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Originalmente publicado: Blog de Salto al reverso

«Blood clock», por John Smith (CCO)

Habían pasado ya casi quince años desde que Lucca inició su entrenamiento autodidacta con el amuleto rosacruz. Para ese momento tanto Dimitri como ella habían aumentado, por mucho, sus habilidades en sus respectivas artes. Lucca, por su parte, había realizado con éxito sus experimentos y logró teletransportar primero bacterias, luego seres microscópicos y, eventualmente, llegó hasta insectos y pequeños animales. Todos parecían llegar ilesos desde el interior de el Reactor hasta el exterior de la cantimplora prisión de su hermano. El último paso para completar su largo plan consistía en teletransportar animales similares a través de la barrera de la isla.

Ella no lo sabía, pero la barrera solo mataba a los seres humanos que salían de ella. Ese mecanismo era el que permitía a las Tropas de la muerte traficar con órganos desde dentro de la isla a cambio de armas, esclavas y drogas hacia el interior. Sin embargo, dado que estas actividades eran desarrolladas solo por los altos mandos de las tropas, ni Dimitri ni Lucca conocían de dicho detalle.

***

Lucca pidió a su hermano que dejara su nueva piedra filosofal incompleta, conocida como el Acelerador de partículas, cerca de la barrera. De esa forma, podría realizar experimentos sin exponer a su hermano. Estudió de cerca la naturaleza de la barrera y notó ciertas propiedades de la misma. Se dio cuenta que no solo anulaba la sed de sangre sino que, además, eliminaba el aura que ella colocaba alrededor de las partículas de los animales de experimentación. Es decir que, cuando ella los descomponía e intentaba hacerlos pasar a través de la barrera, el aura era deshecha y cada partícula quedaba expuesta en el preciso instante en que la tocara. Eso provocaba que los animales se desintegraran y terminaran muertos a causa del experimento.

Lucca pasó mucho tiempo intentando diferentes métodos para lograr atravesar la barrera de la Isla de Orión, provocando la muerte de cientos de pequeños animales en el proceso. Hasta que, finalmente, tuvo la idea de crear múltiples capas de aura sobre las partículas, de manera que cada una protegiera a la siguiente. De esa forma, la barrera desgastaba el aura capa por capa, permitiendo a las partículas llegar hasta el otro lado. Así fue como logró teletransportar animales hasta el exterior de la Isla de Orión. Sin embargo, la joven alquimista era muy precavida. Por lo que, antes de intentar teletransportarse junto a su hermano, decidió hacer un experimento final.

***

—No sé cómo me convenciste de esto —dijo Dimitri mientras arrastraba un soldado inconsciente cerca de la barrera.

—Es importante, hermano —dijo Lucca—. Es el experimento final antes de aventurarnos nosotros mismos. ¡Pronto conseguiremos nuestra libertad!

Los ojos de Lucca brillaron de un azul intenso y, al ver eso, a Dimitri no le quedaron dudas sobre las capacidades de su hermana.

—Empieza, Lucca —dijo un apurado Dimitri—. ¡No tenemos mucho tiempo!

Lucca sabía que era peligroso atacar y secuestrar a un soldado. Así que se dirigió al interior de el Acelerador de partículas y preparó todo para intentar teletransportar al soldado fuera de la barrera mortal de la isla. Si lo lograba, entonces demostraría de una vez por todas que su teoría era cierta y podría usar esos resultados para lograr su objetivo.

—Estoy lista, hermano —dijo Lucca, adoptando una posición de meditación—. Vigila mientras termino el experimento final.

Lucca salió del Acelerador de partículas y entró en un profundo trance. Usando su piedra filosofal como catalizador, empezó a aplicar su técnica de alquimia sobre el cuerpo del soldado inconsciente. Dimitri vigilaba muy atento por la posible presencia de algún soldado. Si alguno llegaba a ver a su hermana, la capturarían y la enviarían a servir como sirvienta o concubina, y él sería ejecutado por alta traición.

—Hermana, debes regresar ahora —gritó un angustiado Dimitri, mientras sacudía fuertemente el cuerpo de su hermana.

