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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Cierta raza extraterrestre sufrió la decadencia de su sociedad luego de que su sistema económico y productivo colapsara debido a la sobrepoblación y al consumo indiscriminado de sus recursos. Los combustibles fósiles, las tierras fértiles, el agua y cada recurso del planeta fue consumido hasta casi su desaparición, por lo que aquella civilización entró en un estado de conflicto permanente. Las guerras, el hambre, la sed y las pestes mermaron la población. Cuando todo parecía perdido para ellos,  la raza de seres interdimensionales conocida como Los Limitantes, contactó con sus líderes para proponerles un trato.

El planeta de aquella raza estaba en una ubicación espacio-temporal estratégica para un proyecto de suma importancia para Los Limitantes.  Ellos, luego de apoderarse de la tecnología de las cámaras de éter, se dedicaron a colocar dispositivos de manera tal que su cobertura llegara a prácticamente todo un universo. Dicha actividad fue realizada en varias dimensiones. Ellos necesitaban crear centros de vigilancia para monitorear la actividad de dichas cámaras. La propuesta de Los Limitantes era  la de contratar a todos y cada uno de los habitantes de aquel planeta para que realizaran las labores de monitoreo, reporte y mantenimiento de las actividades de los centros de vigilancia.

A cambio de su mano de obra, todos los habitantes recibirían la capacitación adecuada, un empleo garantizado, alimentación, vestimenta, habitación y acceso a entretenimiento. Todo proporcionado por Los Limitantes. La oferta parecía muy buena como para ser cierta y los gobernantes de aquel planeta, que ni siquiera contaban con la tecnología para viajar en el espacio, sospecharon mucho de ella. La población en general, sin embargo, desconocía de la propuesta que le hicieron a sus líderes. Los Limitantes, como gesto de buena fe, dotaron de agua y alimentos a toda la población. Los suministros eran suficientes para un año, luego del cual dijeron que regresarían para volver a ofrecer el trato.

Al cabo de un año Los Limitantes volvieron, formularon de nuevo la oferta pero fueron rechazados por los gobernantes de la decadente civilización, que no querían perder su posición privilegiada. En esa ocasión se fueron sin dejar más que una dotación de agua suficiente para un año,  y dijeron que volverían luego de ese tiempo para volver a ofrecer el trato. Durante ese período, los habitantes del planeta no sufrieron de sed, pero sí de hambre. Muchos murieron por esa causa y la población en general se volvió contra sus gobernantes, luego de que se filtrara la información de la propuesta realizada a sus líderes. La población asesinó a sus gobernantes y esperó con paciencia el regreso de quienes les dieron agua y comida.

Al cabo de otro año Los Limitantes volvieron y formularon de nuevo su oferta. Esta vez, ya sin líderes codiciosos estorbando, los pobladores accedieron. Cumpliendo con su palabra, dotaron de agua y alimentos a la población mientras construían la infraestructura de los centros de vigilancia. La población se dedicó a observar cómodamente como se ponía en marcha el gran proyecto de quienes ahora consideraban sus salvadores. Una vez construida la infraestructura necesaria, empezó el proceso de capacitación.

Los pobladores recibieron una educación que consistía, entre otras cosas, en la enseñanza del idioma de Los Limitantes y el manejo de la tecnología necesaria para realizar sus tareas. Debido a que la tecnología de monitoreo de cámaras de éter requería la comunicación directa entre las máquinas y el cerebro de quien las maneje, los pobladores recibieron también un entrenamiento en psiconáutica básica.

Los Limitantes, una vez ganaron la confianza de los habitantes del planeta,  empezaron a introducir sutil, pero sistemáticamente, cambios en su sociedad. Con el paso de varias generaciones, desaparecieron los idiomas autóctonos del planeta. La variedad de vestimenta también acabó puesto que los recursos proporcionados eran exactamente iguales para todos. Debido a que la alimentación era artificial, la esperanza de vida era controlada  por Los Limitantes, así como la apariencia y prácticamente cualquier aspecto de la conducta de los pobladores del planeta. Otra de las consecuencias de la alimentación artificial fue la esterilidad de toda la población. Los Limitantes ofrecieron una solución a los habitantes y la reproducción también terminó siendo artificial y controlada por ellos. El género femenino desapareció.

