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Originalmente publicado en: Salto al reverso

Los científicos de cierta raza extraterrestre descubrieron la existencia de una sustancia muy ligera que ocupa todo el espacio como si fuese un fluido. A aquella sustancia la denominaron “éter“. Luego de muchas otras investigaciones, descubrieron también las propiedades del éter. Eso les permitió saber, por ejemplo, que la luz no se desplaza en el vacío, sino que solo puede desplazarse a través del éter. Aplicando dicho conocimiento al campo de las telecomunicaciones, pudieron usar el éter como medio de transmisión de señales.

Luego de nuevos descubrimientos, inventaron dispositivos que permitían leer con precisión cambios muy ligeros en el éter de cierta porción de espacio. Los datos de dichas lecturas podían codificarse y enviarse mediante el uso de ordenadores cuánticos. Con aquella tecnología era posible, por ejemplo, recibir lecturas del cambio del éter de una porción de espacio equivalente al que ocupa una casa. Si dichas lecturas se procesaban en forma de vídeo, podía vigilarse dicha casa y enviar aquellos datos a prácticamente cualquier lugar del universo, a una velocidad casi instantánea, usando las tecnologías de comunicación basadas en el éter. Con el tiempo, aquellos dispositivos de vigilancia fueron conocidos como “cámaras de éter”.

A lo máximo que llegó a avanzar aquella raza extraterrestre, antes de su extinción, fue a crear una cámara de éter que pudiese abarcar la cantidad de espacio equivalente a lo que ocupa un planeta pequeño. Las últimas pruebas se hicieron en un pequeño planeta azul, a varios años luz. La extinción de aquella raza extraterrestre fue provocada por una raza de seres interdimensionales conocidos como “Los Limitantes“. Ellos se apropiaron de la tecnología de las cámaras de éter.


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Originalmente publicado en: Azahar literario

—No es la primera vez que me corta la conversación de golpe. Nunca he sido celoso, pero está muy raro todo esto —dijo Matías, algo contrariado—. ¡Siempre son los viernes, siempre a esta hora! Estamos conversando de lo más normal y…

— ¿De repente se desaparece por tres horas y te escribe como si nada hubiera pasado? —interrumpió Marcos, luego de darle una calada a su cigarrillo.

—Sí, eso —Matías dio un largo trago a su cerveza—. Por eso te llamé. Tú me puedes ayudar.

— ¡Para eso son los amigos! —Marcos le dio un abrazo a Matías, siempre tuvo sus sospechas—. Ella no te merece y lo sabes.

— ¡No quiero sermones, Marcos! Quiero respuestas —Matías no soportaba ni la sugerencia del tema de los cuernos.

— Está bien. Yo solo decía. No te enojes y mantén el plan. Respóndele como siempre.

— Me sigue escribiendo como si nada —Matías vio la hora en su celular, eran las 21:17—. Aún no es hora.

—Bueno, pues. Si lo que dices es cierto, en cuatro minutos dejará de responderte y podremos ver si sale de su casa —Marcos lanzó su cigarrillo al suelo y lo pisó.

— ¿Tienes todo listo? —Matías se acabó media cerveza de un tirón.

— ¡Sí, patrón! —dijo Marcos en tono de burla.

—Ya dejó de responder —Matías le enseñó su celular a su amigo—. Mira su última conexión, 21:21. Como cada viernes. Luego de eso no aparecerá hasta luego de tres horas.

—Interesante, mira —Marcos le dio unos binoculares a su amigo.

Se vio a la novia de Matías salir de su casa.

—Bien, pues. Veamos a donde va tu novia cada viernes por la noche —dijo Marcos, disfrutando del misterio.

Los muchachos siguieron a la joven, guardando cierta distancia para que ella no pudiera detectarlos. Marcos era experto siguiendo a la gente, se ganaba la vida haciendo investigaciones de infidelidad y cosas así.

—Hemos caminado alrededor de una hora y Sandra no se detiene, no entiendo nada —dijo Matías, algo cansado de tanto caminar.

Ambos se preguntaban qué podía hacer Sandra a esas horas y en un lugar tan solitario.

— ¿Escuchas eso? —Matías se mostraba algo nervioso.

—Son pasos, de mucha gente —Marcos casi nunca se asustaba, esta no era la excepción—. ¿Estás asustado, amigo?

— ¡Deja de decir estupideces y dame los otros binoculares! —renegó Matías por la burla de su amigo.

Matías se extrañó más cuando vio con los binoculares infrarrojos. Se podía observar claramente un grupo de personas caminando en el bosque, adentrándose más en él. Sandra estaba entre esas personas.

—Marcos, ¡mira esto! —dijo Matías a quien creyó que estaba a su lado. Marcos había desaparecido.

La reacción de Matías fue de sobresalto.

