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El gusano en el camino

Ilustración: Blacksmith Dragonheart

Existía un hombre que nació con el don de hablar con los insectos. Cierto día vio, en un camino muy largo, a un gusano arrastrándose para llegar hasta el final.

El hombre se acercó y lo saludó, le preguntó si quería que él lo llevara en su hombro hasta el final del sendero, porque sentía compasión por él y no quería que se cansara o muriera en el camino.

El gusano, atónito porque un hombre hablaba su idioma, rechazó la oferta. Le dijo: “Gracias, pero puedo seguir por mí mismo. Si no hubieras aparecido, de todas formas hubiera tenido que seguir mi camino. No necesito compasión por el hecho de llevar la vida de cualquier gusano, ni requiero de un trato especial. Sigue tu camino, buen hombre”.

El hombre, pensativo, se despidió del gusano y siguió su camino. Al llegar a su destino pensó en las palabras del gusano y dejó de esperar a que un ser más grande que él le tendiera la mano y le ofreciera un atajo a su destino.

El hombre nunca supo que el gusano, al rechazar su amabilidad, le salvó la vida.

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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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Luego de mucho entrenamiento, cierto joven alquimista logró crear una piedra filosofal incompleta. Usó sus conocimientos de alquimia para replicar la estructura espacial de un alma humana y depositarla dentro de una piedra creada mediante la condensación de ánima. Tanto la piedra como la réplica del alma fueron elaboradas de forma muy rudimentaria, por lo que su apariencia y capacidades no eran, ni de cerca, comparables a las de una piedra filosofal completa.

Entre las principales diferencias estaban la textura y el color. La piedra incompleta era áspera, de un color rosa pálido y opaco. La piedra completa debía ser suave, de un color rojo y brillante. Pero la diferencia fundamental radicaba en su naturaleza. La piedra incompleta no era un objeto viviente. La funcionalidad del objeto incompleto era también muy inferior. El intento de piedra filosofal tan solo servía para contener una porción de espacio muy superior a la de sus dimensiones físicas.

El joven alquimista, muy contento por su logro, decidió usar la piedra para asegurarse una vida tranquila que dedicaría a su investigación acerca del núcleo del alma humana. Apenas había descubierto que el alma es, en sí misma, un lugar. Aquel conocimiento fue el que utilizó para crear su piedra incompleta. Copió una porción del espacio de su alma y lo colocó dentro de una piedra pequeña, obteniendo como resultado el espacio equivalente al de un casillero dentro de una piedra que cabía en la palma de su mano.

Con aquel objeto, visitaba las tiendas para robar alimentos, ropa o cualquier cosa que le permitiera mantenerse sin necesidad de trabajar. El resto del tiempo lo pasaba en las montañas o en los bosques, realizando la investigación necesaria para completar su proyecto más ambicioso: una piedra filosofal viviente.


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Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

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Imagen por: George Ripley

Se dice que cierto alquimista logró crear la piedra filosofal y que, llegado el momento en que la naturaleza se lo dictó, decidió marcharse del mundo terrenal creando un objeto.

Antes del día señalado por la naturaleza, el alquimista ya había preparado todos los ingredientes:

  • Su libro de investigación de alquimia.
  • Su piedra filosofal.
  • Su diario viviente.

Realizó un ritual y, en el justo instante de su muerte, usó su cuerpo como combustible para su último portento filosofal en el mundo terrenal. Logró fundir su alma con el alma de su piedra filosofal, usando como catalizador el diario —para captar la esencia de la persona— y el libro que contenía su investigación alquímica —para captar la esencia de la piedra—.

Al juntar todos esos ingredientes se obtuvo como resultado un libro con siete sellos. El libro contaba con las siguientes características:

  • Era capaz de elegir a su dueño.
  • Interactuaba con el portador del libro, proyectando en su mente una habitación astral —contenida dentro del libro— y un guardián del libro —un holograma con la misma personalidad del alquimista que lo creó—.

El guardián del libro tiene como misión buscar un dueño digno del cual alimentarse. El libro contiene sellos que impiden el acceso a sus siete secciones. El portador debe pasar siete pruebas para abrir los siete sellos.

El guardián del libro no explica al portador absolutamente nada sobre su alimentación ni sobre cuando se están llevando a cabo las pruebas . El libro puede irse de manos del portador cuando desee. El libro, en su contraportada, tiene dos inscripciones:

El libro contiene la receta de la piedra filosofal. El mecanismo que mantiene funcionando al libro se alimenta de la apertura de los sellos, que solo pueden abrirse luego de recibir cierta cantidad de la luz que emana un ser cuando logra aquello que consideraba imposible.


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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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Amuleto de enseñanza de alquimia del tiempo

Limpiando las bodegas me encontré un libro. El título dice “Bases de la alquimia sagrada”. Es de lo más extraño.

Prólogo

Cierta raza extraterrestre desarrolló un tipo especial de alquimia conocido como alquimia sagrada. Este tipo de alquimia consiste en la infusión de ánima dentro de un objeto. Cuando un ser inerte se vuelve contenedor de ánima se llega a considerar, para propósitos de alquimia, como un ser viviente.

La creación de objetos vivientes ayudó mucho al desarrollo de la civilización de aquella raza. Los objetos vivientes tenían formas y aplicaciones muy variadas. Muchos sabios y artistas marciales utilizaron los procesos de la alquimia sagrada para encerrar  copias artificiales de sus conciencias dentro de amuletos cuya función era la de proyectar un holograma interactivo con rasgos de su personalidad. Estos amuletos eran capaces de relacionarse con otros seres mediante una inteligencia artificial muy avanzada.

Otra aplicación de la alquimia sagrada fue la de crear armas poderosas capaces de elegir a su dueño mediante criterios incorporados. Muchos herreros y maestros de armas utilizaron esta técnica para evitar que sus creaciones y técnicas fueran usadas para fines contrarios a sus ideales.

Algunos alquimistas aprovecharon el conocimiento de los objetos vivientes para desarrollar amplificadores alquímicos que les permitieron usar sus habilidades a niveles imposibles hasta ese entonces. La piedra de los filósofos es el amplificador alquímico más poderoso jamás desarrollado, muy pocos alquimistas han logrado fabricarlo. El secreto de la fabricación de la piedra es guardado celosamente por los pocos que lo conocen.

Los Limitantes, como militantes antievolutivos, prohibieron y persiguieron cualquier forma de alquimia sagrada.

La posesión de textos, amuletos y cualquier cosa que haga referencia a este tipo de alquimia está penado por la ley de Los Limitantes.

La posesión de este libro constituye un delito interdimensional. Léase bajo su propio riesgo, consérvese oculto.

Hay muchas cosas interesantes en él. Lo leeré con detenimiento.

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Reportó para ustedes, el #21.


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Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

Aquel alquimista ya había comprendido la miseria que existe en el mundo. Había aprendido el verdadero valor de las cosas, y a proteger aquellas que amaba: incluso pagando con su propia sangre.

En el proceso, el alquimista tuvo que replicar el núcleo de su alma, a costa de un sufrimiento inimaginable. Colocó la copia en el centro de una piedra y la alimentó con ánima. Sintió, al fin, la dicha de haber completado la gran obra. Pero algo no marchaba bien.

Piedra filosofal, piedra roja, ¿afectas la realidad? —preguntó el alquimista, llorando de decepción al ver que la piedra que construyó no reaccionaba.

—La respuesta es sí —dijo la piedra.

El alquimista sonrió. Lo había conseguido. ¡Había creado el más poderoso de los objetos vivientes!


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