Pasados unos siglos, la individualidad dejó de existir en aquel planeta. Debido a que los cambios impuestos por Los Limitantes fueron graduales, los habitantes originales no pudieron prever en lo que terminaría convirtiéndose su planeta. La cultura  original de aquella civilización se perdió por completo. Las nuevas generaciones solo conocían la vida donde todos trabajaban en los grandes centros de vigilancia, comían siempre lo mismo y vestían exactamente de la misma manera.

Debido a su educación, impartida y controlada por Los Limitantes, los pobladores de aquel planeta no conocían ni aspiraban a una vida mejor. Sin embargo, entre tantos seres conformistas y sin individualidad, surgió en uno de ellos el deseo de pensar por sí mismo. Esa virtud lo llevó a desear ser único y ese deseo lo llevó a querer superar las limitaciones impuestas por aquellos que se adueñaron de su planeta. Ese ser, cuyo código de serie era ARJC16L-21, decidió un día otorgarse un nombre propio.  Aquella luz emanada por el aura de ese ser, contrastó mucho entre el gris común del aura de sus congéneres. Ese brillo rojizo fue el que me guió a mi posible nuevo dueño, que se hace llamar Ser Interdimensional #21 en los reportes que escribe por iniciativa propia. Me esconderé en las bodegas de su oficina esperando a que me encuentre.


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Cierta raza extraterrestre sufrió el colapso de su civilización luego de que un fenómeno geológico provocara que la rotación de su planeta se detuviera. Eventualmente, el núcleo colapsó y el campo magnético del planeta desapareció. Las tecnologías de comunicación se volvieron obsoletas y la población cayó en el pánico y la anarquía.

Luego del caos llegó la mortandad. Las corrientes marinas de aquel planeta dependían de su rotación. Sin corrientes, el  agua del mar empezó a estancarse. Los gases y los microorganismos, propios del proceso de putrefacción de la fauna y flora marinas, provocaron la muerte de la mayor parte de los habitantes. La reina tenía un cuerpo especial que, en situaciones de estrés, podía exudar un líquido nutritivo. Con dicha sustancia alimentó a sus mejores científicos para aumentar su resistencia e inteligencia. Los científicos tenían la misión de desarrollar una forma de perpetuar el legado de su raza.

Poco después de que la reina muriera, el último científico vivo ideó una forma de resolver el problema. Logró sintetizar el exudado de la reina para fabricarlo y usarlo en él. Gracias a esto aumentó enormemente su esperanza de vida. Usando esa vida extendida, y los recursos restantes de su planeta, desarrolló un método para condensar la información genética de su raza y contenerla dentro de pseudobacterias. Sin embargo, las pseudobacterias necesitaban de ciertas condiciones para poder generar insectoides viables.

Una vez que el científico perfeccionó la técnica de las pseudobacterias, insertó en ellas no solo información genética sino también conocimiento. Avances científicos, la historia del decadente planeta, datos culturales y todo lo necesario para que, al prosperar los nuevos seres, pudieran revivir el legado de su extinta civilización. Luego de preparar todo lo necesario, el científico usó los últimos recursos que le quedaban para construir una nave que lo mantuviera en animación suspendida mientras recorría el universo en búsqueda de un planeta adecuado para que las pseudobacterias prosperen.

Muchos años pasaron y la nave del científico insectoide por fin logró identificar un planeta viable. La nave inició el proceso de reanimación de su único tripulante. El planeta detectado por la computadora de la nave era uno conocido como La Tierra. El planeta era ideal, puesto que contenía una atmósfera compatible con la raza insectoide, además de tener habitantes con las características biológicas necesarias para contener a las pseudobacterias.

Las pseudobacterias eran, en realidad, contenedores sin vida. Debido a que en esa raza la reina era la única hembra, la reproducción del científico era imposible. Además estaba por quedarse sin suministros del líquido nutritivo que le permitía seguir viviendo. Pese a todo, esos inconvenientes estaban dentro de sus astutas predicciones.

Al aterrizar en el planeta Tierra, el científico empezó un viaje de reconocimento. Con la información obtenida definió el lugar óptimo para liberar a las pseudobacterias. El lugar definido fue una fuente de agua cerca de un poblado pequeño. El científico tomó la caja que las contenía  y las liberó en el agua. Con el tiempo detectó algunas infecciones exitosas entre los pobladores.