Él sabía que no podía regresarla bruscamente a su cantimplora prisión, porque podía provocar que ella nunca recuperara la conciencia. Pero él ya había sentido la presencia de un capitán, montado en un Ave del terror, acercándose en búsqueda del soldado secuestrado. Dimitri estaba muy consciente que sus superiores eran mucho más viejos y fuertes que él. Viendo que su hermana no volvía, se preparó para pelear. El capitán, a lo lejos, se paró en el lomo de su Ave del terror y dio un enorme salto. En un parpadeo, había dejado atrás a su Ave del terror y apareció frente a Dimitri, que había recargado una potente ráfaga de sed de sangre y la impactó contra su enemigo. El capitán no esperaba tal recibimiento, por lo que quedó aturdido unos segundos. Tiempo que Dimitri aprovechó para conjurar otro ataque.

Lucca aún estaba ejecutando su técnica. Le pidió a su hermano, telepáticamente, que soportara un poco más, que estaba por terminar el experimento e inmediatamente haría que ambos escaparan hacia afuera de la barrera. Dimitri logró conectar un segundo ataque contra su capitán y, aparentemente, logró matarlo al desintegrar su cabeza. Aprovechando el momento, se acercó hacia su hermana para escapar. Pero, justo antes de que ella completara su técnica, vio con asombro que el cuerpo sin cabeza del capitán se levantaba y conjuraba una lanza. Dimitri, rápidamente, conjuró otra lanza para contraatacar.

La técnica estaba lista y Lucca descompuso el cuerpo del soldado en partículas independientes y cubrió cada una con las capas de aura que había implementado. Para su asombro, logró pasar el cuerpo completo del soldado al otro lado. Estuvo a punto de celebrar su éxito, cuando se dio cuenta de que el soldado estaba muerto. Su técnica había logrado transportar el cuerpo del sujeto experimental, pero no logró eliminar el efecto mortal de la barrera.

Dimitri quedó consternado al ver que su hermana había fallado, pero estaba muy ocupado en la pelea como para acercarse. El capitán, incluso sin cabeza, era tan veloz y preciso que si su oponente se distraía, aunque fuera una fracción de segundo, sería atravesado por la lanza y fulminado por la potente sed de sangre que la envolvía. La pelea estaba muy reñida, aunque parecía que Dimitri tenía el control. Pese a ello, y sin poder aún terminar con la vida de su enemigo, vio como llegaba el Ave del terror que el capitán había dejado atrás. El espectro se acercaba, a gran velocidad, hacia su hermana, que aún no recobraba el control de su cuerpo. Inmediatamente, Dimitri alejó de un golpe a su oponente y lanzó una potente ráfaga de sed de sangre hacia el Ave del terror. Pese a la fuerza del ataque, solo logró aturdir al espectro.

El capitán había regenerado su cabeza, por lo que sus ataques se volvieron aún más rápidos y precisos. Dimitri estaba imposibilitado de acercarse a su hermana. Mientras tanto, el Ave del terror se recuperó del aturdimiento y asestó un golpe crítico hacia el pecho de Lucca, que quedó malherida y desangrándose en el suelo.

Dimitri, perturbado por la escena y muy furioso, se acercó al ave y la atravesó con su lanza. Logró asesinarla pero, sin darle tiempo a ayudar a su hermana, el capitán atravesó el costado derecho de Dimitri con su arma. Éste, pese a la gravedad de la herida, logró desviar la potente sed de sangre que envolvía la punta de la lanza del capitán, evitando ser desintegrado. Con sus últimas energías agarró fuertemente la lanza de su enemigo y la rompió. Con otra ráfaga de sed de sangre mandó al capitán a volar a una distancia considerable. Hizo un gran esfuerzo para correr hacia su hermana mientras se desangraba. Mientras corría, sacó el reloj que hace tiempo logró robarle a sus compañeros de las Tropas de la muerte. El reloj, una vez que Dimitri lo tocó, volvió a mencionarle el pacto que alguna vez le ofreció.

—¿Estás listo para renunciar a tu libertad y seguir la voluntad de los Devotos de Akasha? —dijo el Reloj de Telésforo.

—¿Renunciar a mi libertad? —preguntó un malherido Dimitri—. Mi hermana y yo estamos por morir, la libertad no tiene valor ahora. ¡Si puedes hacer algo, mi vida será tuya!

—¿Poder hacer algo? —respondió el reloj de Telésforo—. Nosotros no podemos hacer nada.

—¿Entonces era falso el poder que decían tener? —reclamó Dimitri—. ¡Usé el reloj como último recurso y no sirve para nada!

