Posts etiquetados ‘Piedra filosofal’

«Inside the Large Hadron Collider», por John Smith (CC0)

Habían pasado casi diez años desde que Lucca empezó a aprender del amuleto rosacruz que su hermano Dimitri le obsequió. Durante ese tiempo la niña, que ya era una mujer de baja estatura, delgada y de facciones delicadas, se dedicó a estudiar con éxito los principios de la física cuántica y su aplicación en el mundo macroscópico. Con ese conocimiento, comenzó a experimentar con pequeñas partículas dentro de la cantimplora prisión de su hermano.

Consiguió usar sus conocimientos de alquimia para lograr diferentes efectos a nivel subatómico. Primero logró la superposición cuántica, es decir, hacer que la misma partícula estuviera en dos lugares al mismo tiempo. Posteriormente, logró el entrelazamiento cuántico de dos partículas, es decir, logró atar dos partículas y hacer que los efectos sobre una también le sucedieran a la otra sin importar la distancia entre ellas.

Lo que no había logrado, ni con su década de entrenamiento, fue teletransportar una partícula de un punto A hacia un punto B en el espacio. Se dio cuenta, además, el complicado progreso de sus experimentos se debía al limitado acceso a fuentes de energía. Por lo que decidió trabajar en un generador que solucionara dicho inconveniente. Sin embargo, había un problema. La cantimplora prisión tenía un espacio limitado que hace mucho le había quedado pequeño a Lucca. Dicha necesidad la llevó a desviarse, durante algunos años, del objetivo de sus entrenamientos y experimentos. Paró los estudios a nivel subatómico y empezó a desarrollar un amplificador alquímico como el que mostraba el amuleto, uno como el que usaban los antiguos Caballeros rosacruces.

***

Dimitri continuaba sus labores como miembro de las Tropas de la muerte. Durante la década en que su hermana entrenaba, él se encargó de que no le faltara nada allí dentro. Además, siempre tenía cuidado de sacarla cierta cantidad de tiempo al exterior para que respirara aire fresco, hiciera algo de ejercicio y tomara la luz del sol. Fue un día como esos, en el exterior, que Lucca tuvo la idea de desarrollar un núcleo para su piedra filosofal incompleta. Decidió copiar el mismo mecanismo del sol, por lo que empezó a construir un generador de fusión nuclear en su piedra.

Cuando el generador quedó instalado, Lucca continuó con sus experimentos y perfeccionó la aplicación de la superposición y entrelazamiento cuántico. Además, por fin, avanzó un paso en su plan. Había encontrado la forma de teletransportar fotones de un lugar a otro dentro de la cantimplora prisión. El siguiente paso era, según sus investigaciones, la teletransportación de fotones desde dentro de la cantimplora hacia el exterior.

Eso parecía imposible por dos motivos. El primero era que la teletransportación solo podía lograrse a distancias muy pequeñas que solo eran significativas a nivel subatómico. El segundo, y tal vez el más complicado, era que la cantimplora prisión era una dimensión de bolsillo creada mediante el vudú. Por tanto, Lucca llegó a una conclusión importante. Teorizó que si lograba teletransportar un fotón fuera de la cantimplora, en teoría, era lo mismo que sacar una partícula fuera de la barrera mortal de la Isla de Orión. Eso reforzó su convicción y decidió mejorar su piedra filosofal para usar la energía de forma más eficiente y lograr lo que, en ese momento, parecía imposible.

***

—Hermano, ¿puedes hablar?—dijo Lucca, usando su poder de telepatía.

—Sí, aún sigue siendo de madrugada —respondió Dimitri—. ¿Otra vez perdiste la noción del tiempo?

—No, hermano. Sabes que desde que construí el reloj atómico, ya no me pasan esas cosas —respondió Lucca—. Es solo que creo que ya solucioné el problema y necesito hacer otro experimento.

—¡No otra vez, Lucca! —respondió un enojado Dimitri—. ¡Es la quinta vez que crees tener la respuesta, ya se me acabaron las excusas para salir del cuartel general!

