Posts etiquetados ‘Piedra filosofal’

Originalmente publicado: Blog de Salto al reverso

Lagrima filosofal

Ilustración: Blacksmith Dragonheart

Cierto alquimista del planeta Tierra dedicó su vida a la investigación del alma humana. Con el pasar de los años descubrió que el alma era, en sí misma, una fuente de energía. Este conocimiento fue el que utilizó para perfeccionar una técnica conocida como salto etéreo. La técnica consistía en la proyección de su aura hacia el plano astral, lo que le permitió explorar la frecuencia correspondiente al planeta Tierra.

Luego de pasar años explorando la frecuencia astral terrestre, el alquimista descubrió ciertas leyes naturales que rigen el plano astral. Se dio cuenta, por ejemplo, de que cada objeto celeste con capacidad de doblar la gravedad era, en teoría, capaz de emitir su propia frecuencia astral. Ese conocimiento le permitió transportarse de forma prácticamente instantánea a través de grandes distancias en el plano astral y, con el tiempo, también le permitió acceder a la frecuencia astral correspondiente a la luna terrestre.

Con el salto etéreo a la luna, el alquimista empezó a entender al plano astral como una gran red informática. Se dio cuenta de que no necesitaba contacto físico con el objeto celeste para acceder a su frecuencia astral, por lo que se dispuso a explorar el universo conocido. Mediante la proyección astral, el alquimista podía trascender el espacio físico a su antojo, es decir, podía observar el mundo material con total claridad. Debido a que solo su aura estaba presente en las frecuencias astrales, no podía interactuar físicamente con los objetos. Sin embargo, podía acceder a zonas conocidas como habitaciones astrales, espacios a los que solo puede accederse con la contraseña adecuada. El alquimista logró descifrar la existencia de ciertas contraseñas genéricas, por lo que accedió a la gran cantidad de datos contendida en muchos objetos del cosmos y su conocimiento aumentó de forma considerable.

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Como resultado de muchos experimentos, el alquimista logró acceder a una frecuencia astral de una dimensión diferente a la suya. La exploró y se dio cuenta de que las frecuencias de ese nuevo plano astral se regían básicamente por las mismas leyes que las de su dimensión. De esa forma terminó por explorar esa y muchas otras dimensiones. Conforme más dimensiones exploraba, más aprendía. Mientras más aprendía, su aura era capaz de almacenar cada vez más información y de forma más eficiente. La velocidad con la que el alquimista recorría las dimensiones lo hizo trascender el tiempo.

Mientras más frecuencias exploraba, era menos extraño encontrarse con entidades que se dedicaran a la misma actividad que él. El alquimista astral había llegado a una red interdimensional habitada, donde cada uno de los miembros tenía capacidades tanto o más avanzadas que las suyas. Compartió conocimientos con múltiples entidades astrales, incluso con seres que realizaban el salto etéreo de la misma forma que él, es decir, con un cuerpo físico proyectado mediante un proceso de alquimia. De entre todas las entidades que conoció, una llamó mucho su atención. Era una manifestación de energía con un nombre que no puede pronunciarse en lengua humana.

El alquimista y aquella entidad establecieron una amistad. Compartieron ideas, pensamientos e ideales. El tiempo pasó y la relación entre ambos empezó a estrecharse, al punto de convertirse en una intimidad emocional. En el plano material el alquimista practicaba reprogramando su cuerpo, de tal manera que pudiera mantenerlo semiconsciente para que realizara por su cuenta actividades como la alimentación y el ejercicio. De esa manera aumentaba progresivamente el tiempo que pasaba en la red astral compartiendo su vida con la entidad de energía con la que intimaba. Con mucha práctica, el alquimista convirtió su cuerpo en un mero accesorio que necesitaba mantener a salvo para seguir viviendo, y decidió ir un paso más allá en la consolidación de su vínculo con su pareja astral.

El alquimista, una vez solucionó el asunto de su cuerpo, decidió establecer un ritual de hieros gamos con la entidad de energía. La entidad aceptó y empezaron un proceso de complementación que les reportó crecimiento y satisfacción. Lograron una conexión estable y poderosa. Gracias a la calidad de esa conexión, fueron capaces de construir su propia frecuencia astral, donde solo ellos vivirían. Dentro de aquella frecuencia, tanto el alquimista como la entidad de energía construyeron una réplica de sus galaxias originales, así como un planeta lleno de sus plantas favoritas. Compartieron sus vidas astrales durante un período que trascendía el tiempo.

En el plano material el cuerpo del alquimista, gracias a su programación, se mantenía saludable y en forma.