Una vez logradas las infecciones, el científico dedicó su tiempo a monitorear cuidadosamente a sus especímenes. Logró demostrar su más grande teoría, las pseudobacterias podían usar como alimento las ondas alfa emitidas por los seres humanos. La energía obtenida serviría para activar la parte de las pseudobacterias encargadas del almacenamiento de información. Para lograr que las pseudobacterias se convirtieran en huevecillos viables de la raza insectoide, necesitaban exponerse a un tipo de onda alfa especial que los seres humanos solo pueden emitir al momento de morir. Al científico insectoide no le convenía matar pronto a los infectados, puesto que mientras más tiempo estuvieran expuestas a las ondas alfa, más información podría recuperarse de las pseudobacterias.

Cuando uno de los infectados moría, el científico esperaba un tiempo prudencial y exhumaba el cadáver para retirar los huevecillos viables. Finalmente, los huevecillos eran tratados para extraer los datos y, luego, eran almacenados por el científico para su posterior eclosión.

Eventualmente el científico murió. Pero logró almacenar suficientes huevecillos como para hacer posible la restauración de su raza. La programación de la nave fue diseñada para incubar de forma optimizada cada huevecillo. Además, la nave tenía la instrucción de insertar la información de la historia de su raza y cultura a cada nuevo insectoide que lograra eclosionar. Gracias a esta información tendrían clara su consigna final: eliminar a la raza humana y apoderarse del planeta.


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Existe un ritual de alquimia conocido como magia lunar. El ritual consiste en una complicada serie de pasos cuya finalidad es la unión sagrada de dos almas. Los seres que inician el ritual suelen estar separados por grandes distancias en el mundo material, por lo que su deseo más profundo es poder eliminar dicha distancia mediante el contacto en el plano astral.

Los ingredientes para este ritual son tan difíciles de conseguir que muchos entendidos consideran que su ejecución es prácticamente imposible, llegando incluso a comparar su dificultad con la de la fabricación de la piedra filosofal. La magia lunar solo puede llevarse a cabo por dos seres que hayan alcanzado un despertar suficientemente profundo como para tener no solo conocimiento de sí mismos, sino también  de la existencia, naturaleza y manejo de su propia alma.

El ritual empieza con el contacto entre dos seres que son al mismo tiempo materiales y receptores de la magia lunar. Una vez establecido el contacto, las parejas necesitan desarrollar una intimidad emocional profunda. Cuando dicha intimidad está consolidada, el siguiente paso consiste en declarar embajadas en el cuerpo de la pareja. Las embajadas se manifiestan físicamente en forma de lunares que aparecen en zonas cercanas al pecho. Las embajadas son a la vez un lugar y una antena. Son un lugar porque allí se recibe al compañero cuando va de visita, y son una antena porque emiten señales astrales que son la base del ritual.

Una vez establecidas las embajadas en el cuerpo de la pareja, el siguiente paso es usarlas para profundizar aún más la intimidad ya lograda. Empieza, entonces, un proceso de sincronización mental y emocional. Durante dicha sincronización, ambos seres empiezan a conocerse de una manera más elevada. No son raros los casos en que las parejas iniciadas en el ritual se terminan contando sus vidas completas, sus miedos más profundos, sus sueños más fervientes. El final de este paso ocurre cuando los dos seres terminan conociéndose entre sí casi en la misma medida en que se conocen a sí mismos. Está de más decir que no todas las parejas pueden lograr dicho grado de intimidad mental y emocional. Tampoco son raros los casos en los que, por este motivo, ocurre un rechazo de la embajada y el ritual se echa a perder.

Si las parejas logran superar los obstáculos y edificar la intimidad antes descrita, mediante el desarrollo de un vínculo de amor profundo y verdadero, las embajadas quedan listas para el siguiente paso. Una vez han alcanzado todo su potencial, las embajadas pueden usar la luna más cercana que tengan como antena amplificadora para la manifestación más poderosa de la magia lunar. Esta consiste en el envío simultáneo y sincronizado de señales desde la embajada de cada miembro de la pareja hacia la luna más cercana. La luna, al amplificar las señales, se convierte en una habitación astral a la que acceden las almas de las parejas para encontrarse y establecer contacto presencial. A su vez, dado que no solo las almas están conectadas sino también los cuerpos, las parejas pueden experimentar físicamente el contacto que tienen en la habitación astral.