—Lo siento mucho, hermano —respondió Lucca, con tristeza en su voz—. Es solo que, luego de mejorar mi piedra, los cálculos están cada vez más rápido. Pero está bien, esperaré hasta que puedas salir del cuartel.

—Sabes que te apoyo —dijo Dimitri, intentando calmarse y no descargar la frustración del día sobre su hermana—. Voy a hacerlo de nuevo.

—No, hermano, esa técnica no —rogó Lucca—. ¡Te causa mucho dolor!

Dimitri no escuchó el ruego de su hermana y empezó a recitar un conjuro en voz muy baja. De repente, apareció un segundo Dimitri en la habitación.

—¡Basta, hermano! —dijo Lucca, mientras veía a Dimitri retorcerse del dolor en el suelo.

—Necesitas hacer ese experimento, ¿no? —respondió Dimitri, bajo un evidente sufrimiento—. ¡Hay que hacer lo que es necesario!

Ella no dijo nada, sabía el dolor que producía la técnica de doppelganger de su hermano y no podía perder el tiempo.

—¡Está bien, hermano! —gritó telepáticamente—. Te prometo que valdrá la pena, deja a la copia y vamos.

Dimitri había aprendido una técnica que, a cambio de un intenso dolor físico, le permitía a un practicante de vudú crear una copia de su cuerpo para ser usada en situaciones estratégicas. Así que, dado que toda la conversación entre él y Lucca fue telepática, y que la copia de Dimitri distraería a los demás soldados en su ausencia, la pareja de hermanos pasó desapercibida y se dirigió a una cueva. Lucca necesitaba un lugar completamente oscuro para probar los resultados del nuevo experimento. La joven mujer hizo todo con mucha precisión pero con mucha prisa. Sabía que mientras más tiempo pasaba, más sufría su hermano al mantener activa su copia en el cuartel general. Así que salió de la cantimplora prisión de Dimitri y aplicó alquimia medicinal sobre su hermano para ayudarle, en algo, a resistir el dolor.

La joven mujer hizo unos extraños movimientos con sus manos y, usando su aura, encendió su piedra filosofal y sacó de ella unos extraños aparatos de medición y los colocó en las paredes de la cueva. Luego volvió dentro de la cantimplora y comenzó el experimento. Usó todas las energías acumuladas en su piedra para envolver un fotón con aura concentrada y, aplicando su conocimiento alquímico, lo hizo desaparecer del interior de la cantimplora. Hecho esto, Lucca salió a revisar los medidores de la cueva y saltó de la emoción.

—¡Lo logramos, hermano! —gritó Lucca, visiblemente emocionada.

—¡Bien! Luego me explicas los resultados. ¡Volvamos! —dijo Dimitri, bastante demacrado y desgastado a causa del dolor y la exagerada cantidad de sed de sangre que gastaba la técnica de doppelganger.

Emprendieron el camino de regreso mientras Lucca le explicó a su hermano que los medidores de la cueva detectaron la presencia de un fotón dentro de la cueva oscura. Lo que significaba que, efectivamente, había logrado teletransportar una partícula desde dentro de una dimensión de bolsillo hacia el exterior. También le explicó que, pese a los resultados positivos, había logrado confirmar dos de sus más grandes temores. El primero era que, tal como sospechaba, la energía de la piedra filosofal aún era insuficiente para el proceso. Eso provocó que, por culpa del exigente consumo energético, los sistemas internos terminaran fundidos, arruinando permanentemente su piedra. El segundo temor derivaba del primero. Si teletransportar una sola partícula excedió las capacidades de su piedra filosofal incompleta, ¿cómo transportaría un cuerpo humano, compuesto de una enorme cantidad de partículas?