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Cierto día, el alquimista enfermó gravemente. La frecuencia astral donde vivía con su pareja de hieros gamos desapareció de forma súbita. Eso generó un error en el salto etéreo del alquimista, lo que provocó el regreso brusco de la proyección de su aura a su cuerpo material. El shock de aquel evento dejó al alquimista en un estado de salud muy delicado, por lo que programó su cuerpo para las reparaciones necesarias con el fin de volver a realizar otro salto etéreo.

Una vez que su salud le permitió dar un nuevo salto, el alquimista astral dedicó su tiempo material a sanar su cuerpo y su tiempo astral a recopilar información sobre las causas de su  desconexión súbita y permanente de la frecuencia astral donde habitaba. Empezó por investigar el paradero físico de su pareja. No demoró mucho en llegar pues conocía la dimensión y la galaxia exacta donde se encontraba la entidad de energía. El alquimista descubrió que el planeta que buscaba había sido destruido y que la desconexión que sufrió fue causada por la muerte de su compañera.

El alquimista realizó otra investigación que le llevó a determinar que el planeta de su pareja estaba en medio de la implementación de una ruta de transporte intergaláctico de agua. Otra investigación lo ayudó a definir que, con toda certeza, los últimos responsables de las rutas de transporte intergaláctico de agua son una raza de seres interdimensionales conocidos como Los Limitantes.

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Luego de identificar a los culpables de su tragedia, el alquimista astral empezó a contaminar su alma con resentimiento. Decidió entonces construirse un arma para llevar a cabo su venganza contra Los Limitantes. De entre todos los conocimientos que adquirió en sus innumerables viajes astrales, estaba el de la fabricación de un amplificador alquímico conocido como la piedra filosofal. La construcción de dicho objeto requiere de un conocimiento amplio sobre el núcleo del alma humana. El alquimista astral tenía los conocimientos necesarios. Pese a ello, no era capaz de construir una piedra filosofal completa. Las réplicas del núcleo del alma, que introducía en sus piedras, eran inestables y acababan fundiéndose.

Viendo que no lograba completar la piedra, decidió fabricarse un amplificador lo más cercano posible. Usó entonces, como base para su amplificador, los restos de su ritual de hieros gamos. Condensó aquellos restos y los convirtió en una lágrima de sangre que finalmente expulsó por uno de sus lacrimales. Esto dio origen a la piedra filosofal incompleta conocida como la lágrima de sangre.

Usando la lágrima de sangre, el alquimista astral se dedica a la custodia de objetos valiosos, guardándolos dentro de ella para hacerlos llegar a sus respectivos dueños. Esta actividad le permite conseguir los recursos necesarios para su venganza. Dentro de esos objetos estoy yo, esperando a ser entregado.


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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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Luego de mucho entrenamiento, cierto joven alquimista logró crear una piedra filosofal incompleta. Usó sus conocimientos de alquimia para replicar la estructura espacial de un alma humana y depositarla dentro de una piedra creada mediante la condensación de ánima. Tanto la piedra como la réplica del alma fueron elaboradas de forma muy rudimentaria, por lo que su apariencia y capacidades no eran, ni de cerca, comparables a las de una piedra filosofal completa.

Entre las principales diferencias estaban la textura y el color. La piedra incompleta era áspera, de un color rosa pálido y opaco. La piedra completa debía ser suave, de un color rojo y brillante. Pero la diferencia fundamental radicaba en su naturaleza. La piedra incompleta no era un objeto viviente. La funcionalidad del objeto incompleto era también muy inferior. El intento de piedra filosofal tan solo servía para contener una porción de espacio muy superior a la de sus dimensiones físicas.

El joven alquimista, muy contento por su logro, decidió usar la piedra para asegurarse una vida tranquila que dedicaría a su investigación acerca del núcleo del alma humana. Apenas había descubierto que el alma es, en sí misma, un lugar. Aquel conocimiento fue el que utilizó para crear su piedra incompleta. Copió una porción del espacio de su alma y lo colocó dentro de una piedra pequeña, obteniendo como resultado el espacio equivalente al de un casillero dentro de una piedra que cabía en la palma de su mano.

Con aquel objeto, visitaba las tiendas para robar alimentos, ropa o cualquier cosa que le permitiera mantenerse sin necesidad de trabajar. El resto del tiempo lo pasaba en las montañas o en los bosques, realizando la investigación necesaria para completar su proyecto más ambicioso: una piedra filosofal viviente.


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Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

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Imagen por: George Ripley

Se dice que cierto alquimista logró crear la piedra filosofal y que, llegado el momento en que la naturaleza se lo dictó, decidió marcharse del mundo terrenal creando un objeto.