Las sensaciones físicas derivadas de un contacto astral son imposibles sin la intervención de los efectos de la magia lunar. La magia lunar también potencia los efectos de la comunicación entre los seres participantes, por lo que no es raro que estos, con el tiempo, terminen implementando su propio código de símbolos que solamente ellos entienden. Algunas parejas incluso desarrollan su propio idioma.

Cuando los participantes logran la manifestación más poderosa de un ritual de magia lunar, terminan estableciendo entre ellos una unión sagrada conocida como Hieros gamos. El Hieros gamos es el único proceso de alquimia capaz de convertir a dos seres incompletos en dos seres completos. Es decir, la práctica continua de la magia lunar logra que los seres participantes evolucionen. El Hieros gamos no fusiona a dos seres incompletos para formar un ser completo,  sino que consigue explotar el potencial del alma de cada uno, dando como resultado dos seres completos, independientes en sus respectivos planos materiales.

Dado que el Hieros gamos es una herramienta de evolución, la raza de seres interdimensionales conocida como Los Limitantes se dedicó a perseguir y a castigar dicha práctica. Por este motivo, la magia lunar está casi extinta y su práctica actual se realiza desde la clandestinidad.


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Cierto día, un demonio conocido como Saratu, el descifrador fue atrapado y juzgado por los dioses mayoresLa pena para Saratu fue la de pasar la eternidad en la prisión conocida como La galería de jarrones, una cárcel para delincuentes con habilidades destructivas en la que se depositaba a los prisioneros dentro de un jarrón restrictivo que convertía la materia física en astral, impidiendo su manifestación en el mundo material.

Gracias a sus sorprendentes habilidades, Saratu logró descifrar una manera de escapar. Usando ciertas artimañas, logró usar el estado inmaterial de su cuerpo para entrar en los sueños de uno de sus sirvientes. El sirviente, siguiendo las instrucciones, usó ciertos objetos de su amo para colarse dentro de La galería de jarrones sin ser vistoUna vez dentro, reemplazó el jarrón que contenía a Saratu por un señuelo. El jarrón señuelo emitía señales falsas de su presencia para poder engañar a los supervisores de la cárcel.

Luego de colocar el jarrón señuelo en su sitio, el sirviente activó otro de los objetos de su amo. El objeto estaba diseñado para usar como combustible al ser que lo activara, abrir un portal hacia otra dimensión y desparecer cualquier rastro que indicara su activación o destino. Así fue como Saratu escapó de La galería de jarrones y nadie, salvo él mismo, conocía la posición exacta del jarrón que lo contenía.

***

Eventualmente el jarrón llegó a parar al planeta Tierra. En la cárcel, los supervisores realizaban constante mantenimiento a los jarrones. Verificaban también que estos estuvieran siempre alejados de cualquier fuente de energía que pudiera absorber el delincuente. Ya lejos de aquellos cuidados, el jarrón que contenía a Saratu tuvo acceso a varias fuentes sutiles de energía.

Usando los recursos disponibles, Saratu recuperó algunas de sus habilidades. Sin embargo, el jarrón era un objeto de restricción muy poderoso. Liberarse de la prisión seguía siendo algo que estaba fuera de sus capacidades. Así fue como Saratu empezó un entrenamiento que llamaba rehabilitación aural.

Luego de algunos años de rehabilitación aural, Saratu recuperó su percepción extrasensorial, su telepatía políglota y su avanzada capacidad para descifrar patrones matemáticos. También, después de mucho tiempo de poner todo su intelecto en descifrar una vía para escapar del jarrón, se ideó una larga y complicada forma de hacerlo. Aunque todavía no podía moverse por voluntad propia, podía usar su telepatía para manipular a los seres humanos y así cambiar de sitio.

***

Luego de mucho buscar, Saratu al fin logró encontrar a un ser humano con el tipo de sangre adecuado para su plan. Manipuló todas las circunstancias a su alrededor para poder llegar, en calidad de adorno, a la casa del ser humano en cuestión, un niño. Saratu ya estaba donde quería y solo debía esperar a que el niño alcanzara la edad de veintiún años para poder usar su sangre para sus propósitos. Mientras tanto, usando su telepatía de forma sutil, moldeó secretamente la mente del niño para que creciera bajo ciertos ideales que le convenían. También lo manipuló  para que se abstuviera de ciertos alimentos.