***

Pasó un par de años luego del experimento exitoso con el fotón en la cueva. Dimitri había aprendido a reducir el dolor que provocaba la técnica de doppelganger, pudiendo usarla incluso en batalla. Lucca, por su parte, había construido su nueva piedra filosofal incompleta conocida como el Reactor. Esta piedra, fruto de sus nuevos entrenamientos y experimentos, consistía en un gran espacio interior que funcionaba como laboratorio. Aparte, separó un espacio para vivir su encierro perpetuo dentro de la piedra y ya no en la cantimplora de su hermano. Ahora contaba con luz solar propia gracias al núcleo especial del Reactor, que era un pequeño sol que iluminaba el interior de su piedra y proveía de energía a todos sus equipos.

Eso era un alivio para Dimitri, no solo porque pudo despejar la habitación de su hermana en su cantimplora, lo que aumentaba el espacio disponible; sino que, además, ya no tenía que correr riesgo saliendo del cuartel general de las Tropas de la muerte, dado que su hermana ya no necesitaba el sol del exterior y podía hacer sus experimentos dentro de su piedra. Pese a ello, cada vez que podía, Dimitri sacaba a su hermana a tomar aire fresco y a conversar.

Con el tiempo, Lucca pudo realizar experimentos que la llevaron a pasar de teletransportar un solo fotón a hacerlo con granos de polvo, compuestos por trillones de partículas. La piedra filosofal efectuaba todos los cálculos y brindaba la energía necesaria para realizar, con relativa facilidad, el proceso de transportar los granos de polvo. El penúltimo paso estaba cerca y consistía en transportar seres vivos desde dentro de su piedra hacia afuera de la cantimplora de su hermano. Luego de meditar en el progreso de su investigación y experimentación, quedó mucho más convencida de la certeza de su teoría cuántica. Se sentía segura de poder lograr los resultados deseados, es decir, teletransportarse junto a su hermano hacia el exterior de la barrera mortal de la Isla de Orión.

Originalmente publicado: Blog Salto al reverso

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«An athlete wrestling with a python», by Frederic Leighton (CC0)

Cierta raza extraterrestre fue invadida por una raza tecnológicamente más avanzada que se encontraba en búsqueda de un nuevo planeta luego de la destrucción del suyo. La raza invadida era una civilización agrícola y pacifista. Esta actitud evitó una matanza pero provocó su  gradual esclavitud. Luego, los recursos naturales del planeta fueron utilizados para construir base militares y poderosos cañones que utilizarían para ahogar cualquier rebelión de sus ya esclavos.

Durante la invasión, un anciano monje junto a su discípulo lograron escapar gracias a sus habilidades. Sin embargo, el anciano maestro sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Por lo que le era urgente terminar de entrenar a su discípulo y dejarle trazado el camino que debía seguir después de su partida.

***

—Maestro, aquí tiene un poco de agua —dijo el joven monje.

—Gracias, hijo —dijo el anciano monje—.

—Debería hacerme caso, maestro. Estaríamos mejor si saliéramos de esta cueva.

—No, hijo mío. Cuando yo muera, que será pronto, serás el último monje de este planeta —dijo el anciano en un tono muy solemne—. No puedes ser visto por los enemigos.

—Pero, maestro… —intentó replicar el joven monje.

—Aplica lo aprendido, hijo —dijo el maestro—. Y aprende cuanto puedas de mí, mientras aún esté en este mundo.

El anciano monje entrenó a su discípulo durante alrededor de dos años de aquel planeta, luego de eso murió.

 

***

El joven monje había adquirido mucho conocimiento gracias a su viejo maestro. El tiempo influyó poco en la cantidad de preguntas que pudo hacer, debido a que el anciano monje era capaz de crear una habitación astral en la que el tiempo corría mucho más lento que en el mundo material, dándole la oportunidad de enseñar muchas cosas en muy poco tiempo. Pese a ello, no logró terminar el entrenamiento para desbloquear los siete chakras de su discípulo.

El viejo maestro solo alcanzó a ayudar al monje a desbloquear hasta el quinto chakra. Por su cuenta, se dedicó a despertar el legendario Ojo de Ajna o sexto chakra. Una vez despierto, ese ojo le ayudaría a determinar el final de su entrenamiento, que tenía por objetivo la obtención de un gran poder para liberar a su especie de la raza que los esclavizaba. Pero aún no estaba listo.