—No nos malinterpretes, Dimitri —respondió el reloj—. Nosotros no podemos, pero tú sí. Acepta el pacto y el poder del reloj será tuyo.

—¡Maldita sea, no hay tiempo! —gritó un desesperado Dimitri.

—¿Tiempo? —cuestionó el reloj—. Eso te va a sobrar cuando aceptes.

—¡Acepto! —gritó Dimitri, sintiendo que ya no tenía nada qué perder.

En ese momento, el reloj detuvo el tiempo y habló con Dimitri. Le dijo que, en ese tiempo detenido, ni él ni su hermana morirían por las heridas. Luego, comenzó a transferir conocimiento de los anteriores alquimistas del tiempo directamente hacia la mente de Dimitri. Éste, luego de obtener dicho conocimiento, tuvo muy claro que la teoría de su hermana no estaba equivocada sino incompleta. También entendió la verdadera naturaleza de la barrera y la causa del fracaso del plan de Lucca.

Cuando supo todo eso, le preguntó al reloj si podía hacer algo por ella.

—Tu hermana está en el punto exacto entre la vida y la muerte —dijo el reloj—. Si el tiempo se reanuda, ella morirá.

—¿Entonces nada puede hacerse? —dijo Dimitri, con lágrimas en los ojos.

—No nos malinterpretes —respondió el reloj—. Puedes sanar su cuerpo y darle un poco de tu energía vital. De esa forma, aumentarás levemente su estancia en este mundo.

—¡Bien! —respondió Dimitri—. ¡Transfieran ese conocimiento ahora!

El Reloj de Telésforo transfirió ese conocimiento de forma instantánea. En cuanto Dimitri lo recibió, entendió claramente que su hermana debía vivir dentro del reloj. De esa forma, la energía que él le diera a su hermana, que alcanzaba para alrededor de un año de vida humana, no se gastaría. Su vida solo se consumiría en el exterior.

Dimitri, triste por condenar a su hermana de nuevo al encierro, ejecutó su técnica. Lucca sanó y fue trasladada al interior del reloj. Inmediatamente, el reloj transfirió más conocimiento a la mente de Dimitri. Éste aprendió que existe una disciplina diferente a la alquimia y al vudú, conocida como Artes demoníacas. Esta era la razón por la que la barrera no podía ser afectada por las técnicas de los hermanos, porque los efectos de las Artes demoníacas solo pueden contrarrestarse con ese mismo tipo de técnica. Sabiendo eso, Dimitri completó la teoría de su hermana.

Con la teoría completa, usó Artes demoníacas para teletransportarse, junto al Reloj de Telésforo, hacia afuera de la barrera. Una vez libre de la opresión de la isla, Dimitri sacó a su hermana del reloj. Ambos se miraron directo a los ojos, se abrazaron con fuerza y lloraron desconsoladamente uno en el hombro del otro. Su sueño se había convertido en pesadilla. Se habían convertido en los únicos, aparte del Dueño del mundo, en escapar de ese terrible lugar. Pero el precio que pagaron fue muy alto.

«Inside the Large Hadron Collider», por John Smith (CC0)

Habían pasado casi diez años desde que Lucca empezó a aprender del amuleto rosacruz que su hermano Dimitri le obsequió. Durante ese tiempo la niña, que ya era una mujer de baja estatura, delgada y de facciones delicadas, se dedicó a estudiar con éxito los principios de la física cuántica y su aplicación en el mundo macroscópico. Con ese conocimiento, comenzó a experimentar con pequeñas partículas dentro de la cantimplora prisión de su hermano.

Consiguió usar sus conocimientos de alquimia para lograr diferentes efectos a nivel subatómico. Primero logró la superposición cuántica, es decir, hacer que la misma partícula estuviera en dos lugares al mismo tiempo. Posteriormente, logró el entrelazamiento cuántico de dos partículas, es decir, logró atar dos partículas y hacer que los efectos sobre una también le sucedieran a la otra sin importar la distancia entre ellas.

Lo que no había logrado, ni con su década de entrenamiento, fue teletransportar una partícula de un punto A hacia un punto B en el espacio. Se dio cuenta, además, el complicado progreso de sus experimentos se debía al limitado acceso a fuentes de energía. Por lo que decidió trabajar en un generador que solucionara dicho inconveniente. Sin embargo, había un problema. La cantimplora prisión tenía un espacio limitado que hace mucho le había quedado pequeño a Lucca. Dicha necesidad la llevó a desviarse, durante algunos años, del objetivo de sus entrenamientos y experimentos. Paró los estudios a nivel subatómico y empezó a desarrollar un amplificador alquímico como el que mostraba el amuleto, uno como el que usaban los antiguos Caballeros rosacruces.