— ¡Marcos! ¿Dónde estás? —gritaba un asustado Matías.

—Ja, ja, ja —rió Marcos desde atrás del árbol donde se estuvo escondiendo—. Debiste ver tu cara, fue única.

— ¡Payaso! ¿No te parece lo suficientemente rara la cosa como para andarte con chistes? —dijo Matías

— ¡Relájate! —Marcos recuperaba la respiración luego de su ataque de risa—. De seguro son un culto raro de niños. Alégrate de que no se fue a ver con otro.

—A mí esto me da muy mala espina. ¿Me puedes decir qué es esto? —Matías le mostraba a Marcos una zona de rojo intenso que se veía con los binoculares, más adelante en el bosque.

—Jamás había visto una marca así —Marcos estaba intrigado—. ¡Vamos a verla!

—No hay de otra, el grupo parece dirigirse hacia allá. Adelantémonos.

Los dos muchachos se dirigieron hacia la zona roja que se veía en los binoculares. Sin embargo, no lograron ver ninguna fuente de calor. Solo se veía un extraño arbusto sin hojas, en un claro del bosque, con cuatro piedras rodeándolo.

—Marcos, mira —Matías usó los binoculares y se dio cuenta de que era el arbusto el que emitía el color rojo que se veía.

Marcos no se lo podía explicar. Se suponía que, forzosamente, el arbusto debía estar en llamas para emitir una señal como esa. Marcos se acercó a examinar el extraño arbusto. Matías estaba más preocupado en usar los binoculares para no perder de vista a los que caminaban junto a su novia. Perdió de vista a su amigo unos minutos mientras observaba.

Se escuchó un estruendo y un grito cortado bruscamente. Matías regresó al lugar del arbusto y no vio a Marcos.

— ¡Qué gracioso! —gritó Matías al aire—. ¡Sal de allí y vamos a escondernos! Esa gente se acerca.

Marcos no respondió. Matías buscó a su amigo por los alrededores, pero no halló nada. Se vio obligado a esconderse solo, mientras esperaba la llegada de los caminantes.

Matías, escondido detrás de un árbol,  vio a cada uno de los caminantes hacer el mismo proceso: caminar alrededor del arbusto, tocar cada una de las cuatro piedras y regresar por donde vino. Las piedras brillaban cada vez que un caminante las tocaba. Cada vez que las cuatro piedras eran tocadas, el arbusto brillaba una vez y crecía ligeramente.

Era el turno de Sandra.

— ¡Vámonos de aquí! ¿Qué haces con estos dementes? —gritó Matías mientras agarraba del brazo a su novia, intentando llevársela a la fuerza.

Sandra estaba bajo un estupor. No parecía estar consciente de sus actos. Una luz empezó a salir de una de las ramas del árbol, tomó forma de rayo y tocó a Matías. El rayo lo paralizó. En un abrir y cerrar de ojos se vio en un lugar completamente diferente.

—Siento que todo tenga que terminar así para ti, muchacho —dijo un extraño anciano con capucha negra, a su lado se encontraba el cuerpo petrificado de Marcos—. Si permito que te lleves a la chica, descompleto el número necesario para el ritual. Si arruinas el ritual, mi planta perderá la energía acumulada y será inútil.

El encapuchado parecía tener muchas ganas de hablar, como si no hubiese tenido contacto humano por un largo tiempo. Le explicó al petrificado Matías que él era un practicante de vudú, y que la planta era un instrumento que robaba energía vital a aquellos que llegara a influenciar con sus esporas. Dijo que, al no tener una piedra filosofal para su cometido, se vio obligado a usar el recurso de la planta.

Luego de un mes la planta fue movida de sitio y usada para su propósito. Sandra no volvió a caminar involuntariamente por el bosque luego de eso. No se volvió a saber nada de Matías ni de Marcos. Dos plantas extrañas aparecieron en dos lugares lejanos. Tal como con la primera, nadie advirtió de su presencia.


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En el siglo XXIII un joven científico llamado Randall Fritz realizó un descubrimiento sorprendente. Descubrió que ciertos órganos del cuerpo se comportaban de una manera diferente a los demás, que sus células podían dividirse y regenerarse más veces que las de un órgano ordinario del mismo tipo. Estos órganos, que se mantenían sanos a pesar del abuso que recibieran, fueron denominados “Órganos Deluxe”. Este hallazgo explicaba por qué ciertas personas mantenían, por ejemplo, su hígado sano a pesar de abusar constantemente de la bebida.

El descubrimiento del joven científico pasó casi desapercibido ante la comunidad médica. Sin embargo, éste no bajó el ritmo de su investigación. Randall Fritz continuó su trabajo, dejando a un lado la investigación en células humanas y dedicándose a modificar genéticamente ciertas plantas, con el fin de desarrollar marcadores orgánicos que ayudaran a detectar la presencia de Órganos Deluxe en animales.

