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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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 Imagen: Wikicommons

“El precio de los errores se paga al morir. No hay juez ni orden, solo la rueda del dharma. Los actos de una persona generan en su aura una energía denominada karma, que puede ser positiva o negativa. Cuando una persona muere, las energías positivas y negativas se suman. Dependiendo del resultado, y de su magnitud, se define el destino de su siguiente vida. La rueda del dharma no tiene conciencia, es tan solo un filtro que lee los datos anotados en el aura.

El secreto de la alquimia kármica radica en manipular el flujo del karma negativo fuera del aura propia, contaminando el destino de otro para mantener un saldo positivo en el propio.” Bases de la alquimia sagrada, página 34.

Este libro cada vez me intriga más. Estoy empezando a obtener las respuestas que he buscado. Llevo poco tiempo observando a cierto individuo que escapó de un manicomio. Desde que supe de ese caso de cambio de cuerpos, monitoreo señales extrañas y evasivas de otros criminales que han escapado a los radares del CCEK. Estoy casi seguro de que estas personas buscan la simple vida eterna, sin saber el potencial del poder que utilizan.

Analizando estos extraños escritos, empiezo a creer que es posible la transferencia de conciencias de una dimensión a otra. Pronto podré empezar con mi experimento #1.

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Reportó para ustedes, el #21.


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Tortura onírica

Publicado: 28/05/2016 en Poesía
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I

Rey del mundo de los sueños, ¿por qué me torturas?

Regálame un terrenito de nubes y déjame descansar.

Si no me das el cielo, te ruego no me muestres el infierno.

 

Rey del mundo de los sueños, sé que no tienes la culpa.

¿Y si te pago con pedazos pulidos de sueños rotos,

me darás un terrenito en las nubes?

 

II

Voy a matarte, Rey, voy a despertar y a despreciarte.

¿Qué haces, Rey, por qué conviertes mi alma en ocho hormigas?

¿Por qué detienes el tiempo y me permites excavar en el agua?

 

Gracias, Dios del mundo de los sueños. Gracias por salvarme del Rey.

Lástima que no llegaste a evitar mi muerte.

Tal vez eso me hacía falta, una muerte que me devolviera la vida.


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Manos sucias

Publicado: 01/05/2016 en Poesía
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Imagen por: Camilla Soares

 

Yo era la mano limpia y tú la sucia.

Éramos adictas a los aplausos.

Tú perdías mugre y yo me llenaba de ella.

 

Quedaste un poco más limpia,

y llegaste a echar de menos la suciedad que te faltaba.

Ya no podías volver a ser del todo sucia: volviste a sentir.

Pero sólo te sentiste miserable.

 

Yo terminé con toda tu suciedad encima.

Acabé como una mano sucia que siente pudor ante ella misma.

Una mano con la que no te masturbarías.

 

Luego nos quedamos sin aplausos, sin risa ni sonrisa.

Dos manos sucias llorando por diferentes motivos.

En el aire no quedaron más ruidos,

solo la risa de La Nostalgia triunfante sobre otra historia de amor.

 

A veces me pregunto si eras tú la mano limpia y yo la sucia.


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Vapor

Publicado: 18/10/2015 en Poesía
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vapor overflowing from wine glass

Imagen por: Alon

I

De repente empiezas a morir.

Alguien viene y te traiciona.

La tradicional puñalada por la espalda.

 

Y te duele, agonizas muchos años.

Porque la muerte no es solo estar enterrado.

La muerte es la eternidad que existe entre la agonía y el descanso final.

 

No interesa si te apuñaló la suerte, una tragedia o  una pasión.

Solo interesa que agonizas.

Y te percatas de todo aquello que te has perdido de la vida.

 

II

Pero ya nada importa.

Estás a punto de descansar por siempre.

Y te acuestas en tu sofá favorito a ver la TV mientras esperas.

 

Pasan todos los programas del mundo,

pero no te mueres.

Sigues acostado como idiota.

 

III

Y tu miseria máxima acabó,

sufriste y agonizaste.

Pero no moriste.

 

Recuerdas todas las cosas de la visión.

Esa que te mostró todo lo que has perdido en tu vida.

Y comprendes que se te murió la vida como la conocías.

 

Pero que esa vida era un planeta más.

Uno que explotó y a cuya destrucción sobreviviste.

Y te das cuenta de que puedes respirar en el espacio.

IV

¿Hay vida después de morir en vida?

¡Sí que la hay!

Pero yo no la he encontrado en este planeta.

 

Me voy a otro.

Despídeme de mi abuela.

Me voy. Me estoy durmiendo.


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I

Me gusta la gente que sueña, pero no la que vive soñando.

Me gusta la gente que vive, pero no los que se conforman con una existencia miserable.

Me gustan los globos, pero no con gente colgando de ellos.

 

 II

La gente que pende de un globo me produce una tristeza monstruosa.

Están allí, indefensos, felices por su efímero vuelo, sonrientes.

Ellos no lo saben, pero están siendo acechados.

 

III

Allí van esos miserables, los pájaros negros con picos y garras de metal.

Son cuervos, de una dimensión de desdicha y sufrimiento puro.

Hay que imaginarse lo dura que es la vida allí

para que un ave tan pequeña ostente garras de plata.

 

IV

¡Huye, pequeño miserable! —no me escucha—.

Agítate, ¡haz algo! —ni siquiera me mira—.

El pobre tonto está feliz, colgado de su globo, viendo abajo con desprecio.

Cuando su mirada arrogante me alcanza, dejo de gritarle.

 

V

No me gusta la gente colgando de globos, peor si los globos son alegrías falsas.

Odio a los arrogantes, sobre todo si se creen más felices que yo.

Si me desprecian con los ojos mi indiferencia está garantizada.

¡Que vengan los cuervos y que desgarren sus globos!

 

VI

A los cuervos de la realidad sólo los veo yo.

Confieso que, por ratos, me gusta ver caer a los ilusos que sonríen desde arriba.

Pero luego me dan pena. Me da tanta pena que a veces lloro.

Mis lágrimas les gustan a esas aves del infierno.

Cuando las beben, me miran tiernamente con sus veintiún ojos.


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