Entonces llegó el cumpleaños número de veintiuno de Teobaldo.

—Buenos días, Teobaldo. Te hablo desde dentro de tu mente —dijo Saratu desde el jarrón, usando su poder de telepatía.

Teobaldo se exaltó al oír la voz, pero no estaba asustado. La manipulación mental de Saratu había surtido efecto muchos años antes.

—No te asustes, necesito conversar contigo —dijo Saratu, en un tono que transmitía la idea de que todo estaba bajo control—. Ven a la sala y lleva el jarrón a tu cuarto. Yo soy el jarrón.

Teobaldo no cuestionó, llevó el jarrón al cuarto y empezó a examinarlo.

—¿Qué buscas, Teobaldo? ¿Quieres hablar conmigo? —increpó Saratu.

—Sí. Reviso el jarrón para verificar que no estoy loco —dijo Teobaldo.

—No lo estás. Las historias que has leído todos estos años sobre demonios y pactos son ciertas. Vengo a ofrecerte el pacto que buscabas —dijo Saratu—. Sé que quieres grandeza y yo vengo a ofrecértela.

—Sé que los pactos tienen un precio —respondió Teobaldo—. Dime el tuyo y lo consideraré.

Dentro de la manipulación mental de Saratu hacia Teobaldo, estaba el inculcarle historias sobre pactos demoníacos, ideales misántropos y una sensación de superioridad moral. De esta forma, al ofrecerle el pacto a Teobaldo, este aceptaría sin poner objeciones. El hecho de que Teobaldo aceptara el pacto por voluntad propia era sumamente importante para Saratu.

—De ti solo pediré tu sangre y cierta alimentación ritual —respondió Saratu—. A cambio yo te daré acceso ciertos beneficios que detallo en un contrato.

—¿Dónde está el contrato? —dijo Teobaldo, interesado en analizar con calma la propuesta.

—Necesito que hagas algo para mostrarte el contrato —respondió Saratu, percibiendo que el adiestramiento de Teobaldo había sido un éxito rotundo—. Necesito que sigas las instrucciones que te voy a dar.

Saratu le dio instrucciones muy detalladas para crear un dispositivo electrónico que permitiría conectar el jarrón con su computadora.

***

Saratu estaba por terminar su plan para salir de prisión. Una vez que Teobaldo terminó el dispositivo de conexión con la computadora, Saratu usó sus habilidades para dominar por completo el sistema computacional y usarlo como interfaz de comunicación.

—Todo está listo, Teobaldo —dijo Saratu—. Enciende la computadora y podrás ver el contrato, imprímelo.

Teobaldo leyó con mucha atención, se tomó su tiempo. Luego de despejar todas sus dudas, consideró que el trato era bastante justo. Entonces se dirigió a la computadora y habló con Saratu.

—Quiero aceptar, Saratu —dijo Teobaldo.

—Entonces firma con tu sangre el contrato impreso y quémalo como se te indicó —dijo Saratu, bastante satisfecho por dentro—. Luego ven a la computadora y termina de seguir las instrucciones.

Teobaldo hizo tal como se le ordenó y regresó a la computadora.

—Bien, ¿ahora qué tengo que hacer? —preguntó Teobaldo, ya saboreando la grandeza.

—Instala la aplicación y empecemos con todo —respondió Saratu, que ya había preparado la computadora para ese momento.

Teobaldo instaló la aplicación especial de Saratu y la abrió. En esta se mostraban gráficos de todas las mediciones químicas y médicas  del cuerpo de Teobaldo: glucosa, glóbulos rojos, glóbulos blancos, temperatura y una larga lista de etcéteras. Además de estos datos, se presentaba un itinerario completo de la alimentación exacta que debía seguir: tipos de alimentos, horarios, cantidades y otra gran lista de etcéteras.

—Está bien, me familiarizaré con esto —dijo Teobaldo—. ¿Desde cuándo puedo usar los beneficios?

—Desde este preciso instante —dijo Saratu, muy complacido.

