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Mi relato “Edrel’ch y el #21” fue publicado en la Revista Salto al reverso #8.

Además los invito a conocer más sobre el proyecto de crowdfunding de Salto al reverso.

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Aquí el relato:

Revista 8 Salto al reverso impresa 215

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Originalmente publicado en: Azahar literario

—No es la primera vez que me corta la conversación de golpe. Nunca he sido celoso, pero está muy raro todo esto —dijo Matías, algo contrariado—. ¡Siempre son los viernes, siempre a esta hora! Estamos conversando de lo más normal y…

— ¿De repente se desaparece por tres horas y te escribe como si nada hubiera pasado? —interrumpió Marcos, luego de darle una calada a su cigarrillo.

—Sí, eso —Matías dio un largo trago a su cerveza—. Por eso te llamé. Tú me puedes ayudar.

— ¡Para eso son los amigos! —Marcos le dio un abrazo a Matías, siempre tuvo sus sospechas—. Ella no te merece y lo sabes.

— ¡No quiero sermones, Marcos! Quiero respuestas —Matías no soportaba ni la sugerencia del tema de los cuernos.

— Está bien. Yo solo decía. No te enojes y mantén el plan. Respóndele como siempre.

— Me sigue escribiendo como si nada —Matías vio la hora en su celular, eran las 21:17—. Aún no es hora.

—Bueno, pues. Si lo que dices es cierto, en cuatro minutos dejará de responderte y podremos ver si sale de su casa —Marcos lanzó su cigarrillo al suelo y lo pisó.

— ¿Tienes todo listo? —Matías se acabó media cerveza de un tirón.

— ¡Sí, patrón! —dijo Marcos en tono de burla.

—Ya dejó de responder —Matías le enseñó su celular a su amigo—. Mira su última conexión, 21:21. Como cada viernes. Luego de eso no aparecerá hasta luego de tres horas.

—Interesante, mira —Marcos le dio unos binoculares a su amigo.

Se vio a la novia de Matías salir de su casa.

—Bien, pues. Veamos a donde va tu novia cada viernes por la noche —dijo Marcos, disfrutando del misterio.

Los muchachos siguieron a la joven, guardando cierta distancia para que ella no pudiera detectarlos. Marcos era experto siguiendo a la gente, se ganaba la vida haciendo investigaciones de infidelidad y cosas así.

—Hemos caminado alrededor de una hora y Sandra no se detiene, no entiendo nada —dijo Matías, algo cansado de tanto caminar.

Ambos se preguntaban qué podía hacer Sandra a esas horas y en un lugar tan solitario.

— ¿Escuchas eso? —Matías se mostraba algo nervioso.

—Son pasos, de mucha gente —Marcos casi nunca se asustaba, esta no era la excepción—. ¿Estás asustado, amigo?

— ¡Deja de decir estupideces y dame los otros binoculares! —renegó Matías por la burla de su amigo.

Matías se extrañó más cuando vio con los binoculares infrarrojos. Se podía observar claramente un grupo de personas caminando en el bosque, adentrándose más en él. Sandra estaba entre esas personas.

—Marcos, ¡mira esto! —dijo Matías a quien creyó que estaba a su lado. Marcos había desaparecido.

La reacción de Matías fue de sobresalto.

— ¡Marcos! ¿Dónde estás? —gritaba un asustado Matías.

—Ja, ja, ja —rió Marcos desde atrás del árbol donde se estuvo escondiendo—. Debiste ver tu cara, fue única.

— ¡Payaso! ¿No te parece lo suficientemente rara la cosa como para andarte con chistes? —dijo Matías

— ¡Relájate! —Marcos recuperaba la respiración luego de su ataque de risa—. De seguro son un culto raro de niños. Alégrate de que no se fue a ver con otro.

—A mí esto me da muy mala espina. ¿Me puedes decir qué es esto? —Matías le mostraba a Marcos una zona de rojo intenso que se veía con los binoculares, más adelante en el bosque.

—Jamás había visto una marca así —Marcos estaba intrigado—. ¡Vamos a verla!

—No hay de otra, el grupo parece dirigirse hacia allá. Adelantémonos.

Los dos muchachos se dirigieron hacia la zona roja que se veía en los binoculares. Sin embargo, no lograron ver ninguna fuente de calor. Solo se veía un extraño arbusto sin hojas, en un claro del bosque, con cuatro piedras rodeándolo.