 

***

Luego de acostumbrarse al uso de su Ojo de Ajna, se dio cuenta del camino que debía seguir. El monje entendió que, para conseguir poder usando el método de su maestro, se necesitaba demasiado tiempo. Aquel método consistía en la utilización del Ojo de Ajna para construir un objeto conocido como la Piedra roja de Sajasrara. Dicho objeto le permitiría despertar su séptimo chakra para alcanzar un estado de unidad con el Ánima Mundi para usar una habilidad marcial conocida como Samadhi-Modo, donde el cuerpo absorbe grandes cantidades de Anima mundi junto a su propia ánima para generar un aura amplificada de color dorado.

Sin embargo, para la construcción de la Piedra roja de Sajasrara, era necesario un proceso de purificación del alma y, luego, usar el Ojo de Ajna para acceder al espacio interior del alma. Una vez dentro puede accederse a las muchas habitaciones del alma. Una de ellas, conocida como La habitación de la locura es la que contiene el receptáculo del núcleo del alma. Al contener un objeto tan valioso, La habitación de la locura funciona como un mecanismo de seguridad para evitar que un ser toque el núcleo de su alma por accidente y se provoque daño. Además, según ciertas leyendas, el núcleo del alma no debe ser replicado porque es el motor sagrado que el Dios Absoluto creó para sostener la vida y no debería jugarse con la tecnología de Dios, por lo que el acceso a dicho lugar está restringido. Los mecanismos de seguridad son tan intensos que producen un dolor físico indescriptible a aquel que esté visitando La habitación de la locura. Además, para replicar el núcleo del alma es necesario sostenerlo y observar su forma. Para evitar que eso suceda, existen dos mecanismos adicionales de seguridad. El primero consiste en la presentación de visiones perturbadoras directamente en la mente del que intenta observar su propio núcleo, destinadas a hacerle perder la razón. El segundo, y tal vez el más peligroso, es un mecanismo que afecta el Ojo de Ajna, distorsionando la vista del que observa el núcleo para que la réplica no sea exacta, dando lugar a réplicas inestables cuya explosión puede llegar a matar al usuario.

El problema con la construcción de la Piedra roja de Sajasrara era que el proceso de purificación del alma requería de mucho tiempo. El joven monje sentía que no podía darse el lujo de consumir tiempo mientras su raza era abusada y esclavizada por aquellos invasores. Aquello lo llevó a decidir que ahorraría el mayor tiempo que pueda, incluso a costa de su propia salud y seguridad. La idea era fabricar un objeto lo más cercano posible a la Piedra roja de Sajasrara, pero sin la necesidad de purificar del todo su alma. Pensó por algunos meses en la forma de encontrar un atajo para la construcción de dicha piedra roja incompleta que funcionara, al menos de forma temporal, como una piedra roja genuina.

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Luego de un par de años de la muerte de su anciano maestro, en completo aislamiento dentro de aquella cueva, el monje ideó un método para construir una Piedra roja de Sajasrara modificada con las características que deseaba. Estaba listo para su visita a La habitación de la locura. Preparó todos los materiales para el ritual, tomó una pose de meditación y activó su Ojo de Ajna, que se veía como un gran ojo brillante en su frente.

Una vez dentro del trance, el monje se vio a sí mismo en la sala principal de su alma. Usando su percepción pudo llegar rápidamente a la puerta de La habitación de la locura. Entonces, como había ensayado miles de veces en su mente, corrió dentro de la habitación y soportó el dolor que le provocaba el piso del lugar. Se veía como descargas eléctricas y se sentía de la misma forma. Por fuera, se veía salir humo del cuerpo del monje, mostrando que aquellas descargas eléctricas no solo provocaban dolor sino que infligían un daño físico real. En cuanto logró llegar al receptáculo del núcleo de su alma, el mecanismo de las visiones intentó consumir la cordura del monje, que usó una concentración sobrehumana para sobreponerse a ellas. Finalmente, ya con el núcleo en sus manos, el monje se concentró en su Ojo de Ajna y aplicó una técnica que inventó él mismo para ahorrar tiempo en la misión de rescate de su civilización.