Pasó mucho tiempo hasta que Randall lograra su cometido. Desarrolló una cepa de plantas que al ser ingeridas soltarían ciertos reactivos en la sangre, permitiendo la detección de órganos deluxe presentes el individuo. Los reactivos funcionaban de manera muy precisa en las ratas de laboratorio.

Una vez anunciado el hallazgo a la universidad donde trabajaba, empezaron los problemas del joven Fritz. Ingenuo como era, Randall nunca pensó que llegaría a llamar la atención de sectores poderosos de la industria farmacéutica. Una vez que recibió los reportes de la investigación de los marcadores orgánicos, el rector de la universidad realizó varias llamadas. Inmediatamente fue transferido un nuevo asistente al laboratorio de Randall, un espía.

A Randall le pareció simple rotación de personal. Nunca notó nada raro en el nuevo asistente, por lo que prosiguió sus labores con normalidad. Mientras tanto, el espía recopilaba todos los datos de la investigación y reportaba constantemente a sus camaradas.

Pasaban los meses y la investigación en animales mostraba resultados impresionantes. Randall empezó a gestionar los permisos para su investigación en seres humanos. Visto eso, el espía supo que debía actuar con celeridad.

***

—¿Qué diablos hace usted aquí? —preguntó Randall al ver a alguien en su oficina privada— ¡Esos papeles son confidenciales!

—Estimado Randall, tranquilícese. Vengo a hablar de negocios con usted —dijo un hombre con lentes y bata.

—¿Negocios?

—Sí, señor. Negocios muy lucrativos —respondió con calma y una sonrisa siniestra—. Tome asiento, por favor.

El misterioso hombre se sentó en el escritorio de Randall y usó su revólver como pisapapeles. Randall guardó la calma y se sentó.

—¿Puede explicarme qué desea conmigo? —preguntó Randall, esforzándose para no quebrar la voz.

—Quiero que me entregue toda su investigación y no deje absolutamente ningún respaldo para usted. A cambio de eso, le daré la cifra que aparece aquí —dijo el misterioso hombre, mientras abría un portafolio con una laptop dentro.

—Acepto —dijo Randall, luego de ver el monitor que le mostraba el hombre—, pero con dos condiciones.

—Me agrada la gente con agallas. A pesar de saber que no está en posición de negociar, quiere imponerme condiciones —respondió el hombre, con una sonrisa de satisfacción malévola—. Adelante, ¡suéltelas ya!

—Quiero poder usar los marcadores en mí y en mi familia, para cuidar nuestra salud con el fruto de mi trabajo.

—Me parece razonable, siempre y cuando no divulgue absolutamente nada y mantenga las plantas dentro de su propiedad. ¿Cuál es la otra condición?

—Quiero saber por qué tanto interés en mi trabajo. ¿En qué les afecta? —Randall no podía guardarse su curiosidad, su alma de científico no se lo permitía.

—¡Definitivamente los científicos no tienen ni idea del potencial económico de lo que descubren!

—No le entiendo.

—Es sencillo —dijo el hombre, con un tono bastante sereno—. Si se popularizaran los marcadores que usted desarrolló, la gente sabría con exactitud qué Órganos Deluxe posee.

—¿Y eso qué tiene que ver con ustedes?

—Dinero, amigo, dinero. Si la gente llega a saber de qué órganos puede abusar y de cuáles debe cuidar, entonces el negocio de medicamentos y exámenes médicos caería enormemente.

—¡La soberanía médica! ¡Es un derecho de todos! —Randall se ofuscó y dio un golpe en el escritorio.

—¡Un derecho que nos estorba! —gritó el misterioso hombre, que parecía haber perdido la calma por unos instantes. Respiró y se tranquilizó—. Volvamos a lo nuestro.

—No puedo negarme a su oferta, la entiendo clarísimo—dijo Randall, con un rostro que mostraba decepción y resignación—. Cumpliré.

—Perfecto. La suma que le mostré acaba de ser acreditada a esta cuenta —el hombre le entregó un papel a Randall, con cara de haber cerrado un gran negocio.

***

 —¡No puedo creer que te hayan hecho eso! —dijo la asustada esposa de Randall—. ¿Por qué aceptaste?

—Porque en el monitor que me mostraron no estaba solo la suma que me ofrecían, sino una transmisión en vivo de nuestro hijo en la escuela.

—¡Santo cielo!


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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Cierta raza extraterrestre controla el mercado intergaláctico de manejo y transporte de recursos hídricos. Ante el público afirman que su fuerza de trabajo consiste en el uso de robots que manejan cierta tecnología secreta. Sin embargo, esa una total mentira. La verdad detrás de la falsa tecnología es una cruel historia de esclavitud.