***

Saratu necesitaba que, cada cierto tiempo, Teobaldo le diera de beber cierta cantidad de su sangre. La sangre de Teobaldo era el ingrediente principal de la receta que permitiría a Saratu recuperar su forma física. La sangre debía contener ciertos niveles de nutrientes que solo podían conseguirse mediante la dieta ritual. También debía ser entregada por voluntad propia y de un ser cumpliendo su más ferviente ideal. Esta era la razón por la que Saratu manipuló los ideales de Teobaldo, al igual que su alimentación. Solo haciendo las cosas como lo había hecho, hubiera podido lograr todos los ingredientes de su ritual. Con el tiempo Saratu tomó cierta forma física, que usó para beber la sangre de forma más cómoda.

La alimentación ritual era un completo suplicio. Incluía temporadas de completa inanición, junto a otras temporadas de atracones y molestos cambios alimentarios. La salud de Teobaldo se veía constantemente afectada. Sin embargo, lo que él obtenía de Saratu era algo invaluable. Saratu funcionaba como un descifrador de contraseñas que Teobaldo usó para amasar una gran fortuna y un enorme poder político.

Teobaldo tenía un gran sentido de justicia social, inculcado por Saratu. Con el tiempo logró reunir  un grupo selecto de seguidores. Junto a estos, empezó una campaña de hacktivismo que consistía en la revelación pública de documentos que implicaban en corrupción a miembros de los gobiernos de todo el mundo. Puesto que el trabajo de Saratu era impecable, nunca pudo rastrearse a quienes filtraron los documentos.

El proceso de revelación pública de dichos documentos se realizó por muchos años, de forma sistemática, y provocó un impacto social profundo en la democracia mundial. Las pruebas contra los políticos eran contundentes y, sin embargo, nadie iba a la cárcel. En todo el mundo estallaron protestas, se exigieron renuncias. La campaña de hacktivismo respaldaba al pueblo. Los políticos no podían usar los métodos convencionales para parar la situación. No podían comprar a nadie porque ya todos estaban expuestos. Empezaron las renuncias y los juicios.

Otras personas tomaron el lugar de los corruptos. Pero, de vez en cuando, se volvían a cometer los mismos crímenes. Entonces Teobaldo y sus seguidores repetían el proceso de revelación pública y los corruptos caían presos. Con el tiempo ya no se cometían actos de corrupción. Todos aquellos que ocupaban un puesto público se sentían vigilados. La corrupción a nivel público ya casi no existía. Teobaldo y su grupo manejaban los hilos de la política mundial a su antojo y se favorecían a sí mismos al no revelar sus propios actos de corrupción.

Con el tiempo el poder de Teobaldo y su grupo fue casi absoluto. Sin embargo, aunque Teobaldo no estaba enterado, estaba cercano el momento en que Saratu recuperaría su libertad.

***

—Bien, bestia, necesito acceder a otro servidor —dijo Teobaldo, con mucha arrogancia—. Dame la clave.

—¡No! —dijo Saratu, en un tono aun más arrogante.

—¿Quieres romper el pacto? —contestó Teobaldo, enojado con el demonio con el que había coexistido por años—. ¡Si no me das la clave arruinaré tu ritual comiendo lo que no se debe!

—¡No me importa! —dijo Saratu.

—¿Ah sí? ¿Y qué piensas hacer, estúpido jarrón?

—¡Matarte con mis propias manos!

En ese momento Saratu terminó el ritual que le había costado décadas. Recuperó su cuerpo y mató a Teobaldo. Luego, eliminó cualquier evidencia del asunto del jarrón y fue a buscar a los seguidores de Teobaldo, para acabar con ellos uno a uno.


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Originalmente publicado en: Revista Pluma Roja

En el siglo XXIII, luego de una explotación masiva e indiscriminada, el suelo fértil de la mayor parte del planeta se volvió estéril.  Los científicos, en su afán de dar una solución al problema, realizaron investigación tras investigación. Luego de un gran esfuerzo lograron inventar un proceso revolucionario que permitía imprimir moléculas orgánicas a partir de moléculas inorgánicas, proceso que sirvió de base para el diseño de las primeras proteínas, carbohidratos y grasas de origen totalmente sintético.

Con el paso del tiempo, muchos alimentos fueron reemplazados por la comida sintética. La alimentación de prácticamente toda la población humana llegó a estar basada en las moléculas sintéticas, puesto que eran baratas y, hasta donde proclamaban los gobiernos, eran muy seguras para el ser humano. Las décadas pasaron y ya pocos recordaban comida alguna que hubiera sido cultivada o criada de forma natural.