***

Dimitri continuaba sus labores como miembro de las Tropas de la muerte. Durante la década en que su hermana entrenaba, él se encargó de que no le faltara nada allí dentro. Además, siempre tenía cuidado de sacarla cierta cantidad de tiempo al exterior para que respirara aire fresco, hiciera algo de ejercicio y tomara la luz del sol. Fue un día como esos, en el exterior, que Lucca tuvo la idea de desarrollar un núcleo para su piedra filosofal incompleta. Decidió copiar el mismo mecanismo del sol, por lo que empezó a construir un generador de fisión nuclear en su piedra.

Cuando el generador quedó instalado, Lucca continuó con sus experimentos y perfeccionó la aplicación de la superposición y entrelazamiento cuántico. Además, por fin, avanzó un paso en su plan. Había encontrado la forma de teletransportar fotones de un lugar a otro dentro de la cantimplora prisión. El siguiente paso era, según sus investigaciones, la teletransportación de fotones desde dentro de la cantimplora hacia el exterior.

Eso parecía imposible por dos motivos. El primero era que la teletransportación solo podía lograrse a distancias muy pequeñas que solo eran significativas a nivel subatómico. El segundo, y tal vez el más complicado, era que la cantimplora prisión era una dimensión de bolsillo creada mediante el vudú. Por tanto, Lucca llegó a una conclusión importante. Teorizó que si lograba teletransportar un fotón fuera de la cantimplora, en teoría, era lo mismo que sacar una partícula fuera de la barrera mortal de la Isla de Orión. Eso reforzó su convicción y decidió mejorar su piedra filosofal para usar la energía de forma más eficiente y lograr lo que, en ese momento, parecía imposible.

***

—Hermano, ¿puedes hablar?—dijo Lucca, usando su poder de telepatía.

—Sí, aún sigue siendo de madrugada —respondió Dimitri—. ¿Otra vez perdiste la noción del tiempo?

—No, hermano. Sabes que desde que construí el reloj atómico, ya no me pasan esas cosas —respondió Lucca—. Es solo que creo que ya solucioné el problema y necesito hacer otro experimento.

—¡No otra vez, Lucca! —respondió un enojado Dimitri—. ¡Es la quinta vez que crees tener la respuesta, ya se me acabaron las excusas para salir del cuartel general!

—Lo siento mucho, hermano —respondió Lucca, con tristeza en su voz—. Es solo que, luego de mejorar mi piedra, los cálculos están cada vez más rápido. Pero está bien, esperaré hasta que puedas salir del cuartel.

—Sabes que te apoyo —dijo Dimitri, intentando calmarse y no descargar la frustración del día sobre su hermana—. Voy a hacerlo de nuevo.

—No, hermano, esa técnica no —rogó Lucca—. ¡Te causa mucho dolor!

Dimitri no escuchó el ruego de su hermana y empezó a recitar un conjuro en voz muy baja. De repente, apareció un segundo Dimitri en la habitación.

—¡Basta, hermano! —dijo Lucca, mientras veía a Dimitri retorcerse del dolor en el suelo.

—Necesitas hacer ese experimento, ¿no? —respondió Dimitri, bajo un evidente sufrimiento—. ¡Hay que hacer lo que es necesario!

Ella no dijo nada, sabía el dolor que producía la técnica de doppelganger de su hermano y no podía perder el tiempo.

—¡Está bien, hermano! —gritó telepáticamente—. Te prometo que valdrá la pena, deja a la copia y vamos.

Dimitri había aprendido una técnica que, a cambio de un intenso dolor físico, le permitía a un practicante de vudú crear una copia de su cuerpo para ser usada en situaciones estratégicas. Así que, dado que toda la conversación entre él y Lucca fue telepática, y que la copia de Dimitri distraería a los demás soldados en su ausencia, la pareja de hermanos pasó desapercibida y se dirigió a una cueva. Lucca necesitaba un lugar completamente oscuro para probar los resultados del nuevo experimento. La joven mujer hizo todo con mucha precisión pero con mucha prisa. Sabía que mientras más tiempo pasaba, más sufría su hermano al mantener activa su copia en el cuartel general. Así que salió de la cantimplora prisión de Dimitri y aplicó alquimia medicinal sobre su hermano para ayudarle, en algo, a resistir el dolor.