La técnica consistía en aislar, en una zona específica, todas las distorsiones visuales que provocaban las impurezas de su alma. De esa forma podía ver con nitidez el núcleo de su alma, al menos de forma parcial. Una vez logrado aquello, el monje regresó del trance y recobró el control de su cuerpo. De inmediato, utilizó los materiales previamente preparados para construir una réplica del núcleo de su alma, copiando de forma exacta la parte que pudo captar de forma nítida. La parte donde aisló sus impurezas no estaba para nada clara, por lo que el monje tuvo que usar su criterio para colocar los circuitos faltantes del núcleo de su alma. Una vez hecho esto, colocó dicho núcleo imperfecto dentro de una piedra especial de ánima condensada y se desmayó por el esfuerzo.

***

El monje se dio el tiempo de sanar su cuerpo de las secuelas de la fabricación de su Piedra roja de Sajasrara modificada. Cerró los ojos e inició una larga meditación, destinada a hacer fluir su aura a través de sus chakras. Cuando su Ojo de Ajna brilló en su frente, es decir, cuando ya su sexto chakra se activó, abrió los ojos y miró su piedra roja, que empezó a emanar un deslumbrante fulgor rojo y levitó hasta colocarse por encima de la cabeza del monje.

En lugar de usar la Piedra roja de Sajasrara para entrenar y poder despertar su séptimo chakra y dominar el Samadhi-Modo, el atribulado monje decidió usar su piedra modificada para convertirla en un séptimo chakra artificial. De esta forma, pudo acceder al Samadhi-Modo de manera forzada.

En cuanto encendió su Piedra roja de Sajasrara modificada, el monje sintió con claridad los mecanismos que no funcionaban correctamente. El circuito de encendido y apagado no funcionaba, por lo que se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. Usó la piedra como una especie de antena para atraer a la fuerza cantidades descomunales de ánima mundi, haciendo que su cuerpo accediera a un Samadhi-Modo forzado pero funcional. Usando aquel poder, el monje desbloqueó las limitaciones naturales del núcleo de su alma y del núcleo de su piedra modificada, por lo que fue capaz de generar cantidades masivas de aura amplificada y salió de la cueva.

El monje, envuelto en un inestable pero potente fulgor naranja, dio un gran salto hacia uno de los lejanos cuarteles generales de la raza invasora. Allí, los soldados solo vieron llegar un veloz meteoro naranja que se estrelló en la base, haciendo estallar las habitaciones de los soldados que aún dormían. Sin perder el tiempo, el monje dio otro salto haciendo estallar el segundo de los cuatro cuarteles generales construidos en el pequeño planeta con mano de obra esclava.

El objetivo del ataque era eliminar a los enemigos mientras dormían, para evitar las bajas por fuego cruzado y para no destruir el armamento de los invasores, que sería útil en caso de otra invasión. El monje, en cuanto destruyó los cuarteles generales, empezó a dar saltos haciendo estallar las diferentes zonas de concentración de soldados para acabar con la mayor cantidad posible. Antes de que pudiera acabar con todos los regimientos, la piedra incompleta que fue forzada a funcionar al nivel de una completa se quedó sin energía, por lo que comenzó a tomar energía del cuerpo del monje hasta agotarla también.

Cuando intentaba dar un último salto, el monje se dio cuenta que La Piedra roja de Sajasrara modificada empezó a volverse blanca. Luego, no solo la piedra roja sino su mano y su brazo se fueron volviendo blancos. En unos segundos, el altruista monje se convirtió en una estatua de piedra blanca que, a pesar de incontables disparos y caídas, no recibió ningún rasguño.

Los soldados sobrevivientes intentaron contraatacar, pero al haber sido diezmados por los saltos explosivos del monje, fueron controlados rápidamente por la población local que usó sus propias armas en su contra; logrando al fin la liberación de su raza.

Luego de una larga labor de reconstrucción, aquella raza extraterrestre logró la paz. Colocando, como símbolo de ella, la estatua blanca del monje que sacrificó su vida a cambio de la libertad de todo su planeta.

