Posts etiquetados ‘El alquimista marino’

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Thomas era el hijo ilegítimo de un sargento primero de la Marina, por lo que tuvo muy poco contacto con su padre. Pese a ello, cuando cumplió quince años, su padre decidió llevarlo de viaje a una playa muy lejana. Le dijo que admitía no haber sido una figura paterna para él, pero que lo único que podía darle como legado era enseñarle las artes de la alquimia que fueron el motivo de sus constantes viajes durante casi dos décadas. Thomas, por supuesto, se rehusó. Pero su madre lo obligó a obedecerlo como si de ella se tratara, incluso si pensaba que sus peticiones eran de lo más insólitas.

El entrenamiento duró alrededor de tres años y fue un curso intensivo de alquimia con un orden muy específico. Primero, debía recibir una preparación física y de supervivencia que le permitiera vivir de la naturaleza. Paralelo a eso, realizaban constantes ejercicios de meditación para sentir lo que su padre llamaba «la presencia del planeta». De hecho, lo llamaba de muchas formas: «el ánima del mundo», «la energía vital de La Tierra», «ánima mundi». Pero siempre se refería a lo mismo: una misteriosa sensación que, una vez identificada, puede ser sentida en todos los organismos vivientes.

Habían pasado casi tres meses y Thomas aún no entendía a qué se refería su padre. Llegó a pensar en el entrenamiento físico como un castigo de parte de su madre por su mala conducta. Además, la preparación física era incluso más estricta que una preparación militar. Para ese punto, se cuestionó el propósito de esa tortura no solo física sino emocional. Debido a que, aparte de las lecciones de meditación y rutinas de ejercicio intenso, él no establecía contacto alguno con él.

—¿Solo para esto me trajiste? ¿Para atormentarme con ejercicios y con discursos raros sobre presencias y energías? (más…)

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Jorō Spider», por Pamsai (CC BY-SA 2.0)

El alquimista marino gustaba de involucrarse en luchas clandestinas con el fin de medirse físicamente contra oponentes fuertes. Además, como cazador de rituales de vudú que era, ese tipo de lugares siempre le servía para obtener pistas que usualmente lo llevaban a capturar a ciertos practicantes de vudú de bajo rango.

El alquimista conoció una vez a un luchador de artes marciales que se hacía llamar Jorōgumo. Este luchador tenía la fama de excéntrico debido a su vestimenta; ropa muy holgada, capucha y máscara. Era considerado invencible y casi siempre se cobraba mucho dinero por verlo pelear, debido a que su fama de invicto hacía imposible realizar apuestas rentables.

El alquimista marino no dudó en retar a Jorōgumo a una pelea. Esta vez sí se realizaron apuestas. El alquimista marino era conocido por ganar cada encuentro al que se había presentado. Las apuestas estaban divididas. Sin embargo, casi todos los espectadores esperaban que Jorōgumo ganara la pelea. (más…)