La joven mujer hizo unos extraños movimientos con sus manos y, usando su aura, encendió su piedra filosofal y sacó de ella unos extraños aparatos de medición y los colocó en las paredes de la cueva. Luego volvió dentro de la cantimplora y comenzó el experimento. Usó todas las energías acumuladas en su piedra para envolver un fotón con aura concentrada y, aplicando su conocimiento alquímico, lo hizo desaparecer del interior de la cantimplora. Hecho esto, Lucca salió a revisar los medidores de la cueva y saltó de la emoción.

—¡Lo logramos, hermano! —gritó Lucca, visiblemente emocionada.

—¡Bien! Luego me explicas los resultados. ¡Volvamos! —dijo Dimitri, bastante demacrado y desgastado a causa del dolor y la exagerada cantidad de sed de sangre que gastaba la técnica de doppelganger.

Emprendieron el camino de regreso mientras Lucca le explicó a su hermano que los medidores de la cueva detectaron la presencia de un fotón dentro de la cueva oscura. Lo que significaba que, efectivamente, había logrado teletransportar una partícula desde dentro de una dimensión de bolsillo hacia el exterior. También le explicó que, pese a los resultados positivos, había logrado confirmar dos de sus más grandes temores. El primero era que, tal como sospechaba, la energía de la piedra filosofal aún era insuficiente para el proceso. Eso provocó que, por culpa del exigente consumo energético, los sistemas internos terminaran fundidos, arruinando permanentemente su piedra. El segundo temor derivaba del primero. Si teletransportar una sola partícula excedió las capacidades de su piedra filosofal incompleta, ¿cómo transportaría un cuerpo humano, compuesto de una enorme cantidad de partículas?

***

Pasó un par de años luego del experimento exitoso con el fotón en la cueva. Dimitri había aprendido a reducir el dolor que provocaba la técnica de doppelganger, pudiendo usarla incluso en batalla. Lucca, por su parte, había construido su nueva piedra filosofal incompleta conocida como el Reactor. Esta piedra, fruto de sus nuevos entrenamientos y experimentos, consistía en un gran espacio interior que funcionaba como laboratorio. Aparte, separó un espacio para vivir su encierro perpetuo dentro de la piedra y ya no en la cantimplora de su hermano. Ahora contaba con luz solar propia gracias al núcleo especial del Reactor, que era un pequeño sol que iluminaba el interior de su piedra y proveía de energía a todos sus equipos.

Eso era un alivio para Dimitri, no solo porque pudo despejar la habitación de su hermana en su cantimplora, lo que aumentaba el espacio disponible; sino que, además, ya no tenía que correr riesgo saliendo del cuartel general de las Tropas de la muerte, dado que su hermana ya no necesitaba el sol del exterior y podía hacer sus experimentos dentro de su piedra. Pese a ello, cada vez que podía, Dimitri sacaba a su hermana a tomar aire fresco y a conversar.

Con el tiempo, Lucca pudo realizar experimentos que la llevaron a pasar de teletransportar un solo fotón a hacerlo con granos de polvo, compuestos por trillones de partículas. La piedra filosofal efectuaba todos los cálculos y brindaba la energía necesaria para realizar, con relativa facilidad, el proceso de transportar los granos de polvo. El penúltimo paso estaba cerca y consistía en transportar seres vivos desde dentro de su piedra hacia afuera de la cantimplora de su hermano. Luego de meditar en el progreso de su investigación y experimentación, quedó mucho más convencida de la certeza de su teoría cuántica. Se sentía segura de poder lograr los resultados deseados, es decir, teletransportarse junto a su hermano hacia el exterior de la barrera mortal de la Isla de Orión.

Originalmente publicado: Blog de Salto al reverso

«Unborn baby cave» por Daveysudan (CC0)

En La isla de Orión existía un soldado de las Tropas de la muerte que gustaba mucho de una sirvienta. Luego de cierto suceso, en el que la protegió del ataque de un par de soldados que pretendía abusar de ella, el soldado logró captar la atención de la mujer y enamorarla. Con el tiempo, la sirvienta quedó embarazada del soldado. Ningún miembro de las tropas tenía permitido ejercer la paternidad, solo los hombres del campo. Lo único que pudo hacer por la sirvienta, antes de abandonarla, fue usar un poderoso ritual sobre ella. El ritual provocaba que su útero saliera de su cuerpo para quedar oculto en una pequeña cueva. El útero quedaba conectado a ella por un ingenioso mecanismo de mahou, donde el intercambio sanguíneo entre madre e hijo ocurría con normalidad; como si la sangre fluyera a distancia a través de hilos invisibles.