Los reclutadores buscan y secuestran especímenes que cumplan ciertos requisitos genéticos, entre ellos está la premisa básica de que el ser se componga de agua en una proporción mayor o igual al 70%. Una vez elegido el objetivo, lo sacan de su planeta natal y es llevado a un asteroide muy bien camuflado en el cinturón del borde exterior de la galaxia. La infraestructura del criadero es uno de los secretos mejor guardados del universo. Básicamente consiste en una serie de grandes pozos donde se deposita a los especímenes reclutados, para que aprendan el arte de la hidroquinesis.

El proceso que lleva de un ser sin capacidades notables a un maestro de la hidroquinesis es uno de los más crueles que existen. El espécimen primero debe pasar por un doloroso proceso de perfeccionamiento corporal. Es un proceso complejo que los reclutadores manejan muy bien y, en resumen, otorga un cuerpo inmortal. Se dice inmortal en el sentido de que no puede morir de la forma convencional, porque los dolores físicos y psicológicos aún pueden experimentarse. Luego del proceso de mejora física, los especímenes pasan al pozo.

El pozo es un lugar oscuro y deprimente. Allí los especímenes inmortales son dejados a su suerte con el agua hasta el cuello. El nivel del agua va bajando progresivamente, y lo que antes era el tedio de la humedad perpetua se va convirtiendo en la tortura de la sed. El espécimen ve como el agua va bajando poco a poco, y se va a haciendo a la idea de su tortuoso destino. Al final, el agua desciende por debajo del nivel de sus pies. Los días y las semanas corren. Los individuos desesperados por un sorbo de agua golpean sin cesar la resistente malla metálica que los separa del agua que corre debajo del pozo. Muchos se vuelven locos durante el proceso, entonces son triturados y vendidos como alimento para ganado.

Aquellos que no caen presas de la locura, empiezan a buscar una forma de romper con su agonía. Conforme pasan los años, algunos empiezan a comprender la existencia de cierto campo de energía que permite mover el agua sin necesidad de tocarla. Muchos de ellos terminan dementes intentando dominar aquel poder y, al igual que los anteriores que abandonaron la cordura, son triturados y vendidos como alimento para ganado.

En cada pozo se suelen colocar varios especímenes, separados por paredes invisibles. Estas paredes tienen el propósito de permitir a otros ver los progresos de los demás, con respecto al aprendizaje de la hidroquinesis. Así se juega con las expectativas de los más lentos y se acelera o bien su aprendizaje o bien su descenso a la locura, lo que venga primero.

Los que superan el largo proceso de aprendizaje y logran beber a voluntad, son sacados del pozo y llevados al exterior. Los que quedan dentro no pueden siquiera imaginar el destino que le depara a los que salen. Los que llegan a dominar la hidroquinesis son privados de su voluntad mediante el reemplazamiento de ciertas partes de sus cuerpos con partes robóticas. Luego son utilizados en conjunto como bombas hidráulicas de alta tecnología.

En muy pocas ocasiones, ciertos especímenes dotados logran aprender telequinesis en lugar de hidroquinesis. Siempre son identificados con facilidad porque, al poder mover no solo agua, intentan levitar fuera del pozo y escapar. Luego de que los atrapan, les quitan la voluntad y los usan en conjunto como máquinas transportadoras de objetos pesados.

El dios de la arena

Publicado: 03/10/2015 en Poesía
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Originalmente publicado en: La poesía no muerde

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I

Recuerdo claramente sus palabras:

“Me has adorado como ningún otro, te bendigo hijo mío”.

¡Y ocurrió!

Aparecí en un desierto sin noches, de soles constantes.

 

II

No recuerdo cuantos años llevo aquí.

¿Morir? Eso ya no aplica para mí.

Este sucio dios traidor me dio una pena peor que la muerte.

He sido condenado a una tortura inmortal.

 

III

A veces me habla y me reprocha que no aprecio su bendición.

“¿Bendición? ¿Esta sed eterna acaso te parece una dicha?”, le respondo.

“Solo se puede juzgar un acto cuando ha dado frutos”, me replica.

Y luego desaparece por años. Mi sed no.

 

IV

Hace ocho años volvió, para indicarme un camino.

Lo seguí, caminé durante meses y creí que todo era un engaño.

Caí sobre mis rodillas y lo contemplé en toda su divina presencia.

¿El dios de la arena se dignó a sacarme de mi miseria?

 

V

Me dio de beber y me retó a una pelea. Cuando bebí, mi miseria se acabó.

Gané no solo la pelea, sino su trono.

“Al fin entiendes el don que te he dado, moriste en la sed y…” me dijo muriendo.

“…resucité en la divinidad”, completé. Ahora yo soy el dios de la arena.


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