—Marcos, mira —Matías usó los binoculares y se dio cuenta de que era el arbusto el que emitía el color rojo que se veía.

Marcos no se lo podía explicar. Se suponía que, forzosamente, el arbusto debía estar en llamas para emitir una señal como esa. Marcos se acercó a examinar el extraño arbusto. Matías estaba más preocupado en usar los binoculares para no perder de vista a los que caminaban junto a su novia. Perdió de vista a su amigo unos minutos mientras observaba.

Se escuchó un estruendo y un grito cortado bruscamente. Matías regresó al lugar del arbusto y no vio a Marcos.

— ¡Qué gracioso! —gritó Matías al aire—. ¡Sal de allí y vamos a escondernos! Esa gente se acerca.

Marcos no respondió. Matías buscó a su amigo por los alrededores, pero no halló nada. Se vio obligado a esconderse solo, mientras esperaba la llegada de los caminantes.

Matías, escondido detrás de un árbol,  vio a cada uno de los caminantes hacer el mismo proceso: caminar alrededor del arbusto, tocar cada una de las cuatro piedras y regresar por donde vino. Las piedras brillaban cada vez que un caminante las tocaba. Cada vez que las cuatro piedras eran tocadas, el arbusto brillaba una vez y crecía ligeramente.

Era el turno de Sandra.

— ¡Vámonos de aquí! ¿Qué haces con estos dementes? —gritó Matías mientras agarraba del brazo a su novia, intentando llevársela a la fuerza.

Sandra estaba bajo un estupor. No parecía estar consciente de sus actos. Una luz empezó a salir de una de las ramas del árbol, tomó forma de rayo y tocó a Matías. El rayo lo paralizó. En un abrir y cerrar de ojos se vio en un lugar completamente diferente.

—Siento que todo tenga que terminar así para ti, muchacho —dijo un extraño anciano con capucha negra, a su lado se encontraba el cuerpo petrificado de Marcos—. Si permito que te lleves a la chica, descompleto el número necesario para el ritual. Si arruinas el ritual, mi planta perderá la energía acumulada y será inútil.

El encapuchado parecía tener muchas ganas de hablar, como si no hubiese tenido contacto humano por un largo tiempo. Le explicó al petrificado Matías que él era un practicante de vudú, y que la planta era un instrumento que robaba energía vital a aquellos que llegara a influenciar con sus esporas. Dijo que, al no tener una piedra filosofal para su cometido, se vio obligado a usar el recurso de la planta.

Luego de un mes la planta fue movida de sitio y usada para su propósito. Sandra no volvió a caminar involuntariamente por el bosque luego de eso. No se volvió a saber nada de Matías ni de Marcos. Dos plantas extrañas aparecieron en dos lugares lejanos. Tal como con la primera, nadie advirtió de su presencia.


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Esta reseña fue publicada en la Revista Salto al reverso, específicamente en la edición #8.

También los invito a conocer el proyecto de crowdfunding que Salto al reverso está llevando a cabo en Fondeadora.  Si quieres aportar da clic AQUÍ (todos los aportes tienen recompensa). ¡No dejes morir nuestro arte!

Noche1

Noche2

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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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 Imagen: Wikicommons

“El precio de los errores se paga al morir. No hay juez ni orden, solo la rueda del dharma. Los actos de una persona generan en su aura una energía denominada karma, que puede ser positiva o negativa. Cuando una persona muere, las energías positivas y negativas se suman. Dependiendo del resultado, y de su magnitud, se define el destino de su siguiente vida. La rueda del dharma no tiene conciencia, es tan solo un filtro que lee los datos anotados en el aura.

El secreto de la alquimia kármica radica en manipular el flujo del karma negativo fuera del aura propia, contaminando el destino de otro para mantener un saldo positivo en el propio.” Bases de la alquimia sagrada, página 34.

Este libro cada vez me intriga más. Estoy empezando a obtener las respuestas que he buscado. Llevo poco tiempo observando a cierto individuo que escapó de un manicomio. Desde que supe de ese caso de cambio de cuerpos, monitoreo señales extrañas y evasivas de otros criminales que han escapado a los radares del CCEK. Estoy casi seguro de que estas personas buscan la simple vida eterna, sin saber el potencial del poder que utilizan.

Analizando estos extraños escritos, empiezo a creer que es posible la transferencia de conciencias de una dimensión a otra. Pronto podré empezar con mi experimento #1.

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Reportó para ustedes, el #21.