Haciendo eso, logró parir a su primer hijo, al que puso por nombre Dimitri. Inmediatamente la sirvienta, usando mahou, dirigió al niño al centro de crianza más cercano. Allí fue educado hasta los trece años y se le obligó a construir su talismán de la muerte. Luego de la creación de su talismán, Dimitri quedó en coma durante unos meses. En cuanto despertó, de inmediato se lo reincorporó al programa de crianza para la etapa final. Allí le realizaron pruebas que definieron su destino dentro de la Isla de Orión. Fue considerado apto para participar en el entrenamiento inicial de las Tropas de la muerte.

***

Luego de años de entrenamiento en lucha cuerpo a cuerpo, habilidades vudú y mahou, Dimitri logró pasar las pruebas finales que lo calificaban como un miembro oficial de las Tropas de la muerte. Se le asignó una cantimplora prisión y un Ave del terror. Ejerció sus labores como soldado durante años con total normalidad, hasta que tuvo un extraño sueño. Un sueño recurrente.

—Dimitri, no me conoces —decía una voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

Dimitri se despertaba sudando frío cada vez que tenía esa pesadilla. Sin embargo, un día decidió realizar un ritual de vudú que le permitía acceder a sus sueños. Todo esto con el objetivo de confrontar la voz que lo atormentaba.

—Dimitri, no me conoces —decía la misma voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

—¿Cómo puedo ayudarte, mujer? —respondió Dimitri, dentro de su propio sueño.

—¿Puedes oírme? —la mujer dejó de llorar debido a la sorpresa, luego sonrió.

—¿De verdad eres mi madre? —preguntó un escéptico Dimitri.

—Llevo años intentando hallarte con un ritual de ubicación, hasta que logré contactarte en tus sueños —dijo una preocupada mujer—. Te explicaré todo con detalle.

La mujer envió una serie de visiones que le explicaron a Dimitri que, como sirvienta que era, no podía salir de la base central de las Tropas de la muerte y que necesitaba su ayuda. Le mostró la localización de la cueva que contenía su útero y le pidió que sacara a su medio hermana de allí.

—Dimitri, como varón que eres, podrías trabajar en los campos o ser soldado —dijo su madre—. Pero ella, siendo hembra, solo puede ser sirvienta o concubina.

—¿Y qué puedo hacer por ella? —respondió Dimitri, intentando brindar un genuino favor a su recién conocida madre.

—¡Sálvala del abuso! ¡Ocúltala, por favor! —gritó en ruego la atribulada madre—. Estoy muy vieja para parir. Luego del parto, de seguro moriré. ¡Ayúdame, hijo!

Dimitri quedó abrumado ante tal petición. Pero, sabiendo que a su madre le debió costar mucho tiempo y esfuerzo localizarlo para mantener esa única conversación telepática, aceptó ayudarla. Después de todo siempre tuvo el deseo de conocer a su madre y se sentía en deuda con ella por no haberse deshecho de él antes de nacer.

Llegó a la cueva donde estaba el útero de su madre y, tal como ella le indicó en las visiones, usó un cuchillo para sacar a la niña de allí y guardarla dentro de su cantimplora prisión para esconderla del sistema opresivo de la Constelación de Orión. También le dejó instrucciones para usar un ritual que convertiría los restos de su útero en una pequeña habitación dentro de la cantimplora, con el fin de ocultar la presencia de la niña y de protegerla de los efectos dañinos de la cantimplora prisión.

***

Dimitri tenía por costumbre robar a los demás soldados cualquier cosa que pudiera serle de utilidad, así fue como logró robar un reloj de inmenso valor. Cierto día, escuchó a unos soldados hablando sobre algo que enterraron en cierto lugar. Usando sus poderes de telepatía logró obtener información directamente de sus mentes, pudiendo llegar de manera muy sencilla a la ubicación de un supuesto tesoro.