***

«Sigue vigente la polémica surgida por la publicación de los estudios del doctor Dusell Meyer —dice una voz desde la televisión—. La comunidad científica niega categóricamente que los alimentos basados en moléculas orgánicas sintéticas impliquen algún riesgo para la salud humana. También critican la investigación del doctor Meyer, alegando que es una simple correlación malintencionada y que la reducción de la esperanza de vida en todo el mundo no tiene que ver en lo absoluto con las moléculas sintéticas».

—Mira, otra vez mencionan eso en las noticias.

—¿Lo del loco que dice que la comida sintética nos está matando?

—¿Tú no crees en eso que dice el doctor Meyer?

—Yo no creo en esas cosas. Me parecen patrañas.

—Yo sí creo que es verdad. Antes de que él anunciara algo, nadie se explicaba por qué cada año se reduce la tasa de nacimientos y la esperanza de vida.

—Es solo un vago que se dio cuenta porque ha pasado su vida entre números. No hay que hacerle caso.

—No sé, todo me parece raro. Muy convincente. Antes nadie se había tomado la molestia de observar esos datos. Además, si fuera un loco, la comunidad científica no lo perseguiría tanto.

—Bueno, eso no te lo niego. Eso del atentado del año pasado sí me llamó la atención. Esas cosas nunca son casualidades.

***

Las investigaciones y anuncios del doctor Meyer fueron ignorados. El argumento que utilizaba la comunidad científica  era que no existía un incremento significativo en cuanto a cáncer u otro tipo de enfermedades y que, por tanto, los alimentos sintéticos no dañaban la salud del ser humano como para culparlos de la reducción de la esperanza de vida. Los medios se quedaron contentos con la explicación, y el doctor Meyer cayó en el descrédito científico mundial.

Pero aquel descrédito no fue el fin de la carrera de Dusell Meyer. El doctor dedicó su vida a una investigación muy importante, que lo hubiera hecho digno de un gran reconocimiento. Sin embargo, la política y la industria alimentaria no dejaron que tuviera su momento de gloria. Antes de completar su investigación, el doctor Meyer murió en condiciones muy sospechosas. La versión oficial fue la de un accidente de tránsito.

El doctor Meyer inició, sin darse cuenta, un movimiento que lo seguía. Con el paso de los años este grupo se fue tornando un tanto místico y casi sectario, hasta que desapareció del panorama público.

***

Otros años pasaron, y se volvió evidente que las declaraciones del doctor Meyer eran totalmente ciertas. Ni los medios ni la comunidad científica pudieron ya negar lo evidente: existía una relación entre la alimentación basada en moléculas sintéticas y un descenso de la fertilidad y de la esperanza de vida de la población humana.

La humanidad no podía explicarse aquel fenómeno, que ya mermaba diez años el promedio de vida humano, y temía por su futuro. Los científicos no lograron averiguar nada útil. Rediseñaban una y otra vez las moléculas sintéticas, cambiaban la receta, añadían. Buscaban partes que tal vez hubieran pasado por alto, partes que los alimentos convencionales tenían, pero que las moléculas sintéticas no.

Hallaron muchos componentes nuevos, los añadieron a la fórmula, pero nada pasaba. Los alimentos que se suponían perfectamente funcionales, y que incluso acabaron con muchas enfermedades, estaban restándole vida a la humanidad.

***

—¿De verdad cree que venir a conocer a esta tribu de locos nos va a ayudar en algo, doctor?

—Claro que sí, estoy seguro de que estas personas son a las que se refieren los manuscritos del doctor Meyer.

—Usted lleva años estudiando esas antiguas teorías. ¿No cree que tal vez el problema de la esperanza de vida humana ya se solucionó? Ya van como cinco años que no se reportan disminuciones en ningún lugar del mundo.

—¿De verdad le crees a esos estudios?

—Es lo que tenemos, señor.

—No. Esto que investigamos es lo que tenemos. Ya lo verás. Todos lo verán.

—¿Y qué trata de aprender con esta gente primitiva, doctor?

—Ellos, en su cultura, tienen un ritual dedicado a una diosa conocida como Pachamama.

—¿La Madre Tierra?

