qué su computadora realizaba búsquedas aún sin haber pagado la cuenta de Internet. Desconectó el cable de red y los resultados de las búsquedas aún seguían saliendo. El problema era que seguía mostrando resultados extraños. Todos los artículos de la Wikipedia estaban alterados, eran diferentes. Eran resultados que no aplicaban para el mundo real en lo absoluto, pura fantasía. Roberto, amante de la ciencia ficción, se encaprichó mucho. Leía y leía y no entendía nada. También se dio cuenta, luego de pagar las cuentas, de que en la Internet normal no hallaba nada ni remotamente parecido a lo que hallaba cuando desconectaba su computadora de la Internet. Pasó meses leyendo, hasta que se familiarizó con la lógica de aquellos resultados.

Con los años, Roberto adquirió el gusto por la erudición. Pasaba mucho tiempo leyendo artículos tanto de este mundo como del mundo ficticio que leía en su vieja computadora. Leía, comparaba y analizaba. Y, poco a poco, el mundo del que leía dejó de parecerle ficticio, se convenció de la exactitud científica de su existencia.

Hicieron falta veintiún años para que, por medio de tanto estudio, su comprensión de este mundo, y también del otro, llegaran a estar a la par de los últimos avances de la ciencia. Llegó un momento en que sus investigaciones se centraron en la ubicación exacta de dicho lugar. Se dio cuenta de que los datos de la Wikipedia del otro mundo estaban incompletos, entrecruzados o faltaban referencias cuando de la ubicación se trataba.

Mucho tiempo pasó hasta que Roberto descubrió el misterio. Hizo muchas llamadas a científicos y universidades. Se percató de que este mundo y el otro tenían una extraña relación, como si de mundos paralelos se tratase. Cuando descubrió la verdad, quedó impactado: el mito de la tierra hueca no era del todo falso. Sus investigaciones indicaban que, bajo la tierra, había una enorme burbuja que contenía un mundo entero, pero que nadie la hallaba porque estaba en constante cambio de ubicación.

Sus investigaciones prosiguieron. Anunció sus hallazgos a los medios científicos, pero lo tomaron por loco. Muchos años pasaron hasta que Roberto logró ingeniarse un método para ubicar aquella burbuja, aquel mundo. Era ya muy anciano pero, viendo que por fin había descifrado la última pieza del misterio, decidió gastar sus últimos ahorros y marcharse para ver con sus propios ojos el objeto de la investigación que le tomó toda una vida.

Halló dicho lugar. Pudo entrar. Era un sitio enorme, como una gran selva iluminada por un extraño sol pequeño que nunca se ponía. Logró sobrevivir varios días comiendo plantas silvestres, que distinguió fácilmente de las venenosas por el amplio conocimiento adquirido a lo largo de los años. Al estar dentro, se dio cuenta de que sus achaques de vejez se aplacaban, asumió que era por los nutrientes de las plantas.

Se sabía los mapas de memoria, por lo que caminó de manera casi directa al centro de aquel lugar, que era cuna de la única ciudad de aquel mundo. Roberto no se daba cuenta, pero rejuvenecía a cada instante que pasaba. Cuando llegó a la civilización y pudo contactar con la gente, usó su dominio perfecto de la lengua nativa para pedir una audiencia con el Rey. La gente lo miraba con asombro, pero no con desconfianza.

Eventualmente llegó ante la presencia del Rey. Le contó todo lo que tuvo que pasar para llegar, que era más o menos la historia de su vida. Pasaron horas hasta que terminó de contar todo. Todos oían atentamente, sin acotar nada, eran una raza muy educada. Cuando Roberto terminó su monólogo, el Rey dijo:

QelvaD jIH ghov. ‘ach legh lom. SoH legh Qup vabDot pagh vImuSchugh loD qan Dajatlh. ‘e’ ambicionara nuvpu’ qej ‘e’ laH tIHmey SoH qo’ HoSqu’mo’ eternal pobIQ ‘oH natural.

Roberto quedó impactado, y dijo:

—Vaj pa’ remedy?

El rey le respondió:

Qo’. ‘ach laH taH SoH naDev law’ adviser. SoH not luj pagh. bo’retlhDaq vay’ ‘Iv rur SoH, deciphering clues, quvvam puH gho’.

Roberto dijo:

—Vaj, ta’be’vaD ghItlhvetlh.

El rey respondió:

— DaH jImej Samsara jatlh. majQa’ Moksha!

Roberto fue dado por desaparecido en el mundo humano. Nunca más se volvió a saber de él.

 

***

El diálogo traducido al español fue algo como esto:

—Reconozco tu sabiduría. Pero mira tu cuerpo. Te ves joven aunque dices que eres un anciano. Eso significa que no podrás regresar a tu mundo, porque la gente ambicionaría la juventud eterna que para nosotros es natural— dijo el Rey

—¿No hay remedio? —dijo Roberto, casi al punto de la resignación.

—No. Pero puedes quedarte aquí, como consejero. Nunca te faltará nada. Esperábamos a alguien que, como tú, descifrando las pistas, sea digno de pisar estas tierras —respondió el Rey—. Pero a tu mundo no puedo dejarte volver.

—Que así sea, su majestad —dijo Roberto, lleno de emociones encontradas.

—Despídete del Samsara. ¡Bienvenido al Moksha! —gritó solemnemente el Rey.


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