Posts etiquetados ‘Siglo XXIII’

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Mechanical brain», por Aytuguluturk (CC0)

Cierto día del siglo XXIII, la pareja de científicas conocida como Las Hermanas Alastor logró construir con éxito una máquina que incorporaba los últimos descubrimientos en computación cuántica y neurología. Con esta máquina lograron deconstruir la estructura cerebral de un ratón, que previamente fue preparado para memorizar ciertos patrones de colores, para luego reconstruirla en el cerebro de otro.

El ratón modificado, para objetos del estudio, mostraba una conducta y recuerdos estadísticamente idénticos a los del ratón deconstruido. Luego de muchos estudios confirmatorios por parte de la comunidad científica, se demostró que se trataba de una genuina transferencia de conciencia. Se había logrado copiar la mente de un ser vivo para luego colocarla en el cuerpo de otro. Los logros de Las Hermanas Alastor fueron publicados en muchas revistas importantes de ciencia y, eventualmente, se hicieron acreedoras al Premio Nobel en Medicina y Física por su hazaña. (más…)

Originalmente publicado en: Revista Pluma Roja

En el siglo XXIII, luego de una explotación masiva e indiscriminada, el suelo fértil de la mayor parte del planeta se volvió estéril.  Los científicos, en su afán por dar una solución al problema, realizaron investigación tras investigación. Luego de un gran esfuerzo, lograron inventar un proceso revolucionario que permitía imprimir moléculas orgánicas a partir de moléculas inorgánicas, proceso que sirvió de base para el diseño de las primeras proteínas, carbohidratos y grasas de origen totalmente sintético.

Con el paso del tiempo, muchos alimentos fueron reemplazados por la comida sintética. La alimentación de prácticamente toda la población humana llegó a estar basada en las moléculas sintéticas, puesto que eran baratas y, hasta donde proclamaban los gobiernos, eran muy seguras para el ser humano. Las décadas pasaron y ya pocos recordaban comida alguna que hubiera sido cultivada o criada de forma natural. (más…)

En el siglo XXIII un joven científico llamado Randall Fritz realizó un descubrimiento sorprendente. Descubrió que ciertos órganos del cuerpo se comportaban de una manera diferente a los demás, que sus células podían dividirse y regenerarse más veces que las de un órgano ordinario del mismo tipo. Estos órganos, que se mantenían sanos a pesar del abuso que recibieran, fueron denominados “Órganos Deluxe”. Este hallazgo explicaba por qué ciertas personas mantenían, por ejemplo, su hígado sano a pesar de abusar constantemente de la bebida.

El descubrimiento del joven científico pasó casi desapercibido ante la comunidad médica. Sin embargo, éste no bajó el ritmo de su investigación. Randall Fritz continuó su trabajo, dejando a un lado la investigación en células humanas y dedicándose a modificar genéticamente ciertas plantas, con el fin de desarrollar marcadores orgánicos que ayudaran a detectar la presencia de Órganos Deluxe en animales.

Pasó mucho tiempo hasta que Randall lograra su cometido. Desarrolló una cepa de plantas que al ser ingeridas soltarían ciertos reactivos en la sangre, permitiendo la detección de órganos deluxe presentes el individuo. Los reactivos funcionaban de manera muy precisa en las ratas de laboratorio.

Una vez anunciado el hallazgo a la universidad donde trabajaba, empezaron los problemas del joven Fritz. Ingenuo como era, Randall nunca pensó que llegaría a llamar la atención de sectores poderosos de la industria farmacéutica. Una vez que recibió los reportes de la investigación de los marcadores orgánicos, el rector de la universidad realizó varias llamadas. Inmediatamente fue transferido un nuevo asistente al laboratorio de Randall, un espía.

A Randall le pareció simple rotación de personal. Nunca notó nada raro en el nuevo asistente, por lo que prosiguió sus labores con normalidad. Mientras tanto, el espía recopilaba todos los datos de la investigación y reportaba constantemente a sus camaradas.

Pasaban los meses y la investigación en animales mostraba resultados impresionantes. Randall empezó a gestionar los permisos para su investigación en seres humanos. Visto eso, el espía supo que debía actuar con celeridad.

***

—¿Qué diablos hace usted aquí? —preguntó Randall al ver a alguien en su oficina privada— ¡Esos papeles son confidenciales!

—Estimado Randall, tranquilícese. Vengo a hablar de negocios con usted —dijo un hombre con lentes y bata.

—¿Negocios?

—Sí, señor. Negocios muy lucrativos —respondió con calma y una sonrisa siniestra—. Tome asiento, por favor.

El misterioso hombre se sentó en el escritorio de Randall y usó su revólver como pisapapeles. Randall guardó la calma y se sentó.

—¿Puede explicarme qué desea conmigo? —preguntó Randall, esforzándose para no quebrar la voz.

—Quiero que me entregue toda su investigación y no deje absolutamente ningún respaldo para usted. A cambio de eso, le daré la cifra que aparece aquí —dijo el misterioso hombre, mientras abría un portafolio con una laptop dentro.

—Acepto —dijo Randall, luego de ver el monitor que le mostraba el hombre—, pero con dos condiciones.

—Me agrada la gente con agallas. A pesar de saber que no está en posición de negociar, quiere imponerme condiciones —respondió el hombre, con una sonrisa de satisfacción malévola—. Adelante, ¡suéltelas ya!

—Quiero poder usar los marcadores en mí y en mi familia, para cuidar nuestra salud con el fruto de mi trabajo.

—Me parece razonable, siempre y cuando no divulgue absolutamente nada y mantenga las plantas dentro de su propiedad. ¿Cuál es la otra condición?