Antes del día señalado por la naturaleza, el alquimista ya había preparado todos los ingredientes:

  • Su libro de investigación de alquimia.
  • Su piedra filosofal.
  • Su diario viviente.

Realizó un ritual y, en el justo instante de su muerte, usó su cuerpo como combustible para su último portento filosofal en el mundo terrenal. Logró fundir su alma con el alma de su piedra filosofal, usando como catalizador el diario —para captar la esencia de la persona— y el libro que contenía su investigación alquímica —para captar la esencia de la piedra—.

Al juntar todos esos ingredientes se obtuvo como resultado un libro con siete sellos. El libro contaba con las siguientes características:

  • Era capaz de elegir a su dueño.
  • Interactuaba con el portador del libro, proyectando en su mente una habitación astral —contenida dentro del libro— y un guardián del libro —un holograma con la misma personalidad del alquimista que lo creó—.

El guardián del libro tiene como misión buscar un dueño digno del cual alimentarse. El libro contiene sellos que impiden el acceso a sus siete secciones. El portador debe pasar siete pruebas para abrir los siete sellos.

El guardián del libro no explica al portador absolutamente nada sobre su alimentación ni sobre cuando se están llevando a cabo las pruebas . El libro puede irse de manos del portador cuando desee. El libro, en su contraportada, tiene dos inscripciones:

El libro contiene la receta de la piedra filosofal. El mecanismo que mantiene funcionando al libro se alimenta de la apertura de los sellos, que solo pueden abrirse luego de recibir cierta cantidad de la luz que emana un ser cuando logra aquello que consideraba imposible.


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Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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Amuleto de enseñanza de alquimia del tiempo

Limpiando las bodegas me encontré un libro. El título dice “Bases de la alquimia sagrada”. Es de lo más extraño.

Prólogo

Cierta raza extraterrestre desarrolló un tipo especial de alquimia conocido como alquimia sagrada. Este tipo de alquimia consiste en la infusión de ánima dentro de un objeto. Cuando un ser inerte se vuelve contenedor de ánima se llega a considerar, para propósitos de alquimia, como un ser viviente.

La creación de objetos vivientes ayudó mucho al desarrollo de la civilización de aquella raza. Los objetos vivientes tenían formas y aplicaciones muy variadas. Muchos sabios y artistas marciales utilizaron los procesos de la alquimia sagrada para encerrar  copias artificiales de sus conciencias dentro de amuletos cuya función era la de proyectar un holograma interactivo con rasgos de su personalidad. Estos amuletos eran capaces de relacionarse con otros seres mediante una inteligencia artificial muy avanzada.

Otra aplicación de la alquimia sagrada fue la de crear armas poderosas capaces de elegir a su dueño mediante criterios incorporados. Muchos herreros y maestros de armas utilizaron esta técnica para evitar que sus creaciones y técnicas fueran usadas para fines contrarios a sus ideales.

Algunos alquimistas aprovecharon el conocimiento de los objetos vivientes para desarrollar amplificadores alquímicos que les permitieron usar sus habilidades a niveles imposibles hasta ese entonces. La piedra de los filósofos es el amplificador alquímico más poderoso jamás desarrollado, muy pocos alquimistas han logrado fabricarlo. El secreto de la fabricación de la piedra es guardado celosamente por los pocos que lo conocen.

Los Limitantes, como militantes antievolutivos, prohibieron y persiguieron cualquier forma de alquimia sagrada.

La posesión de textos, amuletos y cualquier cosa que haga referencia a este tipo de alquimia está penado por la ley de Los Limitantes.

La posesión de este libro constituye un delito interdimensional. Léase bajo su propio riesgo, consérvese oculto.

Hay muchas cosas interesantes en él. Lo leeré con detenimiento.

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Reportó para ustedes, el #21.


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Originalmente publicado en: El triángulo de las lecturas

Aquel alquimista ya había comprendido la miseria que existe en el mundo. Había aprendido el verdadero valor de las cosas, y a proteger aquellas que amaba: incluso pagando con su propia sangre.

En el proceso, el alquimista tuvo que replicar el núcleo de su alma, a costa de un sufrimiento inimaginable. Colocó la copia en el centro de una piedra y la alimentó con ánima. Sintió, al fin, la dicha de haber completado la gran obra. Pero algo no marchaba bien.

Piedra filosofal, piedra roja, ¿afectas la realidad? —preguntó el alquimista, llorando de decepción al ver que la piedra que construyó no reaccionaba.

—La respuesta es sí —dijo la piedra.

El alquimista sonrió. Lo había conseguido. ¡Había creado el más poderoso de los objetos vivientes!


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