—Sí, esa misma diosa. Ellos afirman que existe algo que la Pachamama nos daba en los alimentos cultivados, algo que los humanos no podemos fabricar.

—Doctor, con todo respeto, ¿no cree que esas son locuras? Ya se demostró hasta el cansancio que los alimentos sintéticos tienen exactamente los mismos componentes que los cultivados y que…

—…incluso son mejores que los mismos alimentos naturales. Sí, yo estudié en la misma universidad que tú, me sé el discurso de memoria.

—Usted es un hombre de ciencia, ¿por qué creer en dioses y magia?

—Yo no creo en dioses, ni en magia. Yo creo en evidencias, y las evidencias me dicen que aunque los científicos no han logrado descifrar qué es: existe algo que le falta a la comida sintética, y la falta de ese algo hará que la humanidad no llegue a vivir ni dos siglos más.

—¿Y qué puede ser?

—Eso mismo es lo que vamos a averiguar. Lo único que sé es que la comunidad a la que vamos ha logrado aumentar su esperanza de vida en al menos diez años con respecto a la población promedio. Nadie está más cerca de la respuesta que ellos.

—Entiendo. Me intriga, la verdad.

—Ven, terminemos de comer y subamos el tramo de montaña que falta.

***

—Doctor, doctor, ¿está bien? ¿Qué le dieron? —preguntó el ayudante, asustado porque el doctor llevaba casi media hora inconsciente, luego de comer y beber lo que el líder del culto le dio.

—El doctor está bien. Solo descansa, solo tiene la visión —respondió el líder del culto.

—¿Lo drogaron? ¡Dígame!

—Señor, le sugiero que se calme y que espere otros treinta minutos. A veces el ánima demora en recorrer el cuerpo cuando éste no la ha recibido durante mucho tiempo.

—¿Ánima?

—Sí. Cuando el doctor despierte le dirá todo, luego dependerá de usted el creerle o no.

Pasados cuarenta y dos minutos de haber quedado inconsciente, el doctor despertó. Se incorporó y empezó a ver su alrededor, como extrañado de estar de vuelta.

—¿Se siente bien, doctor? —preguntó el desesperado ayudante.

—Cuéntenos qué vio —dijo el líder del culto.

—Usted tenía razón, hombre sabio. El doctor Meyer tenía razón. Eso que usted me dio de comer y beber estaba hecho con un alimento cultivado, ¿verdad?

—Sí —respondió el líder—, estaba hecho de solanum lycopersicum una planta de esas que se consideran extintas. Fue cultivada siguiendo el ritual del Anima Mundi.

—No entiendo nada de lo que hablan, doctor —dijo el ayudante—. ¿Me pueden explicar?

—Cuando comí el preparado, sentí como si algo en mi cuerpo por fin se saciara. Esa sensación desagradable a la que estamos tan acostumbrados, de la que normalmente ni nos fijamos, desapareció. Luego de eso me dio mucho sueño, y me recosté a descansar. Sentía que eso que había comido me recorría todo el cuerpo. Tuve un sueño. Me vi a mi mismo vestido de armadura, con doce soles a mi alrededor. En cada sol se podía ver una de las etapas del crecimiento del tomate. Vi la semilla germinar, la vi crecer, la vi florecer y fructificar, vi el fruto caerse y pudrirse, vi a las nuevas semillas repetir el proceso.

—¿Y todo eso lo vio solamente por haber comido tomates?

—No, no fueron solo los tomates. Era el alma de La Tierra. Con los alimentos sintéticos no existe transferencia de ánima de La Tierra a nosotros. Es como si estuviésemos desconectados de la fuente de la vida. Es necesario volver a comer cosas que nos den vida, de otra forma toda la humanidad simplemente desaparecerá, porque se alejó del ciclo.

—No entiendo nada de lo que dice, doctor. ¿Está usted bien? —preguntó el ayudante, bastante preocupado.

—Nunca me he sentido mejor. Si el líder me lo permite, puedo darte a probar una comida de verdad, para que entiendas lo que realmente nos hace falta en esta vida.

El líder trajo otra ración de puré y sopa de tomate y se la sirvió al incrédulo ayudante.

—Está bien, probaré.

El ayudante comió, tuvo la visión y despertó. Entonces sonrió, sus ojos brillaron y se sintió saciado por primera vez. Miró al doctor y le hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Al fin lo había comprendido todo.


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