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“El hombre es una especie narcisista por naturaleza, hemos colonizado hasta el último rincón de nuestro planeta, no somos la cúspide de la llamada evolución. Ese honor le corresponde a la cucaracha, capaz de vivir durante meses sin alimento y durante semanas si le arrancas la cabeza. Resiste la radiación. Si dios se ha creado a si mismo a su imagen y semejanza, entonces yo declaro que Dios es una cucaracha.” Mohinder Suresh

La estructura social y hábitos de las cucarachas son muy diferentes de lo que conocemos. La verdadera naturaleza de las cucarachas no la conoce nadie, salvo yo, que las observo desde el principio de los tiempos. Las cucarachas, gracias a su maravilloso cuerpo, han logrado evolucionar a pasos agigantados. Hace ya millones de años que desarrollaron su conciencia y su inteligencia. Han coexistido silenciosamente con la raza humana, llegando incluso a aprender su lenguaje escrito en cientos de idiomas. Sin embargo, no han logrado desarrollar su tecnología a un nivel comparable al de ellos, debido, más que nada, a su tamaño.

Sin embargo, usted que me lee, se preguntará: ¿cómo es posible que eso sea verdad, si las cucarachas parecen ser seres torpes y relativamente indefensos ante nosotros? Pues bien, resulta que las cucarachas que deambulan en la superficie son las exiliadas de la sociedad de las cucarachas.

Las cucarachas viven organizadas debajo de la tierra. Tienen una sociedad compleja y desarrollada. Las cucarachas que cometen crímenes atroces, o aquellas reincidentes de crímenes menores, son condenadas a una degradación genética que atrofia sus capacidades mentales y las de sus descendientes. Luego son enviadas a la superficie, a la penosa condena de convivir con los humanos y comer de sus desechos.

Las cucarachas de debajo de la tierra llegaron a percatarse del daño que la raza humana causa al planeta. Las sociedad de las cucarachas pasó mucho tiempo pensando y planeando que hacer ante tal amenaza. Sus líderes convocaron a sus mentes más brillantes para buscar una solución. Sin embargo, debido al retraso tecnológico de su sociedad, era poco lo que podían hacer. Fue entonces que se organizó una búsqueda incesante de conocimiento por parte de las cucarachas. Enviaron infinidad de soldados a infiltrarse en bibliotecas humanas para robar libros que pudieran darles una pista de cómo cambiar el destino del planeta.

Eventualmente aprendieron a controlar las mentes de las cucarachas exiliadas. De esta forma aceleraron su trabajo de recolección de datos.

Leyeron y leyeron. Pensaron y pensaron. Debatieron y debatieron. Hasta que llegaron a una conclusión: la única manera de salvar al planeta de los seres humanos, es deshaciéndose de ellos.

El plan de las cucarachas consiste básicamente en una intoxicación programada, sistemática y rápida de todos los humanos. Tienen planeado asaltar poco a poco los cuarteles militares que posean ojivas nucleares, usando la mano de obra de las cucarachas exiliadas controladas mentalmente. Luego de reunir cierta cantidad de material radiactivo, planean procesarlo y convertirlo en un potente veneno. El veneno será almacenado en los cuerpos de las exiliadas, para luego enviar a una cucaracha por cada ser humano existente, más refuerzos (la población mundial de cucarachas da para eso y más). Las cucarachas tienen previsto que será casi imposible sincronizar el ataque para que todos los humanos mueran al mismo tiempo, o que puedan realmente inocular el veneno con éxito a todos. Así que planean dividir la intoxicación masiva en etapas: primero los médicos, para que su ausencia impida el tratamiento del resto de la población; luego militares y policía, para que su ausencia provoque caos y los humanos empiecen a destruirse a sí mismos. Finalmente, con la población general vulnerable, podrán eliminar fácilmente a aquellos que no pudieron ser inoculados, dispersando el veneno por el aire.

Los líderes de la sociedad de las cucarachas consideran que ese es el mejor plan de acción, puesto que si liberaran el veneno por el aire sin antes eliminar a los médicos, militares y policía, los humanos tal vez podrían organizar un contraataque o protegerse. Tampoco desean hacer explotar las ojivas nucleares, puesto que su objetivo secundario es apoderarse de lo que consideran lo único notable de la humanidad: su tecnología.

Así las cucarachas planean, organizan y ejecutan su plan poco a poco, esperando el momento oportuno para deshacerse de los seres humanos.


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