Al llegar al punto en cuestión se dio cuenta de que los soldados no exageraban, efectivamente habían enterrado algo de mucho valor. Usando su poder de psicometría, llegó a la conclusión de que se trataba de un genuino amuleto alquímico que perteneció a algún desafortunado Caballero Rosacruz que intentó entrar a la Isla de Orión desde arriba. La barrera anuló el manto de aura que le permitía volar, provocando que su cuerpo se impactara contra el suelo y muriera. Como parte de su uniforme, los Caballeros rosacruces tenían un amuleto con el símbolo de su orden. Este amuleto especial contenía mucha información acumulada, a la que los alquimistas podían acceder para mejorar sus conocimientos tanto del mundo como de la alquimia.

Al ser un practicante de vudú y al tener su núcleo del alma separado de su cuerpo dentro de su talismán de la muerte, era imposible para Dimitri practicar la alquimia. Sin embargo, enseguida pensó que su hermana, al no haber sido obligada a crear un talismán de la muerte, podría aprender al menos las bases de la alquimia con los conocimientos teóricos que Dimitri adquirió en la milicia con respecto al núcleo del alma. Pero en lugar de entrenar a su hermana, Lucca, para separar el núcleo de su alma y encerrarlo en un objeto; este se centraría en ayudarla a descubrir por sí misma cómo sacar provecho de ese núcleo y generar, al menos, un mínimo de aura que permitiera activar el amuleto alquímico y así poder entrenar adecuadamente con la información contenida en él.

***

Eventualmente, Lucca consiguió usar las nociones que Dimitri le enseñó y, con mucho esfuerzo y dedicación, usó años de su encierro obligado para entrenar hasta el punto en que logró volverse consciente del núcleo de su alma. Como premio por sus logros, Dimitri tenía la costumbre de sacarla a pasear con mucha precaución muy cerca de la barrera. Siempre vigilando que ningún soldado la viera. Dado que, si era descubierta, sería abusada por las Tropas de la muerte y obligada a vivir como sirvienta o concubina sin que Dimitri pudiera hacer nada al respecto.

Luego de mucho entrenamiento, la brillante muchacha logró activar el amuleto usando un pulso de aura. Dimitri la llevó a celebrar cerca de la barrera y Lucca aprovechó para hablar con él.

—Hermano, ¿no quisieras dejar de ser soldado? —preguntó Lucca.

—Sabes que en esta maldita isla es imposible dejar la profesión que te asignan. Tú, que eres la más libre aquí, vives encerrada en una cantimplora —protestó Dimitri—. ¡Ya deja de soñar y termina de estirar las piernas!

—¿Sabes? Quisiera poder ver el sol más seguido —dijo Lucca mirando al cielo—. Y quiero que sonrías, que seamos libres y tengamos una larga vida.

—¡Tú solo dices disparates! —refunfuñó un amargado Dimitri.

—¡Escapemos! —sugirió Lucca.

Dimitri respiró y se armó de paciencia con su hermana. Recargó algo de sed de sangre en su mano y disparó una bola de energía oscura a la barrera. Esta anuló por completo el disparo y lo deshizo.

— ¿Ves? ¡Es imposible! —gritó Dimitri—. La barrera anula todo intento por impactarla . Y si la tocas, ¡mueres instantáneamente!

—¿Es que no lo ves? —respondió Lucca, con una seriedad que no era propia de ella—. Estoy aprendiendo alquimia.

— ¡Explícate! —exigió un intrigado Dimitri.

—En cuanto logré abrir el amuleto, vi que los alquimistas tienen muchas técnicas interesantes —dijo Lucca, con los ojos iluminados por una genuina pasión por el conocimiento—. La técnica de teletransportación podría ayudarnos a traspasar la barrera sin siquiera tocarla.

— ¿De qué demonios hablas? ¡Eso es imposible! —protestó Dimitri—. Pasar por una pared, sin siquiera tocarla, es algo absurdo.

—La alquimia es muy diferente al vudú, hermano. Funciona con principios totalmente diferentes —dijo Lucca mirando a su hermano fijamente—. Los alquimistas lo llaman física cuántica, quiero aprender todo sobre ella para que podamos escapar.

Dimitri jamás había visto unos ojos así, con un brillo azul intenso que lo convenció de que Lucca hablaba en serio y que realmente ella podría estar en lo correcto. Que tal vez sí existía la posibilidad de escapar de la Isla de Orión.