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

Thomas era el hijo ilegítimo de un sargento primero de la Marina, por lo que tuvo muy poco contacto con su padre. Pese a ello, cuando cumplió quince años, su padre decidió llevarlo de viaje a una playa muy lejana. Le dijo que admitía no haber sido una figura paterna para él, pero que lo único que podía darle como legado era enseñarle las artes de la alquimia que fueron el motivo de sus constantes viajes durante casi dos décadas. Thomas, por supuesto, se rehusó. Pero su madre lo obligó a obedecerlo como si de ella se tratara, incluso si pensaba que sus peticiones eran de lo más insólitas.

El entrenamiento duró alrededor de tres años y fue un curso intensivo de alquimia con un orden muy específico. Primero, debía recibir una preparación física y de supervivencia que le permitiera vivir de la naturaleza. Paralelo a eso, realizaban constantes ejercicios de meditación para sentir lo que su padre llamaba «la presencia del planeta». De hecho, lo llamaba de muchas formas: «el ánima del mundo», «la energía vital de La Tierra», «ánima mundi». Pero siempre se refería a lo mismo: una misteriosa sensación que, una vez identificada, puede ser sentida en todos los organismos vivientes.

Habían pasado casi tres meses y Thomas aún no entendía a qué se refería su padre. Llegó a pensar en el entrenamiento físico como un castigo de parte de su madre por su mala conducta. Además, la preparación física era incluso más estricta que una preparación militar. Para ese punto, se cuestionó el propósito de esa tortura no solo física sino emocional. Debido a que, aparte de las lecciones de meditación y rutinas de ejercicio intenso, él no establecía contacto alguno con él.

—¿Solo para esto me trajiste? ¿Para atormentarme con ejercicios y con discursos raros sobre presencias y energías? (más…)

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Jorō Spider», por Pamsai (CC BY-SA 2.0)

El alquimista marino gustaba de involucrarse en luchas clandestinas con el fin de medirse físicamente contra oponentes fuertes. Además, como cazador de rituales de vudú que era, ese tipo de lugares siempre le servía para obtener pistas que usualmente lo llevaban a capturar a ciertos practicantes de vudú de bajo rango.

El alquimista conoció una vez a un luchador de artes marciales que se hacía llamar Jorōgumo. Este luchador tenía la fama de excéntrico debido a su vestimenta; ropa muy holgada, capucha y máscara. Era considerado invencible y casi siempre se cobraba mucho dinero por verlo pelear, debido a que su fama de invicto hacía imposible realizar apuestas rentables.

El alquimista marino no dudó en retar a Jorōgumo a una pelea. Esta vez sí se realizaron apuestas. El alquimista marino era conocido por ganar cada encuentro al que se había presentado. Las apuestas estaban divididas. Sin embargo, casi todos los espectadores esperaban que Jorōgumo ganara la pelea. (más…)

Originalmente publicado en: Blog Salto al reverso

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«Tibetan ritual knife», Wikimedia (CC0)

Cierto día, un practicante de vudú se encontró con una piedrecilla cúbica de color negro. Al sentir la sutil energía que irradiaba, decidió tomarla y llevarla a su casa para investigarla con detenimiento. Mientras la examinaba, se percató de que no era una piedra sino un objeto sellado que almacenaba algo. Luego de intentar romper el sello durante algunas semanas, finalmente descifró el conjuro para la apertura del objeto. Al utilizarlo, pudo acceder al contenido de la piedra negra e inmediatamente escuchó una voz dentro de su mente.

—Humano. Humano. ¿Puedes oírme?

El practicante de vudú hizo un gesto de satisfacción y asombro. Estaba contento por el logro de romper el sello de un objeto tan complicado y, también, estaba asombrado por el contenido de la piedra negra. No esperaba encontrar a un ser capaz de comunicarse. Luego del asombro inicial, empezó la conversación.

—Humano. Humano. ¿Puedes oírme?  —dijo el ente dentro del objeto. (más…)