—Quiero saber por qué tanto interés en mi trabajo. ¿En qué les afecta? —Randall no podía guardarse su curiosidad, su alma de científico no se lo permitía.

—¡Definitivamente los científicos no tienen ni idea del potencial económico de lo que descubren!

—No le entiendo.

—Es sencillo —dijo el hombre, con un tono bastante sereno—. Si se popularizaran los marcadores que usted desarrolló, la gente sabría con exactitud qué Órganos Deluxe posee.

—¿Y eso qué tiene que ver con ustedes?

—Dinero, amigo, dinero. Si la gente llega a saber de qué órganos puede abusar y de cuáles debe cuidar, entonces el negocio de medicamentos y exámenes médicos caería enormemente.

—¡La soberanía médica! ¡Es un derecho de todos! —Randall se ofuscó y dio un golpe en el escritorio.

—¡Un derecho que nos estorba! —gritó el misterioso hombre, que parecía haber perdido la calma por unos instantes. Respiró y se tranquilizó—. Volvamos a lo nuestro.

—No puedo negarme a su oferta, la entiendo clarísimo—dijo Randall, con un rostro que mostraba decepción y resignación—. Cumpliré.

—Perfecto. La suma que le mostré acaba de ser acreditada a esta cuenta —el hombre le entregó un papel a Randall, con cara de haber cerrado un gran negocio.

***

 —¡No puedo creer que te hayan hecho eso! —dijo la asustada esposa de Randall—. ¿Por qué aceptaste?

—Porque en el monitor que me mostraron no estaba solo la suma que me ofrecían, sino una transmisión en vivo de nuestro hijo en la escuela.

—¡Santo cielo!


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Imagen por: Blacksmith Dragonheart

En el siglo XXIII ya empezaba a ser notorio el problema. Las redes ilegales conocidas como RDA empezaron a popularizarse. Nadie le prestó la debida atención al asunto. Era común saber de jóvenes que conseguían  dinero y lo reunían entre ellos, para pagar una membresía que compartirían a diario. Quince días de conexión costaban casi un salario mensual básico.

Los conocedores de neuroinformática podían armar fácilmente una red de dopamina artificial, siguiendo una receta con pasos sencillos y bien definidos que, por su cantidad, tomaba años completar. El producto final era una red que cobraba por el acceso e interconectaba a los usuarios. Aquel que se conectaba a una RDA, debía hacerlo mediante un cable especial que iba directo a la vena que eligiera. El cable funcionaba de forma parecida a una impresora 3D: mediante las instrucciones recibidas desde el servidor, dibujaba moléculas parecidas a las de la dopamina natural, usando como lienzo las células sanguíneas residuales que entraban en contacto con el instrumento cuando el usuario lo insertaba en sus venas.

Las personas adictas a las RDA no mostraban síntomas físicos, salvo los evidentes pinchazos. Tampoco se podía demostrar el consumo de dopamina artificial, puesto que la molécula era muy parecida a la de la dopamina real y no dejaba metabolitos luego de su absorción por el cuerpo. Luego de muchos años, se descubrió que la dopamina artificial dañaba leve y reversiblemente los receptores D3 y D5 del cerebro. También se logró demostrar que producía una fuerte dependencia psicológica, por lo que se la declaró un problema de salud pública en muchos países.

El consumo de dopamina artificial continuó por muchos años. Llegaron a desmantelarse muchos servidores para RDA. Se impusieron consecuencias legales fuertes, tanto para proveedores como para consumidores. Sin embargo, los traficantes pasaron a la defensiva para proteger su lucrativo negocio. Aprendieron a violar los monitoreos de las autoridades y aumentaron los precios de su servicio con la excusa de la escasez. Eso provocó un enorme desmejoramiento de la calidad de vida de los adictos, que recurrieron a drogas convencionales para reemplazar su hábito de conectarse a las RDA.

Las autoridades llegaron a notar que la lucha contra las drogas en general, sobre todo la criminalización del consumo, incitaba a la gente a consumir reemplazos cada vez más dañinos para su salud. Entonces se empezó a hablar de una legalización. Los gobiernos vieron en esto una increíble oportunidad de negocio. Con la excusa de que la dopamina artificial no dañaba de forma notoria el organismo de los adictos, el gobierno legalizó por completo las RDA. Los consumidores celebraron.

Luego de muchos procesos legales y sociales, los gobiernos se hicieron con el derecho de ser los únicos proveedores de RDA. Contradiciendo su postura anterior, decidieron castigar y criminalizar el consumo y venta de todas las drogas convencionales, incluidos el alcohol y el tabaco. Esta situación orilló a muchos consumidores de otras drogas a hundirse en una espiral de destrucción que saturó el sistema penitenciario. Otros consumidores decidieron utilizar los sistemas estatales de rehabilitación, cuya meta era hacer que los adictos a drogas convencionales reemplacen su uso por el de la dopamina artificial que les proveía el mismo gobierno con un llamativo subsidio.

Así fue como los gobiernos se quedaron con el lucrativo negocio de las RDA, a costa de la salud y libertad de muchos consumidores de otras sustancias.


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Imagen por: Blacksmith Dragonheart

Desde el punto de vista de Gabriel:

Veinte años trabajando de mayordomo, manteniendo las viejas tradiciones en una época en donde ya casi ninguna interacción tiene alma. Veinte años de ver que si los humanos no se mandan la comida por vía intravenosa, en la comodidad de su hogar, es porque les produce placer consumirla.

Hoy me despido de la mansión del amo Richards, porque compraron un robot mayordomo para reemplazarme. (más…)